HERENCIA HISPANA

HERENCIA HISPANA

Son la 04 de una madrugada sin estrellas con rastros de nube escapadas de algún lugar ignoto, que como fantasmas gigantes y silentes se desplazan hacia el sur delante de la pálida luz de la luna, ha llovido torrencialmente, hasta inundar los refugios de los grillos, la tierra es una pasta gélida, oscura y apesta a cadáveres y flor de velorios desplazados en el tiempo, centenares de sombras han invadido el remanso de paz y se mueven acometidas por un desespero demencial, los cuerpos sudan, el miedo acumulado durante años, ha despertado una esperanza de resucitar, las manos se clavan en el lodo hasta dejarlas sin piel, las uñas se despegan de la carne y quedan mezcladas en el lodo, la memoria es una razón de vida y la vida ahora es escarbar. El cementerio ha cobrado existencia de una noche ha otra, en la degradación de un día convertido en un aquelarre, una orgia perturbadora de la paz de los muertos, que asustados, y presa del terror huyen despedazados confundidos en las oscuridades, perseguidos por sombras enloquecidas usando cascos de soldado conquistador de la península ibérica, un minuto mas y la maquina infernal de la concupiscencia nos dejo sembrados en un futuro del siglo XIV. Las nubes se retiran del quejumbroso cielo dejando ver una deforme lumbrera y la luna se descubre susurrando su palidez, a unas míseras estrellas tardadas en dar sus guiños, ahora se distingue mejor la muchedumbre laboriosa como tambochas, los bebes se han soltado de los pechos maternos y se arrastran como serpientes enlodadas, a la indolencia de alterados gritos, sinuosas huellas quedan argentadas a los reflejos celestes del desespero, otros menos niños se lanzan a los fosos sobre los montones de viseras y excremento quedando sus rostros salpicados de inmundicia; el Guernica revive y la mezcla de huesos y carne respira, gesticula y brama en el medio de esta madrugada antropófaga de muertos que huyen y depredadores de la razón humana en delirio tremens. Un grito afónico colapso la desnudes de la luna y la rapiña se espanta perseguida por miradas envidiosas; es de mi abuelo vocifera el enardecido, alzando un pedazo de fémur aferrado a la mano que se petrifica en lo absurdo del paisaje, una sombra salta y se echa sobre él, enfrascándose en una tenaz lucha cuerpo a cuerpo, me parece ver el paisaje de un libro de historia evolutiva del hombre donde un cavernícola alza un hueso seguido del salvajismo instintivo de la supervivencia o la carnivalencia , el agresor desprende el brazo del otro desde la articulación del hombro dejando colgada la espátula del musculo pectoral; es de mi abuela gruño el agresor, y echo a correr por encima de los agusanados cuerpos retorcidos en el lodo.

Fue sorprendente verlo salir del consulado español con el pasaporte entre las manos, lo alzaba hasta la altura de los ojos desmesuradamente abiertos, le hablaba en una lengua desconocida como si un extraño espíritu se le hubiese apoderado, de pronto se detenía, alzaba los brazos hacia el cielo y gesticulaba en el extraño dialecto de los fantasmas, con la mirada fija en lo alto, lo atraía, en un ademán domesticado a la esquizofrenia, hacia los labios, besándolo apasionadamente, volvía a dar unos pasos y nuevamente quedaba estático para después arrodillarse, colocar el pasaporte en la frente, cerrar los brazos en cruz al estilo de un rito litúrgico, y besar el polvo sucio de la acera, que se le quedaba impregnado en la seca boca, se levantaba continuando su ebria marcha, balbuceando aquellos inefables gemidos que rebotaban en las carcomidas fachadas y se incrustaban en el viento contaminado de la ciudad, al llegar a la esquina saco de un bidón de basura un viejo maletín, introdujo la mano y uno a uno extrajo los huesos del abuelo, fue armando su esqueleto como un rompecabezas , cuando todo estuvo en su lugar, de un estuche desembolso las viseras colocándolas en cada cavidad excepto el corazón que no correspondía, hizo un esfuerzo volteándolo al lado derecho, asumiendo en su igual funcionamiento, aunque ya suponía haberse equivocado en la noche del aquelarre, al final forro los huesos de los músculos y los músculos de la piel, le coloco el rostro del recuerdo, lo atrajo hasta tomarle la boca, y soplo en él aliento de vida, el abuelo sonrió y movió los brazos, y los dos se abrazaron lloraron y rieron, se fueron separando lentamente sin dejar de mirarse, un barco araño el espacio con un alarido lastimero de su sirena al ultimo adiós del abuelo que se acurruco en el ataúd solo visible al amor invisible de los tiempos, donde los hombres son cadáveres y los cadáveres transitan como fantasmas para sacar de la carroña de existencia la honorable herencia hispánica.

Así llego al barrio enarbolando el pasaporte español como bandera de conquistador, el cuello erguido, la frente alta y una sonrisa de dictador cubriéndole el rostro, a su corta razón esa mañana había usurpado un espacio de emperador libertario y nada menos que armado de un cadáver, no concilio el sueño en la noche, después de la ultima sentencia del noticiero, en la madrugada, salió a desmontar el pasado disuelto en la miseria de tantos miedos acumulados, que le costaría trabajo no arrastrar con ellos en la próxima partida, observo el espacio de cielo hasta donde le permitían sus ojos y una lagrima de impotencia rodo y se disolvió en los labios, el sabor del alma ascendió por un destello imaginario al relampagueo de una estrella disfrazada de felicidad, suspiro para olvidar y se resigno a esperar la aurora de rodillas en la tierra, ya, de una patria extranjera, ahora también era español. Al otro día, se puso la mejor ropa sacada del último infierno, tomo el pan y se comió el vino, luego fue al espejo y de espaldas palpo su imagen y a la hora del cenit atravesó la ultima inspección de aduanas del aeropuerto, y se dirigió al avión, dispuesto a no ser más cubano, los amigos que le habían acompañado, desde un lugar quien sabe si imaginario o real, alzaron la mano trémula del adiós y siguieron con la mirada la huella silente en el espacio de las nubes, hasta esfumarse en la lógica de lo humano, alguno envidio el amigo y otro en silencio apretó los puños con dolor y rabia, también tenia herencia hispana.

El avión se remonto a 100 000 metros de altura, donde las membranas timpánicas sienten la presión de los recuerdos, el hombre se movió intranquilo y le hizo una señal a la azafata que lo asistió al instante.

Por favor necesito un vaso de agua.

Enseguida se lo traeré, la hermosa muchacha contoneándose como una bailarina, da la espalda regresando al instante con una bandejita donde esta situado un vaso de cristalina agua.

Aquí tiene señor, necesita algo más.

El hombre sin contestar a la pregunta, alarga la mano, toma el vaso y bebe apresuradamente observando a la muchacha por encima del vaso, entonces, después de tomar toda el agua se apresura a responder.

Sabe, es que estoy nervioso, primera vez que viajo en avión, me hice español ayer, tenia una herencia hispana, mi abuelo, sabe, lo tuve que desenterrar, pero valió la pena, el pobre nunca se pudo imaginar que después de muerto aun seria valioso, dice esto, a la vez que se introduce la mano en el bolsillo de la camisa y saca el librito de color verde alcanzándoselo. Las bellas manos luciendo en sus dedos unas relucientes sortijas argentadas, lo toma, detiene por unos instantes los ojos en él y llena de asombro le dice: lo siento pero este no es usted, me veo obligada a comunicárselo al capitán, los ojos del hombre se agrandan tanto, que por un momento parecen a punto de saltar de sus orbitas, un sudor frio y pegajoso le cubre la frente y le va descendiendo por todo el cuerpo, no puede ser, se dice, en un monologo sollozante y tembloroso, aquellos eran los huesos de mi abuelo, seria imposible equivocarme, se mira las manos embadurnadas con el carmelitoso fango del cementerio, donde se incrustan restos de cuerpos descuartizados y desconocidos, cierra los ojos y sonríe mientras vuelve el rostro, a la ventanilla, entonces los abre y observa el mar de tranquilas nubes flotando a su lado, en eso, se oye la voz pausada del capitán: les informamos que ha ocurrido un contratiempo por lo cual regresamos al aeropuerto de salida, rogamos nos disculpen por las molestias, no será gran demora, enseguida volveremos a estar en el aire, gracias y tengan calma.

La sonrisa no se borro de sus labios, pero un estremecimiento de terror le nublo la vista, comenzó a temblar, un frio glacial le subía desde el estomago paralizándole la lengua, fue a gritar pero el grito no se articulo, en ese estado casi de desesperación vio acercarse a La azafata, seguida ahora del capitán, presa de un fatal nerviosismo se retuerce en el asiento: no a Cuba de nuevo ni muerto, de pronto da un salto, hace chocar la frente contra el cristal blindado rompiéndolo como una fina copa al ser lanzada contra el piso, y entonces todo su cuerpo sale expelido al vacio, el capitán y la azafata quedan petrificados, no creen lo que han visto, como si no hubiese sucedido nada la ventanilla vuelve a su estado inicial, el asiento a quedado vacio y solo subsiste como testigo de la escena el librito verde en las manos del capitán cuyos padres, unas horas antes del vuelo le enseñaron un librito verde similar a aquel.

Todo comenzó imperceptiblemente un día después de la muerte del dictador Francisco Franco cuando al gobierno Español hizo memoria del exilio y se le ocurrió la fantástica o fantasmagórica idea de las repatriaciones de hijos y nietos de españoles, América no hizo caso, quizás ni lo halla tomado en serio, América tiene patria, no necesita las repatriaciones, pero para Cuba sin patrones de ciudadanía, con una cultura de retazos felonicos, esclava a miserables ideologías inventadas para socavar el derecho de existencia, podrida de falacias gubernamentales, rendida en su mayor parte a la dictadura castrista, y además penetrada por el flagelo de la corrupción generalizada cubriendo todos los parámetros de la vida social, se sintió catapultada a una esperanza, desde entonces una revolución de desesperados movió todos los hilos invisibles de vínculos familiares reales o ficticios, consabidos a la herencia o desheredados, cualquier caso podría servir con tal de tener herencia hispana, no se trataba de contribuir a la honra del árbol genealógico, sino de mendigar el derecho a tener alguna honra, el naufrago pueblo de Cuba se asió al humillante salvavidas, desde los sátrapas, hasta los esbirros, desde los cronometrados comunistas que sentenciaban a muerte al capitalismo, hasta los miserables desnaturalizados sin el menor vinculo con la madre patria España. El frágil mundo de la concupiscencia bajo la razón de lo inmundo se movió, por una parte los desheredados por el poder del totalitarismo castrista (aunque desheredados somos todos) se aferraban al logro de concebirse como ciudadanos, por otra las ganancias obtenidas para el resto de la sociedad mediante los mecanismos que se pondrían en marcha, para la legalización de documentos concernientes a la legalidad, pero que se tramitarían detrás de la puertas cerradas de la ilegalidad y el irrespeto por la dignidad, en un país donde reina la anarquía económica y la corrupción, mas la doble moral, ya existente en el partido de gobierno, sacaría a muchos de la miseria salariar , esto, además del usufructo gratuito para el estado, hizo, que el país entero festejara ilusoriamente la humillante práctica del altruismo español. Para una minoría, el dolor del ultraje los corroyó, y la ofensa les calo tan hondo como para estar abochornados, aún de su herencia hispánica, porque precisamente dentro de sus venas la sangre del conquistador español ardía como lava de volcán quemándole el alma.

Así surgió la exhumación de cadáveres y resucitación de muertos olvidados para servir de cetros, el descubrimiento de galeones frente a las costas de Cuba cargados de españoles o de negros esclavos con apellidos de españoles y el reavivamiento de unas horas mas de agonía para la despatriada patria, mientras el poder tenia la oportunidad de palear una amenazante crisis política.

Cruzo el mar, me deshago en olas de silencio.

Voy sobre olas del miedo, soy un fantasma

Dentro de la sombra de mi abuelo estoy renaciendo con un nombre falso

Cruzo el mar como un hombre de papel diluido en el culto de imágenes

El dolor me lame el rostro de cadáver, arrastrado por la noche infernal

Descubro en el horizonte pájaros sin alas mintiendo a la espuma blanca de las olas

Quiero buscar una playa donde mi barco de sueños perdidos descanse a la muerte y el sol de la libertad, de calor a mi cuerpo de espanto, enterrar las manos en arenas de estrellas y decir adiós al pasado donde esta mi Cuba estrangulada de nostalgias

Descalzo y desnudo, me subo, a un avión esposado a la tierra de esclavos para levantar un vuelo de cleptómano a mi falta de duelos con la razón

Debajo de los credos un círculo verde ató los pies lacerados de venas desesperadas a una tierra sin esperanzas, con nombres de dioses fabricados al agravio de mis ancestros.

Lo recuerdo bien, hoy mas que nunca, con dolor lo recuerdo, era surdo como el viento que trae el agua, de espaldas anchos y pecho de ceiba florida, de los ojos le brotaba la dignidad, de las manos fuertes y rudas la franqueza, lo recuerdo bien, ¿Cómo no recordarlo hoy mas que nunca?

Lo recuerdo bien, hoy mas que nunca, usaba ropa de campesino, camisa con bolsillos y pantalones de mezclilla, del cinturón le colgaba el machete y del machete una rosa blanca para el amigo y el enemigo, el sombrero de guano yarey nunca faltaba, como su sonrisa desnuda al horizonte, en el batey no el decían el nombre sino el isleño, ¿Cómo no recordarlo hoy mas que nunca?

Me llevaba descalzo al manantial de los sueños, me hizo una guataca pequeña para que lo siguiera por el campo de yucas, era surdo como el viento que arranca el agua, masticaba el tabaco no lo fumaba, lo recuerdo bien tan bien como que esta en el alma.

Tenía corceles con alas de mariposas y los jineteaba como un mongol, lazo y montura, vacada y corcel se adueñaban de la sabana rendida a sus pies como esclava a su reina

Nunca el sol le sorprendía en la cama, la madrugada le acogía en sus brazos de princesa presionando la teta de la vaca, lo recuerdo bien, como no recordarlo,

De la vaca Margarita me destino el ternero blanco como la nieve y cada mañana me subió en su lomo hasta que se hizo un toro y se lo llevo a la muerte la revolución, mientras de sus negros ojos caían las lágrimas.

Como no recordarlo, cuando después de las comidas, me traía a Canarias montada en sus nostalgias con el adiós del azul besando el horizonte.

Como no recordarlo si después de echo polvo me convierte en hombre.

 

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