Asistencia médica gratuita a la reclusa número 18


Los fríos y lúgubres pasillos de la prisión, como dédalos misteriosos, extienden un fúnebre presagio sobre el futuro; las reclusas están en silencio, en los ojos de alguna se asoma el brillo de una lágrima rodando luego por la mejilla impasible, los puños de otras se cierran hasta clavarse las uñas. De la celda de castigo sacan el desangrado cuerpo de la que hasta hace un día atrás era la reclusa número 18.

Yaima nació en un lugar de las provincia orientales, donde la pobreza, escondida detrás de la puerta, fraguaba trampas para desgarrar la carne. La sangre coagulada tendiente casi al negro más allá del púrpura se presenta acá en los bordes de la abierta herida humedeciendo su cuerpo. La han cubierto con una sábana para limitarla del mundo vivo. No, no fue un accidente, fue un asesinato.

A pesar de su estado demencial fue encerrada durante horas en una celda de castigo, concebida para reclusas normales. Allí se autoagredió y la llevaron a la enfermería donde le mal suturaron una herida que comprometía importantes vasos sanguíneos. Unas horas más tarde la regresaron a la misma celda de castigo donde, indefensa ante su miserable existencia, volvió a abrirse las heridas.

Después de un largo trayecto por carretera sin haber recibido los cuidados indispensables, el cuerpo sin vida de Yaima, casi corrompido, fue entregado a sus familiares. Las autoridades solo permitieron una estancia de 45 minutos en la funeraria local negándole a la familia el derecho de velarla en la casa.

Esto no es una ficción cuya anécdota se narra en los siglos pasados o en las galeras de Sing Sing. Esto es un hecho real ocurrido este año 2010 en una prisión cubana. Quizás algún día conozca más de Yaima y esta pluma se dignifique con su memoria.

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Una respuesta a Asistencia médica gratuita a la reclusa número 18

  1. La Lajera dijo:

    Alabao, Agustin!

    Este post está sobrecogedor y muy, muy bien escrito. Me llegó al alma. Gracias por no dejar que la historia de esa pobre joven atormentada y abusada por un sistema inhumano se pierda en la nada de la indiferencia. Desde Canadá te envío un abrazo

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