Uniformes contra la legalidad parte II

II

El indio se ve inconforme. Parece resignado, pero no lo está. Le conozco lo suficiente. Sin embargo, decide resistir la espera. Todos sabemos cuanta hipocresía, mentira desfachatada hasta la desvergüenza y deshonor son capaces de experimentar sin ningún pudor, detrás de sus uniformes y sus estrellas, los representantes de la policía en Cuba. No existe garantía a la legalidad, ni mucho menos su ideología está enraizada en la ética del respeto por la condición humana. Así han convertido el país en una nación sin ciudadanos. El sol ha seguido descendiendo y las sombras de la ciudad fantasma se alargan, una brisa suave arrastra la atmosfera contaminada y el polvo levantado por los autos se pega a la piel y seca los labios. Han seguido llegando hermanos de lucha con sus armas en ristre apuntando hacia el cielo. Robertico el periodista fundador de Hablemos Press empuña su letal móvil y su esposa la Dama de Blanco Norbis se ha armado de un peligroso lápiz y un papel. El escritor Angel Santiesteban sujeta su pequeño destructor de marca no reconocida. Calixto, un joven del Oriente, que logró hacer un curso de periodismo ciudadano entre amenazas, arrestos y deportaciones ya está incorporado. Las manos no cesan de manipular sus artefactos, una andanada tras otra se cuela por los laberintos de los circuitos electrónicos y desgarran el espacio, las bombas y los certeros tiros de morteros no destruyen edificios ni hacen saltar los árboles en remolinos de hojas que caen a la tierra. Las espantosas explosiones de las descargas haciendo despedazar tímpanos y cuerpos humanos no se escuchan. Toda esta guerra es un susurro, un arrullo de palomas con el ramo de olivo de la paz.

Terminó el registro y no aparecieron armas, ni explosivos, ni propaganda, ni listas. Aunque no habían encontrado nada, debía responder a unas preguntas de rutina. Mi madre argumentó que no había razón para llevarme. Le respondieron que no se preocupara, que regresaría enseguida: ellos mismos me traerían de vuelta a casa. Pero el regreso se demoro más de veinte años. Contra Toda Esperanza: Armando Valladares testimonios de las prisiones cubanas.

El Mayor se acerca donde estamos, con el cinismo de los que tienen la fuerza y el poder nos pide que nos retiremos del lugar y nos alejemos hacia un parquecito del otro lado del muro. El viejo no se mueve, no escucha, por debajo del pantalón se deja ver la piel cobriza de sus inflamados tobillos y su mirada sigue perdida en el tiempo. Yoani y Lía no se molestan en ocupar otra posición. El indio y Vallín conversan con el uniformado mensajero de la ilegalidad y el abuso del poder. La pregunta de las mil respuestas pero que solo lleva una acción es lanzada hacia la desvergüenza del uniformado esbirro de Castro. ¿Por qué está encerrado? Libérenlo y nos iremos. La posición del Indio y de Vallín es invariable.

Llegamos a la 5ª avenida y calle 14, en el reparto Miramar. Era entonces la sede central de la Policía Política, la Lubianka cubana. Varias residencias producto del desalojo, formaban el complejo del G-2 que era como al principio le llamaban a la Seguridad del Estado.

Fui llevado a la segunda planta, al archivo. Me tomaron las huellas digitales y me fotografiaron con un letrero que decía: Contrarrevolucionario. Contra Toda Esperanza presidio político en la Cuba revolucionaria Armando Valladares.

Mientras el Papa celebraba la misa en la Plaza de la Revolución fui conducido desde el calabozo donde me encontraba a la planta alta de la unidad de la PNR en la avenida 51 de la Lisa. Delante de un oficial con el traje verde olivo y tres estrellas blancas en la solapa me ordenaron quitarme los zapatos, me tomaron las huellas digitales y me hicieron varias fotos. Solo faltó el cartel de contrarrevolucionario y pienso que no lo colocaron porque ya la Revolución no existe. Esa noche se llenaron los calabozos de esta mísera ciudad, ningún detenido tenía armas, ni explosivo, ni ejercían la violencia por ningún medio. Cinco décadas después: Agustín López, testimonio.

Después de la conversación donde el uniformado representante de la legalidad expresó que en un corto tiempo liberarían a los dos detenidos decidimos trasladarnos hacia el parquecito. El viejo guerrillero no se mueve y la madre de Rodiles continúa conversando de pie recostada al muro esperanzada en las palabras del oficial. El grupo ha ido creciendo a medida que la tarde se torna amarilla. Pasan los minutos y no hay respuesta por parte de los uniformados dueños del poder. Entonces el Indio invita a Vallín y suben la escalinata castrista perdiéndose en el vientre antropofágico de las autoridades. “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres pues no temer a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios para castigar al que hace lo malo.” Romanos cap13 versículo 3 y 4.

Pasan unos minutos que parecen siglos y regresan el Indio y el abogado. Asombrosamente el vientre antropofágico de las autoridades los han regurgitados sin digerir. Después de unas aclaraciones sobre la legalidad y las leyes vigentes los uniformados le contestan que eso está bajo el mando del DSE. Un delito de CR que no existe. Una vez más la Gran Policía Revolucionaria uniformada demuestra su incapacidad para hacer cumplir la legalidad y la obediencia a las leyes son pasadas por alto y violadas. No por un simple policía reclutado por el servicio militar obligatorio que apenas conoce los códigos, sino por un oficial de carrera graduado de academia y quizás licenciado en leyes. Decidimos entonces cruzar a la acera opuesta y colocarnos al frente, bien visibles a las autoridades para recordarles que estábamos ahí esperando porque se cumpla la ley.

Por los constantes fusilamientos, la prisión de La Cabaña se había convertido en la más terrible de todas las cárceles. Y para mantenernos bajo el terror, comenzaron las requisas de madrugada. Los pelotones armados con barras de madera, cadenas, bayonetas y cuanto sirviera para golpear, irrumpían en las galeras golpeando sin contemplación. Contra Toda Esperanza: Armando Valladares 22 años de prisión

Esto al oficial de verde olivo con la estrella blanca en la solapa no le agradó y llamó a Vallín para que sirviera de emisario en trasmitir que no iba a permitir presiones y esto demoraría la liberación de los dos detenidos. Yoani se siente molesta, burlada y ofendida, los recuerdos quizás le afloren a la mente cuando fue traída allí casi a rastras por solo estar de parte de la justicia. En la acera donde nos encontramos no existe ninguna señal de prohibición pero a la representación de la dictadura le molesta vernos allí recordándole con rebeldía pacifica la existencia de los derechos.

Al día siguiente se efectuó el segundo interrogatorio.

Usted estudio en una escuela de curas -me dijeron.

Si, en los Escolapios, pero ¿eso qué importa?

Si importa, los curas son contrarrevolucionarios y el hecho de que usted estudiara en esa escuela es una evidencia más en su contra.

-Pero Fidel Castro estudió en el colegio de Belén, de los Padres Jesuitas.

-Pero Fidel es un revolucionario y usted un contrarrevolucionario, aliado a los curas y los capitalistas, y por eso lo vamos a condenar.

Contra Toda Esperanza. Armando Valladares, prisiones revolucionarias cinco décadas atrás.

Decidimos retirarnos del frente y nos corremos a un costado donde nos sentamos en un muro pequeño. El sol ya casi se pierde detrás de los edificios, el amarillo se torna en rojo. La madre de Rodiles ha hecho intentos de penetrar en el vientre antropofágico pero se le ha persuadido que no lo haga. Le sería casi imposible subir la escalinata sin llegar desfallecida a la cumbre. El viejo se ha incorporado, quizás ha medido sus fuerzas físicas varias veces y se ha metido en el pasado de la Sierra lamentando no poder hacer lo mismo para reivindicar la equivocación. Sin emitir sonidos vuelve a su frío y duro muro de concreto.

  • El que hiciere hoyo caerá en él; y al que aportillare vallado, le morderá la serpiente: Eclesiastés cap10 versículo 8,

    (continua)

 

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