Deformaciones sociales convertidas en reformas dictatoriales

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Las reformas parecen hoy razones olvidadas. La sociedad sumida en los cientos de necesidades que se agregan cada día, opta por la indiferencia y la resignación. La corrupción ha mutado, ese viejo refrán: “del lobo un pelo”, se hace praxis cotidiana. El hoy a cualquier precio: el hoy comer, el hoy vestir, el hoy acumular ambiciones más que riqueza, sostenido por lo mezquino y lo perverso se ha hecho tan visible como los basurales en los barrios. Los más desposeídos están olvidados detrás del timón del taxista o del empresario que lo sostiene, o en la comodidad del próspero gerente o dueño del “Paladar” donde todavía no puede comer o merendar un hombre honesto. Todo justificado y legalizado, su capital de inversión, por una de las reformas Raulistas.

La justicia social empobrecida y harapienta cruza por puertas desencajadas, se acurruca en cuartuchos descoloridos, y cae escurriéndose por las ranuras de techos desvencijados. Luego atraviesa calles abandonadas, huyendo en ómnibus repletos, que iniciaron un viaje unos años después del 1959 y aún permanecen sin destino, como si estuviesen predestinados a seguir camino al futuro cargando además de los hombres sus baúles de miedo. Más tarde se lanza en loca carrera por los campos abandonados, y desnutridos de sensatez, hasta esconderse en el histórico lodazal del corrompido poder revolucionario.

Sí, creo que han habido reformas: un ladrón ahora puede ser un respetable hombre de negocios que paga impuestos para mantener una depravada dictadura, y cuestionar la actitud de un libre pensador que, no resignado a mendigar sus derechos, se enfrenta a la violencia dictatorial. Esta violencia amparada y legalizada, también por una reforma Raulista.

La irresponsabilidad social ahora se vuelve más admirable. El burocratismo nacionalizado, y el abuso de poder se considera una práctica “magnánima” condicionada en proporción a la servidumbre.

Los 30 artículos proclamados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos siguen siendo la esperanza de un día desaparecido en el calendario de la vida del hombre humilde.

Una parte de la corrupción es manipulada estatalmente mediante los impuestos, obteniendo ganancias donde no se ha invertido ni el esfuerzo. La élite gubernamental sigue disfrutando de las prebendas y privilegios que le permiten tener a su disposición el capital económico y los recursos humanos, mientras el torpe pueblo conducido por la trampa de las reformas se enfrenta entre sí como aves carroñeras para repartirse la miseria.

 

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s