Una ciudad que se muere sin vivir y el sonido del viento en el ventanal la envuelve, la atrapa y le sopla el aliento de vida de un poeta perdido en sus calles,
entre recuerdos, nostalgia y poesía,
para quien sino para ella temblé,
tuve aun tiempo para escribir el ruido blanco del viento cuarteando la grieta de crisoles
desperté del letargo que me era la vida, sintiendo espejismos como lagunas nocturnas donde cazo la luna
en los fantasmas dispersos de rostros dormidos
un vuelo de pájaro azul cavo el descalzo pecho
tres cruces atadas de espuma
mi patria mi pueblo la vida
descanso los sueños, sobre hadas melancólicas de terciopelos crédulos al sentir de la palabra
gesticula el viento acariciando la lánguida pared de los recuerdos
sentí la ola caer y despedazarse en el desespero
salpicando la cándida pupila que adorna la mañana de un canto ciego
vuelve el viento a ronronear invadiendo espacios, lamiendo la calle, sepultando el desalojo de los sentimientos, como si creara figuras que no entiendo, porque respiran y se tragan la luz a bocanadas de espanto.
Creer en un hoy discorde que estrangula un minuto desalentado en otro de aleteos de palomas sedientas al espacio del viento, del viento que escucho con una lagrima del cuerpo tembloroso y la mano que escribe alocada el único misterio incomprendido de encerrar el viento para no dejarlo escapar al recuerdo y me deje desnudo al frio de la muerte.
Tengo así tanto de muerto como de vivo
La posibilidad de pensar en la silla rota que esta en el patio, en el carpintero cavando en el cocotero sin vida y mirando asustado el lado del sol
Siluetas de mariposas danzando en música de espacios y la abeja lamiendo el agua de las melancolías para cargar en sus vellosidades el exilio de las sonrisas de cualquier tarde sorbida por un olvido
Un suspiro de nubes teje los arcoíris de la libertad en besos a los incólumes labios del crepúsculo.
y Abrazado a la esperanza transito en la pupila que no duerme.
