No olvidar

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El humilde cura toma el premio Tolerancia Plus que le acaban de entregar  y lo deposita en las manos de la viuda de su querido amigo Osvaldo Paya. Luego la abraza con ternura mientras las lagrimas asoman a muchos ojos.

Es noche afuera, la ciudad está sumida en sus miedos y sus miserias, en sus trampas  y sus opresiones llenas de concupiscencia. Los semáforos en rojo ordenan la parada y queda una sola esperanza: la libertad. Yo vuelvo al pasado, (como dijo el padre de la sonrisa) no olvido.

Quizás la vida sea ese bregar del presente al pasado y del pasado al presente; lanzando, como el sembrador de la parábola, una semilla al abrazo del futuro. No olvido.

El último tramo de la carretera hacia Bayamo aparece ante mí, ahora es Ángel Carromero quien ocupa el asiento del copiloto y no conduzco el Aleko ruso en el que fui a esa ciudad,  sino un moderno “tur” alquilado en una agencia estatal. La carretera está en buen estado y el pie va presionando imperceptiblemente el acelerador, el cuenta millas está marcando 120 kms. Las señales se han vuelto puntos insignificantes, ni tan siquiera sé si existen. De pronto el pavimento se transforma en un terraplén. Un camión circula en sentido contrario por la senda izquierda. Lo veo venir hacia mí. Los nervios se tensan y me aferro al timón. A esta velocidad no puedo apretar el pedal del freno, el auto cae en el desigual terreno, vibra y se desestabiliza por algunos segundos, pero la moderna amortiguación lo controla. Saco el pie del acelerador y la velocidad se reduce hasta 100 Unos segundos después, todo vuelve a la normalidad.

La escena del valiente padre y la viuda conmueve, estremece, duele. El silencio ocupa por unos segundos los gritos de la isla herida. Otro salto al pasado donde está el ataúd con el cadáver del líder cristiano dentro de la parroquia. Un grito unido de libertad y brazos que se alzan entre lágrimas que caen en el regazo de la madre patria.

Doy la vuelta al final del terraplén. Vuelvo atrás y regreso al punto de partida para iniciar de nuevo  el recorrido hacia Bayamo, pero a unos Km me percato que un auto nos sigue. Los nervios se tensan. En el asiento trasero llevo un hombre amenazado de muerte por la dictadura, yo mismo soy un extranjero haciendo una misión suicida. El pie se hunde en el acelerador, pierdo la noción de la velocidad, solo quiero que el auto del retrovisor desaparezca. Las señales en la vía son solo puntos indescifrables  que aparecen y desaparecen en fracciones de segundos. “Carromero, nos están siguiendo” -le digo al adormilado copiloto. Este se espabila y mira hacia atrás, el hombre amenazado de muerte ora a Dios. De pronto el pavimento desaparece, la vía se vuelve un terraplén. El auto cae en un vacio que lo desestabiliza. Por la izquierda un vehículo amenaza con salir a la vía. El pie deja de hacer presión sobre el acelerador e   instintivamente se desplaza al pedal del freno. Las gomas resbalan y el vehículo gira descontrolado. Hago un vano intento por no salirme del camino pero es inútil. Por un momento quedamos suspendidos como acróbatas. Luego el árbol que aparece. Un giro del timón  para no impactar de frente y  quedamos detenidos  en la maleza.

La viuda con la figurita en las manos se separa del cura, el brillo de unas lágrimas rueda por debajo de sus espejuelos y caen en el piso. El joven hijo de Payá esta erguido a su lado queriendo traer de nuevo el padre a la vida. Afuera la ciudad apestada de política podrida y corrupta  se asfixia entre fantasmas y ratas. Los semáforos están en verde, ordenan la marcha y queda como única certeza la libertad.

Lo relacionado con el accidente son suposiciones de chofer disidente. Son preguntas lanzadas al verdugo del poder. La realidad es que estamos aquí hoy en esta noche unos pocos cubanos acorralados, amenazados con el presidio político que es peor que la muerte y con la muerte misma. La realidad es que en esta dictadura han muerto o  desaparecido  hombres y mujeres en circunstancias oscuras, atormentados en los presidios, cumpliendo una misión o simplemente en una cama de hospital donde el juramento hipocrático se reduce a una orden del poder. Todos, los muertos y los vivos, por habernos decidido de una forma pacífica y reconciliatoria, a exigir los derechos que por condición humana nos corresponden y a cumplir nuestra obligación para con la patria y el Evangelio, comprometidos, como ha dicho el padre Conrado a estar del lado del humilde, del oprimido, del que sufre la indolencia de los que oprimen y no se cobijan bajo la opulencia de los opresores.

Hace algunas horas pusieron en libertad a Antonio Rodiles hijo, le apresaron a empellones y golpes. Su delito es ser cubano y patriota, tener dignidad y ejercerla. Ser libre, sin que para ello tenga que oponerse a la libertad de otros. Así ha sido durante más de cinco décadas, prisiones injustas, desapariciones y muertes en circunstancias oscuras, destierros forzosos en burdos y denigrantes negocios con la libertad.

La viuda con la figurita dentro de sus manos intenta decir algo, las palabras se le anudan en la garganta. Afuera la ciudad podrida se agusana, dentro la libertad se hospeda en los rincones del alma. No olvidar el dolor para que no se repita.

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2 respuestas a No olvidar

  1. A Payá y a Cepero los asesinaron.

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