Beatificando dictaduras

Pro 29:2 Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime.

La carrosa papal con su séquito se dirige a la plaza de la revolución (de que revolución me pregunto) ya la comitiva presidencial la espera, han colocado una tribuna y muchas sillas al frente, las primeras filas están ocupadas por los altos dirigentes del estado, los escolta, los segurosos enmascarados entre cristianos con carneces rojos en los bolsillos, concibiendo la evolución y no la creación y algún cristiano que han dejado pasar en representación del Dios verdadero, mas atrás, después de las sillas o en las sillas de las miserias están los humildes, los pobres y desposeídos, con sus miradas de esperanzas puestas en la figura del papa que iniciara el sermón invocando a Dios y la obediencia. A las damas de blanco no las dejaron llegar, y a los que piden libertad los han detenido en calabozos o en sus casas, la emoción crispa los corazones en el ansia de un milagro que lo cambie todo, una luz cegadora, que desaparezca al presidente con su séquito, cargando con los odios y rencores, los vicios y las necedades, la violencia y el abuso, la injusticia y la represión, el terror y la tristeza, que Cuba vuelva a ser de Cuba y no hallan más expulsiones, ni más fusilamientos, ni más encarcelamientos, un milagro que nos haga cubanos y hermanos, pero el sermón del papa, no hace el milagro, ni hace caer mana del cielo, ni cubre la tierra de codornices, ni enciende la zarza , no obstante de no ocurrir el milagro, el presidente se mueve nervioso, los zombis y zascandiles aplauden, los agentes de protección recuerdan la orden de evitar el desorden. Luk 4:18 El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para predicar el evangelio a los pobres; me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados;

El milagro no ocurrió, el séquito del papa se retira, la comitiva presidencial también, el humilde el pobre, el desposeído hasta de fe, cubano por cierto, vuelve a sus miserias y los agentes a sus orgias de esbirros, no es obra de Julio Vernés, pero si es el futuro

Mi reino no es de este mundo (pero lo disfruto) dice el papa desde las escalerillas del avión, termina así su viaje a la misma o peor Cuba del siglo pasado.

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