G– La caravana del terror. Superior a mi ningún hombre.

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Un uniformado me viene a buscar, ahora me trata como un ser humano, ni me coloca esposas ni aplica técnicas de luxación para trasladarme dentro del local, penetro en la oficina de otras veces. Detrás de una mesita se encuentra un joven vestido de civil, padece un mal profundo de la vista porque en los cristales de sus espejuelos se aprecia bastante aumento. Los dos guardias que están detrás de mí con un oficial vestido de civil de la Gestapo Castrista me piden que deposite sobre la mesa todo lo que traigo encima. Saco del bolsillo derecho las decenas de monedas de veinte centavos que me hacen sentir seguro para transitar la ciudad haciendo mi trabajo de terrorista y contrarrevolucionario al servicio de mi Cuba; una potencia extranjera que me convierte en mercenario. Del bolsillo trasero extraigo la carterita con el carnet y algunos pesos en papel moneda, todo, con el pañuelo lo deposito delante del escribiente. Los militares me piden que me coloque frente a la pared con las piernas abiertas, uno de ellos me cachea minuciosamente mientras el otro observa, termina, y me piden que me siente y recoja las peligrosas granadas que hay sobre la mesa. El sirviente del poder traslada varias actas a hojas en blanco, se tarda para hacer la mía. Cada cierto tiempo otro miembro de la Gestapo se asoma a la puerta y se retira. Después de media hora, toma mi carnet y escribe mis datos sobre el papel. Me pregunta si soy desocupado. No –le contesto- soy periodista independiente. Si pero eso no es legal. Correcto, póngame que realizo un trabajo ilegal- le digo en tono burlón-. Lo que escriba no determina sobre lo que hago y quien soy, pero como se que ninguno tiene el valor para salirse del adoctrinamiento programado por el poder y escribir lo real, me place utilizar el sarcasmo que disfruto como venganza.
No protesto por el tiempo, allí estoy más cómodo que afuera y de todas formas el liberarme no depende de ellos, ni de mí, sino de las instancias superiores del gobierno, atendidas directamente por el presidente Raúl Castro Ruz y sus adeptos servidores incondicionales a las mieles del poder.
Termina y hace como para guárdala, pero le interrumpo el movimiento diciéndole que no me ha dejado verla. ¿La vas a firmar?- me dice- . si has puesto lo debido, si.
Me entrega el acta y la leo. Como había previsto no se atrevió a poner mi ocupación, pero se la firme como constancia que estuve allí como consecuencia de la violación de la ley precisamente por las instituciones cuya obligación bajo juramento es hacerla cumplir imparcialmente.
Me sacan y me devuelven al parquecito, ya no quedan arrestados, pocas patrullas y menos uniformados. El oficial de las dos estrellas negras está sentado en uno de los bancos, me siento delante de él y lo miro fijo, los dos estamos usando gafas negras pero ambos sabemos que nos estamos mirando y haciéndonos preguntas que no tienen respuesta hasta que un día de forma diferente nos sentemos así, de frente, pero de cubano a cubano, de igual a igual, ejerciendo los mismos derechos, sin represión ni discriminación, respetando el pensamiento diferente que por condición humana nos corresponde y debe ser la prioridad de cualquier sistema que se respete así mismo y no sea una dictadura. Mientras lo miraba buscaba en mi mente un tema que no fuera drástico y me permitiera cruzar algunas palabras con él. En esos momentos llega el anciano de 67 años Guillermo García con los brazos magullados y manchados de sangre por el efecto de las esposas y los maltratos de los policías. Se sienta en el asiento contiguo al oficial, me traslado hacia allí y le pregunto al oficial si eso es un trato humano, si es correcto maltratar a hombres pacíficos por el sencillo hecho de reclamar lo que como derecho le corresponde. El oficial mueve la cabeza de un lado a otro, mira las manos de Guillermo y dice: “en los cuarenta años que llevo como miembro de la Seguridad del Estado, jamás he hecho eso a un hombre”.
No sé si sintió vergüenza o fue tan hipócrita como la mayor parte de los castrodomunistas. Yo le creí, y pensé que cuando el saliera de allí iba a reclamar justicia o a desprenderse de sus estrellitas negras. Siempre creo en ese minuto que tiene todo hombre para recuperar su dignidad. Aunque pudiera resultar como en la parábola bíblica del rico.
Y Jesús oído esto, le dijo: Aun una cosa te falta: todo lo que tienes, véndelo, y dálo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oídas estas cosas, se entristeció sobre manera, porque era muy rico. Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios, los que tienen riquezas! Porque más fácil cosa es entrar un camello por un ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo? Luk 18: 22 26
Y cual difícil resultara que un oficial de la Seguridad del Estado cubana arriesgue su estatus por defender la justicia. Sin embargo, a pesar de todo sigo creyendo en el arrepentimiento moral de este aunque no tenga el valor para enfrentar la verdad. Desde la oficina que está a unos metros del parquecito se escucha una voz que dice: deje eso, esa mujer tiene tremendo valor. Se referían con toda seguridad a Tamara, en el lugar un grupo de uniformados conversaban. Si detectaban ese reconocimiento de la verdad estaría en problemas.
Ya todos se han ido. El jefe de siempre viene y se dirige a mí y a Guillermo, me entrega el teléfono y nos lleva hacia una de las patrullas.
Ya confías en mí que me entregas el teléfono antes de ser liberado -le señalo con jocosidad pero con intención-. Me lo recoge sonriendo y con muy pocos deseos, y me dice: son problemas del procedimiento.
Pienso que este hombre si no fuera por el compromiso creado y la dependencia del sistema para su existencia no realizara este trabajo, pero para él, una nueva elección por la justicia seria como elegir el suicidio; pobre hombre, – me digo- que le contara a sus hijos y nietos cuando le pregunten sobre su trabajo, será capaz de relatarle con veracidad los hechos o hará como millones de padres cubanos hoy que engañan a sus hijos indolentemente, traicionando lo más sublime de la existencia humano: la inocencia infantil y el difícil proceso de la adolescencia, algo demasiado cruel para ser perdonable.
El auto al cual subimos no tiene el cristal divisorio de seguridad y los uniformados que lo conducen no se comportan como represores. A la salida de la cárcel vemos a Alexis y Luis que nos hace señales con la mano. El conductor pregunta que quienes son. Activistas amigos – le contesto- .Mi teléfono suena y el copiloto me lo alcanza sin ningún prejuicio. Es Alexis que me ha llamado al verme salir. Decido no hablar y lo guardo en el bolsillo. Comento algo con Guillermo sobre la actitud que deben asumir los uniformados con respecto al cumplimiento de la ley, siempre recalcando que el hecho de pensar diferente no nos hace enemigo de ningún cubano, todo, con la doble intención de que los muchachos escuchen, sabemos ciertamente que ellos como la mayoría del pueblo de Cuba están desinformados y engañados en cuanto a nosotros y los objetivos del gobierno que no han sido nunca los de colocar en primer lugar y antes que el poder el progreso de la nación. Escuchar no les hará abandonar las filas de la policía porque de ella depende su sustento, pero si muchos reconsideraran la forma de tratarnos y pienso que optaran por un comportamiento más respetuoso y menos agresivo.
Nos quedamos a la entrada del puente del Capri. Guillermo se va a un kiosco a comprar cigarros, yo me voy hacia la sombra de un árbol revisando el teléfono, buscando las grabaciones, no encuentro ninguna. El furor me enciende el pecho. En momentos así la vida me es insignificante, entonces creo que siento miedo y le pido a Dios que no me abandone y me colme de paciencia para resistir y no estallar. Superior a mi ningún hombre, ningún ejercito, ningún estado, ningún poder, es mejor la muerte: no les voy a entregar más el teléfono.

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F-La caravana del terror. Entre Antúnez y Tamara.

Ya los bancos estaban ocupados por varios activistas. Me siento al lado de Antúnez. El no sabe el placer que esto me causa, nadie lo sabe excepto yo que lo vivo. Me traslado al pasado cuando lo escuchaba por radio Martí un poco que sufriendo sus represiones y también emocionado por su valentía. Siempre con la esperanza de conocerlo y poder compartir con él un espacio de rebeldía. Hoy ha sido ese día, no de conocerlo porque desde hace muchos años nos conocemos, sino de compartir el espacio ansiado. Hoy Dios, conocedor de mi corazón me ha complacido y bendecido. A todos les han quitado las esposas, de mi se han olvidado pero no protesto, estoy disfrutando el momento al lado del héroe. El oficial de las dos estrellas transita entre los policías cerca del parqueo a unos 15 metros de nosotros, con la mirada va recorriendo los arrestados, se detiene en mi y le ordena a uno de los uniformados que me quite las esposas. Paso las manos adelante y me las floto para que todos incluyendo el oficial vean las marcas.
Entra al patio una patrulla y se oye una mujer que protesta. Es extraño – me digo-, las mujeres no las traen a este lugar. Intentan persuadirla, pero es inútil, no se calma ni obedece, increpa a los policías, y sicarios. Con toda y justa razón.
Los oficiales tratan de disciplinarla pero solo logran mas rebeldía. Sus palabras no son ofensivas, les dice a los militares lo que son: asesinos, esbirros, abusadores y otras palabras que no recuerdo. La traen hacia los bancos pero no está dispuesta obedecer ni la más mínima orden. Se sienta en la acera al lado de la oficina alegando que no se sienta al lado de asesinos. El oficial de las dos estrellas negras se le acerca pidiéndole que vaya hacia los bancos, ella le contesta; O donde yo quiera o me encierran en el calabozo, yo no tengo porque estar aquí. El oficial se va y la dejan sin que puedan callarla. Iris Tamara Pérez Aguilera es una mujer indomable. Mariana Grajales, o algunas de las supuestas heroínas recogidas por la historia de Cuba le quedan chiquita a esta negra cimarrona. Antúnez se levanta de mi lado y va hacia donde esta ella. Los policías se mueven nerviosos, listos para atacar. El esposo la ayuda a levantarse y vienen los dos hacia el banco. Marcelino me pide que le ceda el puesto, pero yo quiero sentirme aprisionado entre estos dos Gandhi de mi Cuba, es una concesión divina de mi Dios que conoce mi corazón, sin embargo noto que no cabemos, ellos están gorditos. Me levanto con intenciones de cambiar de banco y un uniformado intenta impedírmelo ordenándome que me quede en el lugar. Están acostumbrados a esperar ordenes.
Yo no obedezco ordenes- le digo con un tono de voz imponente- algunos se mueven como para atacarme, pero no les hago caso. Ustedes están equivocados, -sigo diciéndole- ninguno me puede ordenar nada y no les tengo miedo. Otro, un mulato espigado me manda a callar. Yo solo obedezco al que esta allá arriba, ningún hombre terrenal me calla excepto que me mate –le grito-
Me siento al lado del musulmán. Iris no se calla y eso me gusta, pero otro de los policías intenta hacerse el bárbaro y manda a callar a Marcelino. Yo permanecía en silencio pero esta insolencia me hace estallar de nuevo. Tengo que repetirle el mismo discurso: tú no eres nadie para mandar a callar, de los que estamos aquí ninguno tenemos miedo, cállate tu y te ira mejor, deja eso de acerté el valiente que no lo eres. El uniformado hace un gesto como de guapería, esto me molesta mas; oye, te dije que ni eres guapo ni bárbaro- le repito-, a quien piensas intimidar. Estoy gritando. Los oficiales se acercan y me dicen que no provoque.
Aquí los que están provocando son ellos, nosotros nos sabemos comportar pero no aguantamos amenazas, no hay miedo.
El oficial de las estrellas negras parece que comprendió, retira a un grupo de los guardias y deja solo unos cinco, ordenándole que nos dejen tranquilos con nuestros temas. Son tiempos diferentes, veinte años atrás, por esto nos daban una golpiza y nos metían en las tapiadas y después Fidel Castro mediante un juicio sumario ordenaba una condena de veinte o veinticinco años de prisión y pocos se enteraban de lo sucedido. Hoy lo pueden hacer también pero sería conocido por muchas personas y nuestros rostros saldrían en los espacios de algún medio de prensa. Las dictaduras le tienen terror a la información, el periodismo libre para y digno para las tiranías son como un látigo de verdugo.
Iris no se calla y eso me gusta. Su voz clara muestra la determinación de no temerle ni a la represión ni a la muerte, es una cimarrona pura. Utilizo la palabra cimarrona para catalogarla porque para mí es la palabra que más se identifica con la rebeldía y la libertad, yo también me considero un cimarrón.
Escobedo ocupa unos de los bancos a mi lado y les aclara a los uniformados que ellos no están para atacar y golpear a gente pacífica, sino para evitar el abuso, hacer cumplir la ley vigente e impedir el desorden social. Muy contrario a como están obrando.
El activista amigo de Lucinda comenta que mientras todo esto sucede Tony Castro se encuentra en Grecia disfrutando de las mieles del poder utilizando el capital adquirido mediante la explotación inmisericorde al pueblo de Cuba, abonando por él y sus cuatro guardaespaldas mil dólares diario solo de hospedaje por cada habitación y paseando en un lujoso yate como el más burgués entre los burgueses.
¿Por qué estamos aquí, que delito hemos cometido- dice Claudio-
Nadie contesta y el oficial de las dos estrellas negras se aleja más para no escuchar, no sé si por vergüenza o desvergüenza, si por sentirse cubano o esbirro al servicio del poder.
Se llevan a Iris y Antúnez. Ha Tamara la quieren trasladar con las tres mujeres policías que la amenazaron con golpearla, una mayor y dos suboficiales. Ella se niega a subir al auto, está segura que después que la esposen dentro del vehículo la van a estropear, no es la primera ocasión en que se encontrado en trance similar y la han golpeado con saña y odio teniendo que requerir asistencia médica. Solo muerta o apaleada subiré -le dice a las asalariadas- . Eso me gusta y desde el lugar donde estoy disfruto la valentía de la heroína y comento ante los oficiales y policías que me rodean: la mujer tiene razón, solo tienen que admitirle lo que pide y se soluciona el problema con racionalidad. Al fin acceden al pedido de Tamara y se la llevan fuera de la prisión. Vaya mujercita- me digo- tiene el valor de millones de cubanos, ¡coño!, los hombres en Cuba siempre han alardeado de machos, hoy debían de avergonzarse.
Traen al activista que leyó la nota de Silva y lo sientan al frente donde estaban Antúnez y Tamara, con la mano derecha se frota el brazo izquierdo que le han lesionado, a su lado sientan a Marcelino que se lo habían llevado y ahora regresa con el brazo derecho en cabestrillo. El dolor en mi cuello aumenta, por un momento tengo la idea de solicitar asistencia médica para causarles molestias y que quede alguna constancia del maltrato físico, pero al instante pienso que sería como demostrar debilidad y humillarme, en un final, son solo distenciones de músculos a las cuales estoy acostumbrado, he sufrido dolores muy intensos durante mi existencias y no he buscado asistencia médica, si los comparo, este es insignificante y ellos solo me darían un calmante para el dolor.

Uno por uno, los van llevando adentro, haciéndole el procedimiento de rutina y devolviéndolos al parquecito. Solo quedamos dos sin el proceso. Ya deben de ser casi las 16 horas, el sol está a un tercio del ocaso y algunas nubes oscuras transitan silenciosas por el cielo. La agresividad visible de los represores de civil y uniformados hacia nosotros ha disminuido. La matica de mango del patio permanece tranquila, hoy los uniformados no la han acometido, ya no le queda ni un fruto.

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E- La caravana del terror. Encadenado.

Ya han llegado decenas de patrullas, detrás de nosotros se detiene un carro jaula, nos empujan hacia el un grupo de uniformados y de agentes de la Gestapo. Un guardia vestido de verde olivo con la identificación del Ministerio del Interior en letras negras sobre el bolsillo derecho de la camisa se hace cargo de nosotros. Es un mestizo de unos 50 a 55 años, su rostro da la impresión de respeto, tiene en las manos unas esposas con cadenas niqueladas que brillan bajo la luz del sol. Separa al gigante que sigue imprecando a Marcelino y aparta también a los que nos están maltratando. Me toma de las manos, y suavemente, demostrando profesionalidad me coloca una esposa en cada mano rodeándome la cadena por la cintura. Por un instante recuerdo en una película de acción donde trasladaban de esta forma a un reo muy peligroso. Para mi, resulta aquello ridículo, para el militar que me está esposando estoy seguro que también. Se ve en la necesidad de volver a apartar los sicarios. Lo hace con autoridad mostrando un gran dominio de su trabajo obedeciendo la ley. Me suben y me vuelven a bajar, me quitan una de las esposas y se la colocan en la mano de un mulato vestido de musulmán. Nos suben y el queda sentado a mi lado. Los asientos están todos ocupados pero aun así suben a Claudio antes de cerrar la puerta. Afuera sigue la algarabía, por encima de las ordenes y los ruidos se escucha las voces de las valientes luchadoras “libertad”. Por mucho que intente recordar detalles no lo logro, soy un actor mas y estoy sintiendo cada momento no como el escritor sino como el protagonista, las emociones provocan olvidos.
Permanecemos detenidos unos minutos. De afuera siguen escuchándose gritos mas disminuidos e interrumpidos ahora por las alarmas de las patrullas anunciando la puesta en marcha de la caravana. Una violenta sacudida del vehículo y nos movemos con un destino marcado por la historia como una barbarie. No solo las masacres que se le hacen a los pueblos destrozando cuerpos y derramando sangre son atroces, también lo son, las que los sumergen en el oscuro abismo de la miseria espiritual de la enajenación y la falta de identidad, las que los obligan a vivir aterrorizados, estas son peores porque los conducen a la muerte eterna. La caravana del terror que desde que Obama inicio el cambio de política con respecto a Cuba atraviesa cada domingo la ciudad es una de las peores involuciones de comienzo del siglo XXI.
El primer giro del vehículo es violento, pero esta vez no siento la tortura de las esposas, el brazo izquierdo lo tengo libre y el derecho aunque encadenado al musulmán también esta liberado del dolor. Sin embargo el cuello y la mandíbula comienzan a dolerme, el apretón del sicario me afecto la articulación mandibular derecha, toda la musculatura del cuello, la glotis y las tráqueas hasta que penetra en el diafragma. Siento también una molestia acalambrada cuando tuerzo el cuello a la izquierda similar a una lesión cervical sufrida en un combate con un luchador en los años de marino por la cual tuve que asistir a 15 sesiones de terapia. Miro hacia fuera a través de los orificios de la rejilla. Decenas de patrullas se mueven delante y detrás. Saco el pasquín que me ha quedado en el bolsillo con el rostro de Borges. Me gustaría lanzarlo a la calle -le digo a Claudio-. Él lo toma y lo hace un rollito, lo introduce por un orificio en el piso y el papel sale al exterior. En cada ocasión que se aproxima un ómnibus o detectamos una acumulación de público, gritamos nuestras protestas: abajo la dictadura, fuera los castros del poder, vivan los derechos humanos. Los represores no dan tiempo a la reacción del pueblo, aceleran lo mas que pueden los motores.
El tiempo de recorrido de esta parte de la caravana es corto, unos 30 minutos, la otra parte donde van las Damas hacia Tarara es más largo, más tiempo de tortura con las esposas.
Llegamos y abren la puerta. Estamos rodeados de policías uniformados que parecen perros entrenados, esperando solo la orden para lanzase contra nosotros. Bajan a Claudio, luego a otro de los arrestados y después a mi encadenado con el musulmán. El de verde olivo que me esposo nos trata con respeto y seriedad, nos quita las esposas con delicadeza y nos entrega a los policías. Estos no pierden tiempo y nos colocan las de ellos apretadas a cortarnos la piel. Uno de los esbirros pregunta si tenemos teléfonos, creo que nunca he tenido el valor suficiente para mentir; si tengo- contesto- en el bolsillo, sácalo. No sácalo tu- dice-. Si me sueltan las manos- le digo-. Me dejan las manos libres, extraigo el teléfono y se lo entrego. Haz grabado algo- me pregunta- no da tiempo a la respuesta y el mismo se responde: no importa nosotros borramos todo.
Nos introducen en el cuartico de costumbre donde solo estamos unos minutos hasta que llega un oficial negro vestido de verde olivo, con las letras negras del ministerio del interior sobre el bolsillo y dos estrellas del mismo color en la solapa. Debajo del bolsillo izquierdo de la camisa se destacan una serie de condecoraciones e insignias militares que no entiendo. Se nota el efecto que hace sobre todos la presencia de este oficial. Percibo fácilmente que el jefe de siempre hace su tarea pero sintiéndose observado y subordinado. Dejan algunos en el cuartico y los demás nos pasan al parquecito. El policía me introduce el brazo por dentro del codo y me coloca una llave de hombros, esta acción me molesta y le aprieto la mano dejándome un poco que caer el cuerpo. El protesta, y me dice que no me resista. No me aprietes- le contesto- tu no ves que estoy esposado.

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d-La caravana del terror. El estrangulador.

Termina todo y recogen las armas de destrucción masiva portada por las Damas de Blanco, los gladiolos y las banderas cubanas con el grabado de la Virgen de la Caridad que se colocan en el cuello, son guardadas en un bolso. Enfermos, lesionados y quizás alguno con otro motivo que supongo exista sin el menoscabo de la calidad humana, se retiran por 5ta para que no sufran el maltrato.
Me desplazo adelante para tomar un video y una foto de la salida. Ya en la calle tercera se mueven las tropas castristas, civiles y uniformados van cercando la comitiva, a la misma salida de 26 se abalanzan sobre nosotros, cierran el tránsito desde treinta hasta 28. Los pasquines con el nombre y el rostro de los presos políticos unos, y otros con las víctimas del remolcador 13 de Marzo, son colocados en las cercas acompañados de los gritos de libertad. Logro hacer un corto video y guardar el teléfono antes que uno de los esbirros se abalance sobre mí y me agarre por las manos, no hago resistencia. Delante de mi Antúnez se desplaza al centro de la calle y unos matones le caen encima intentando torcerle los brazos, grita “abajo la dictadura”. Mi grito de libertad no se hace esperar. El esbirro que me lleva es un muchacho delgado pero musculoso. Me introduce el delgado antebrazo en el cuello y me estrangula con todas sus fuerzas. Mi cuello no es blando, fueron muchos los años sobre el tatami y jamás nadie pudo estrangularme, contraigo el cuello pero la estrangulación está bien puesta, con el antebrazo; como me decía el profesor de yudo, no me queda alternativa que liberar el brazo derecho y con el ayudarme para no llegar al desmayo. Todo aquí es desventaja, no puedo ni siquiera defenderme, es la lucha no violenta. Pudiera hacerlo volar por encima de mi cabeza y estrellarlo contra el pavimento, lo hice decenas de veces con hombres bien corpulentos y con el doble de mi peso. El que esta prendido de mi cuello solo tiene unos 60 kilogramos, no me sería difícil hacerlo volar, pero el golpe contra el pavimento podría ser muy peligroso para él. Yo tengo 59 años y ya he vivido bastante, pero él unos treinta, quizás tenga una esposa con hijos pequeños que lo esperan en su casa y sería terrible que por culpa de los tiranos que gobiernan el sufriera un mal golpe y quedara lesionado. He lanzado por encima de mi cientos de hombres físicamente superiores a mi, pero siempre en un juego y nunca con la intención de dañarlos. Debajo estaba el tatami.
Aunque en este caso se trata de salvar la vida no quiero hacerlo a cambio de que peligre la de otro ser humano. Deseos no me faltan de quitarme la estrangulación porque lo que si no voy es a callarme, pero no hago nada, resisto a pesar de saber que como me decía el profesor en el tatami la estrangulación bien puesta solo tiene diez segundo para caer en lo inconsciente y después morir. Contraigo con todas mis fuerzas el cuello, el también aprieta. Por suerte Berta y dos Damas mas se dan cuenta que me está matando y le van encima gritándole: suéltalo que lo matas, no vez que puede ser tu padre. El brazo que me estrangula sede y vuelvo a tomar aliento para volver a gritar “libertad”, es un acto reflejo que no puedo dominar. Nuevamente siento la presión, ahora con más fuerza, pero he logrado presionarle su antebrazo con mi mandíbula inferior y esto me da tiempo para otros gritos sin que me mate tan fácilmente, no obstante logro decirle que me está matando, pero eso solo hace que apriete mas, me dejo caer para dándole a entender que si sigue apretando me queda poco, pero tampoco sede.
No encuentro explicación civilizada y lógica para que un hombre sin haber recibido ni ofensa ni agresión tome a otro de esta forma e intente matarlo porque este solo grite “libertad”. Quiero decir que aun estoy bien entrenado, si actúan así contra un hombre de mi edad que no esté preparado puede que lo maten. Berta y las dos Damas vuelven contra él hasta que se ve obligado a soltarme el cuello ya cuando casi debía tomar una decisión de vida o muerte. El jefe aparece y me retiran hacia una cerca. El mastodonte negro trae a Marcelino y lo coloca a mi lado, lo impreca y lo golpea, Marcelino le responde que si estuviesen solos se defendería, el corpulento negro lo empuja contra la cerca y lo obliga a permanecer de espaldas a la calle invitándolo a ir a fajarse de tu a tu a la costa, aprovecho y le digo que me traiga al que me estrangulo para la costa a ver si puede repetir la acción. Todo esto siempre queda en palabras, una porque los hombres que actúan así la mayor parte de ellos son cobardes, solos serian otra cosa; otra, porque sería ya un abuso muy declarado de la fuerza.
Además del gigantesco negro tenemos detrás varios policías y sicarios que nos obligan a mantener el rostro contra la cerca, no obstante, desobedeciendo la orden de voltear el rostro lo hago y veo que el centro de la violencia se ha desplazado hacia la calle 24, no puedo definir como están sucediendo las cosas. Uniformados y miembros de la Gestapo Castrista corren hacia el lugar acompañados de la turba traída de algún centro de trabajo bajo amenaza de perder la javita con el aseo personal, el estimulo en cuc, el carnet de la juventud o del partido, o el mismo puesto donde malversan y roban al pueblo para poder sustentar a sus familias y vivir un poco por encima del cubano de a pie, aseguro que allí no hay un simple obrero de los que recogen basuras en las calles, o trabajan dando atención a las aéreas verdes o en otros duros trabajos que no tienen nada que perder. Un auto blanco se atrevió a desobedecer la prohibición de circulación. Uno de los sicarios le dice a otro: tómale la chapa. Eso quiere decir que después el desobediente se verá en problemas. Buscar en : https://youtu.be/eBO_TdHn-eQ

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C- La caravana del terror. El triangulo de la muerte.

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Falta muy poco para la una, el cálido aliento del sol, majestoso y ardiente respira sobre la ciudad, la sombra fresca de los frondosos árboles del parque resultan como un oasis para un beduino. Cuarenta y seis Damas de Blanco, la señora del Busto, Tania Bruguera y treinta activistas estamos a la espera del barbarismo gubernamental, del despiadado despotismo del tiránico régimen castrocomunista. Berta Soler orienta el discurso alertando sobre las burdas y bajas difamaciones del régimen que continua intentando la campaña de descredito al movimiento. Ahora intentan que los pobladores de las zonas aledañas al parque y los feligreses de la iglesia protesten y se opongan a la presencia de las Damas y los activistas en el lugar. Lograrlo no le sería difícil. Convocan a las organizaciones de masa, los CDR, Partido Comunista, Unión de Jóvenes Comunistas, Asociación de Combatientes, Federación de Mujeres Cubanas y hasta los propios feligreses para que nos expulsen del parque. Pocos se negarían a cumplir una tarea “revolucionaria”, podrían ser excluidos socialmente y eso significa que pueden tener problema en el trabajo, el negocio ilícito en que casi seguros están involucrados, en la escuela donde estudian sus hijos, si alguno busca una salida al extranjero para cumplir misiones, puede ser interrumpido. Para la mayor parte de los cubanos seria agregar una necesidad más a su vida colmada de ellas. Las obras de la carne conllevan a la degradación humana, pero estas obras en manos del castrocomunismo duplican el poder de la maldad, desnaturalizando a la persona humana, no estaba peor Sodoma y Gomorra cuando Dios envió a sus ángeles a destruirla. No conozco un solo método honorable y digno utilizado por el gobierno castrocomunista para mantener el poder. La mentira, el chantaje, el soborno, la demagogia, la implantación del terror hasta exterminar la identidad, la difamación del supuesto enemigo, la siembra y el cultivo de la envidia, y todos las perversidades que desnaturalizan a la persona humana son sus más efectivas armas, respaldadas, claro, por las que hacen correr la sangre, pero estas que hacen correr la sangre son menos peligrosas. Todas en conjunto han sido utilizadas contra los pensadores diferentes al sistema y ahora desde que el presidente Obama anuncio el cambio de política hacia el gobierno dictatorial se han enfocado hacia el movimiento Damas de Blanco sin el más ínfimo de los escrúpulos.
Aliuska lee el artículo 13 de la declaración universal. Después se le permite a al hijo de Yaquelin Bornes decir unas palabras. Al muchacho le han concedido la libertad condicional, después de haber perdido un ojo en la prisión por la golpiza de un esbirro de la tiranía. El joven se coloca al frente sin quitarse las gafas y agrádese la solidaridad y el esfuerzo de todos por su liberación, prometiendo estar al lado del movimiento hasta que se establezca un estado de derecho en Cuba. Estos momentos son fácil de sacar una lagrima a un humano, yo guardo la mía que intenta licuarse detrás de mis parpados. Un activista del movimiento que preside Silva lee un escrito que ha enviado por si era arrestado antes de llegar, yo también le había dado uno a mi hermana. El escrito leído trae incluido casi completo el Sermón del monte.
Antúnez también hace su discurso. Rodiles hace su arenga recalcando no salirse del marco de la no violencia y termina Moya impidiéndole a Rodiles la participación en la continuidad, ahora de la parte más peligrosa de la protesta. Pobre Rodiles –me digo- le han echado un cubo de agua helada encima, pero no le queda alternativa, este espacio pertenece incondicionalmente a las Damas de Blanco. Tiene lógica la prohibición de Moya. El golpe de Rodiles, dado en el triangulo de la muerte pudo ser mortal y ahora lesionado puede que intenten terminar la obra, sin embargo no quiero verme en esas circunstancias de obedecer la disciplina o mi espíritu, lo compadezco. Estas intervenciones las voy gravando con mi móvil. No se vive en los pasados, pero los pasados son parte de la vida, sino la historia seria un arrastre innecesario.

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B-La caravana del terror. El reporterito.

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Llego hasta el puente de 100 y subo a un P-12, no va muy repleto, en el pasillo va una mestiza con el color de la vida, dos hermosos senos lo dicen todo y más. Me resigno a Dios por lo más bello de su creación.
Bajo y camino hasta la parada de la 69, siempre observando el trafico buscando descubrir los autos sospechosos, no es que vaya a evitar que me apresen, eso es imposible, son muchos y bien pertrechados, tienen el poder de la fuerza, impunidad y todos los recursos, pero si no me dejo sorprender se lo hago más difícil y dos gritos de; “abajo la dictadura”, en medio del obstinado pueblo mientras te apalean y esposan causan efecto. A Rodiles el domingo pasado lo secuestraron y lo golpearon en un auto de civil.
Subo en una 179, también intentando descubrir algún miembro de la Gestapo. Últimamente varios de ellos suben a los ómnibus y cuando descubren algún activistas le ordenan al chofer detenerse o mediante una llamada hacen que un auto patrulla interrumpa la marcha hasta que bajan al activista y se lo llevan arrestado. Me bajo en el semáforo de 7ma y 42 antes de llegar a la parada, allí puede ser que también esperen, retrocedo hasta 28 y me desplazo hasta 5ta llegando sin dificultada al parque Gandhi. Saludo a todos y me quedo esperando la terminación de la misa. Hay alrededor de 30 hombres, entre ellos se destaca, Rodiles, no por tamaño o extroversión, sino por el anacronismo que aporta la cruz blanca doble de esparadrapo cruzando su rostro. También se encuentra Ignacio, un reporterito que aun no ha tenido bautizo de fuego que yo conozca, veremos si vale la pena haberse gastado recursos en el muchacho- me digo-. Mientras saludo a Antúnez
Las Damas se colocan frente a la escalinata de la iglesia para la foto. Me desplazo hasta haya y le hago varias, lo considero un trabajo perdido porque me borran todas las imágenes del teléfono cuando me lo quitan, pero desprecio la autocensura, lo que no ha ocurrido y pensamos, no necesariamente ocurre. También le tomo un video de la marcha. El reporterito se muestra muy activo.

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A- La caravana del terror. Domingo 12 julio 2015.

Despierto a la hora de siempre, pero no me levanto, decido esperar que la mañana avance para no estar tanto tiempo en riesgo. He soñado con mi ex esposa, cuando abrí los ojos y tuve conciencia la melancolía se hizo un vacio asustado dentro del pecho. Tuve la impresión de que la había perdido ahora, en este instante en que despertaba, sin embargo esta verdad estaba asumida conscientemente desde muchos años antes. Pero son sueños inverosímiles, llenos del rezago del pasado o de fantasías del presente, fuera del la lógica del raciocinio. Ahora es la realidad del momento lo que importa y la realidad es que estoy levantándome en casa de Arabel, donde he dormido escondido de las fuerzas represivas para intentar llegar al parque Gandhi sin ser atrapado. Me hecho agua en el rostro para limpiar los residuos de la noche y lanzar la nostalgia hacia los laberintos por donde corren las aguas albañales de la ciudad; no hay tiempo para añoranzas y romanticismo platónicos; es domingo; el día mas patriótico, rebelde y digno que le ha quedado a mi querida Cuba. De cualquier forma el estado de persecución atrapa casi la totalidad de las demás sensaciones y las convierte en adrenalina o miedo. Pienso que el miedo tiene muchos rostros y formas de manifestarse, la peor creo que sea la escénica o por lo menos lo ha sido para mí y aun no la he vencido, me sigue haciendo más daño que la dictadura, en el monte me siento capaz de enfrentar a un batallón de policías aun a sabiendas que me van a cazar a tiros, no me causaría ni el más mínimo deseo de rehuir el enfrentamiento, sin embargo, este desafío público me dan deseos de correr en sentido contrario y escapar de toda esta algarabía poco racional. A veces tengo que hacer un gran esfuerzo para llegar porque se me aflojan las piernas tanto que parece que me voy a desmayar, pero eso es hasta que veo algún represor y comienza la lucha. Cuando eso sucede todo cambia y se revierte, entonces una fuerza interior incontenible invade todo mi cuerpo. Sin embargo no me parece que esto sea un miedo real, lo he sufrido todas las veces que he abordado a una mujer, la primera palabra son originadas por el temblor, las demás por el fervor, quizás ese sea el motivo más concretó por lo que este tan solo hoy. No creo que nadie cuando me ve actuar se le ocurriera pensar en esta tan fuerte lucha interior que he tenido que enfrentar durante toda mi existencia. La primera vez que pude pararme en el pulpito frente a mis hermanos cristianos fue algo terrible. Si Dios no me hubiese sostenido hubiese caído. Pero paso y Dios siguió y sigue sosteniéndome.
Despierto a Arabel para que salga y observe si hay algún operativo policial en los alrededores, aunque no tienen porque hacerlo. Ni tan siquiera he dejado encendido mi celular para evitar ser localizado. Se levanta y va al exterior, en unos minutos regresa y me comunica que todo está tranquilo. Salgo a la calle pero decido caminar en sentido contrario a la avenida para evitar ser visto por algún ojo maligno. Esta es una zona plagada de negocios ilícitos, o mejor no utilizar la palabra negocios ilícitos, el gobierno los conoce y los permite. Es todo muy enredado y difícil de explicar. La policía de la zona está bien controlada mediante el soborno, pero cuando la de otro lugar se desplaza, puede haber conflictos y gastos extras. La Gestapo Castrista toma el mando de la policía y envía sus efectivos nacionales, o sea, no son ni conocidos ni operan en el lugar, esto molesta a los traficantes, ladrones y malversadores y les impide por ese tiempo de los operativos mover con libertad sus productos, en muchas ocasiones se les escucha decir: esta gente de los Derechos Humanos ponen malo el ambiente.
El sol de las 09 ya es fuerte, camino de frente a el buscando los remansos de sombra de los árboles para evitar la molestia en los ojos. Hay poco trafico de autos y transeúntes. Los domingos son días de dormir un poco más de lo acostumbrado, unos descansando del diario madrugar para el trabajo o la escuela, otros por trasnochar la noche de juerga del sábado. Atravieso el barrio donde vive Ángel Duvier, pero evito cruzar frente a su casa por temor a que haya algún auto policial en su búsqueda y me detenga. Cruzo el puentecito nuevo por la calle que sale cerca del Hospital Nacional y me detengo en una de las reformas Raulistas a tomarme un jugo y un pan con queso, eso bastara para no hacer sufrir tanto al estómago hasta la hora que sea liberado. Camino ahora por la cerca que bordea el hospital. Como si fuera la luz del amanecer o la caída de la tarde, la lluvia, el volcán o el terremoto que nadie puede detener se vuelca sobre mi alma el pasado. El ultimo ingreso de mi madre en aquel hospital. La noche antes de morir sacándola sin el acta medica para que muriera en paz junto a su familia, presentí, que como eso lo quisiera para mí el ultimo día en que la muerte me atrape -no morir encerrado en la sala de un hospital-, ella también tenía esa necesidad.. Quizás ya quería verla libre de los martirios de este mundo. No la podía atender como era debido, tampoco tenía ni recursos ni condiciones. Sufría ella las necesidades de la miseria, yo la impotencia de poder hacer muy poco. La sacrificaba por la lucha por la libertad y el derecho, no era capaz de hacerlo de otra forma porque entonces tenía que asumir la no existencia propia. Espere abajo sentado al timón del auto de mi amigo Reinaldo. Cuando la bajamos de la camilla hacia el auto el corazón se me partía, claro, no más que ahora con el deseo de tocarles los cabellos y darle un beso.
Una señora cruza a mi lado quejándose del mal trato dado a su madre en el hospital donde la retuvieron por varias horas sin prestarle el servicio adecuado. Pienso que si los represores sintieran por un momento mis sufrimientos comprenderían que mi batalla es muy superior a su poder, que nunca mientras este amor y de esta forma sin esperar recompensa alimente mi espíritu toda su fuerza tienen menos poder que la flor de la ceiba cuando se desprende del gigantesco árbol y es arrastrada por el viento hacia un lugar indefinido. Dejo atrás el hospital, pero no los recuerdos de mi madre porque siento la necesidad de disfrutar este dolor. Puede que no la haya comprendido, ni ella a mí, pero me amo con devoción y yo a ella también. Tristemente quedaron ausentes muchas caricias de ambas partes, yo las sigo esperando y ella tal vez también, hoy le envió una.

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