Matar periodistas y matar periodismo, crímenes de lesa humanidad

Cuando asesinan a un periodista la humanidad se estremece, jadea, suspira, se ahoga de impotencia, asesinan la pluma, la palabra, el pensamiento, la comunicación, la relación hombre-razón, hombre-justicia, hombre-libertad, cuando encarcelan a un periodista la humanidad grita, llama, llora, se lamenta y protesta, han puesto grilletes a la esperanza de alcanzar el día en la tenebrosa noche de los misántropos.

Últimamente todos los que se dedican a ejercer la peligrosa labor del periodismo social o político, profesionales o no, están permanentemente bajo la sentencia de la prisión o de la muerte, se han convertido en testigos y fiscales de los abusos de poder, del desorden social, la corrupción y el barbarismo del hombre contra el hombre, su labor social profiláctica impera como la ciencia medica en la salud humana, con la diferencia, que a ellos le corresponde mantener la salud espiritual del planeta con respecto a la dignidad plena del hombre, y la interrelación del hombre para el hombre y no por el hombre. Son muchos los que hacen periodismo, unos por vocación y otros por la necesidad de defender incondicionalmente el ejercicio de la justicia y sacar a la luz la verdad, exteriorizar su amor al prójimo, y a la vez, sentirse humanos por sobre todas las cosas, a los últimos se les respeta menos por su incultura, a pesar de ser más gigantes por sus virtudes, principalmente el poder, los detesta y se ensaña por su conducta, ausentes de toda equidad, intentan juzgarlos como terroristas o malhechores , lacra social, escoria, miserables exento de condición humana, parásitos cuyo exterminio es necesidad del poder. Los regímenes totalitarios donde todo el periodismo es político, aun el deportivo o el cultural, el estado se agencia y solo él, el derecho a ejercerlo y potenciarlo a su antojo e intereses, nadie en el territorio nacional se atreve a cubrir y reconocer públicamente, la labor del otro riesgoso periodismo, independiente de las egolatrías estatales y las ambiciones del poder, a pesar de tener excepcional valor humano y destacar las procederes traidores, descubrir las sucias patrañas y mentiras, además de delatar la corrupción imperante.

En los noticiarios se escucha cada cierto tiempo, sobre las amenazas a un periodista o el asesinato de este por carteles del narcotráfico, organizaciones mafiosas, traficantes de armas, guerrillas armadas, bandas paramilitares, y otras atroces organizaciones, pero en ningún caso es aceptado por los parámetros legales del estado, ni protegidas con toda la impunidad por las leyes del gobierno de esos países, esto solo ocurre en las dictaduras ausentes de toda dignidad y confianza en la transparencia de su proceder como la de Cuba. Si terrible es escuchar el lamentable echo de quitar la vida a un comunicador, tan igual de aterrador es que estos informadores independientes sean reprendidos, encarcelados y discriminados por ordenes y leyes gubernamentales ausentes de toda ética, respeto y decencia por la dignidad humana, como ha ocurrido y ocurre en Cuba, y sin embargo el mundo les presta poca atención y en escasas ocasiones tienen la oportunidad de ser entrevistados por los medios internacionales excepto radio Martí o algún furtivo reportero que concurre. Si unos silencian con la muerte, otros silencian con las mordazas del propio periodismo, irónico comportamiento de tan digna profesión.

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