Uniformes contra la legalidad parteIII

III

A pesar de que muchos habían pasado la noche en la parroquia acompañando los familiares

y el cadáver del promotor del Proyecto Varela, que puso en ridículo al gobierno y demostró ante el mundo la esencia dictatorial del régimen, el grupo ha ido creciendo.

Llegan unos jóvenes que no conozco y uno de ellos enseña los golpes recibidos en la mañana. Se levanta el pulóver y cerca del pecho se una magulladura ensangrentada. Es 25 de julio del año 2012, más de cinco décadas después de que un grupo de jóvenes alistaban sus armas para asaltar el Moncada según cuenta la historia, para destronar una dictadura cruel y despiadada y que injusticias como las que hoy prevalecen fueran erradicadas y que no se les violaran los derechos que le corresponden al pueblo que por condición humana.

Detrás del muro donde nos sentamos hay un cúmulo de basura. Alguien extrae los papeles y hace figuras de pistolas y metralletas: “Asaltaremos la estación y liberaremos a nuestros hermanos”. Las risas son absorbidas por los ruidos de la ciudad.

Cada amanecer, La Cabaña despertaba con una nueva interrogante: ¿A quién fusilarán hoy?

Es cierto que no tenemos ninguna prueba concreta contra usted, pero tenemos la convicción de que es un enemigo potencial de la Revolución. Para nosotros es suficiente.

Contra toda Esperanza. Armando Valladares. 22 años en las mazmorras de la Revolución.

IV

Son las dos de la tarde del día 24 de Julio. El calor es insoportable, el cuerpo suda y la ropa se pega a la piel. El viento se ha escondido en sus lugares secretos. La parroquia se ha llenado por dentro y por fuera. El cadáver del gestor del proyecto Varela, que demostró la ilegalidad constitucional del sistema, aun no llega. Atravesar el país desde el Oriente hasta el Occidente es un duelo con la historia. Más aun, si el muerto es un líder cristiano sentenciado al ostracismo y la exclusión. Aparecen autos con matriculas amarillas, naranjas y negras. Algunos dejan mujeres con trajes de monjas y continúan. Otros buscan algún espacio y aparcan, descendiendo de ellos personas con aspectos respetables. Al frente de la parroquia un grupo de periodistas con cámaras montadas en trípodes y aparejos de comunicación se derriten al sol. A casi todos ya los conozco de vista, de otros eventos como el encuentro de twitteros (mensaje que se escribe al mundo por los teléfonos móviles). Convocado por el oficialismo en el Pabellón Cuba, solo me permitieron decir, después que ellos mencionaron varias veces la palabra Revolución: “revolución no. Es desrevolución”. Y luego me hicieron callar sin importar la decencia con que los había escuchado. Otra vez pudo ser en el espacio SATS y por último en la entrevista de la representación de las Damas de Blanco con el Cardenal Jaime Ortega. Es la prensa internacional sometida también a los intereses del Estado, que ante el empuje del periodismo ciudadano, no le ha quedado más alternativa que cubrir algunas noticias y eventos no muy agradables a la dictadura. Claro, con mucha suspicacia para no ser expulsados del paraíso terrenal que les representa Cuba, donde tienen vida de reyes. Son tuertos, pero el tuerto en el país de los ciegos, es rey. Un auto policial de la vuelta y se detiene durante un tiempo en un costado del templo.

  • Una soga dividía el avión: de un lado nosotros, del otro las escoltas.
  • ¡todo el mundo al suelo….sentándose!

  • Hubo un titubeo, porque había que tirarse sobre aquel piso lleno de mierda de vacas…y los guardias comenzaron a empujar y gritar como condenados. Armando Valladares. Título del libro: Contra toda Esperanza, 22 años de prisión por manifestar no ser fidelista.

Quizás pasadas las 16 horas, no lo puedo precisar (porque no miré mi reloj Orient de esfera azul regalo de mi hija buena que un día muy triste para mí se fue en un contrabando de personas al país de los “malos” para seguir siendo buena) llega el ataúd con el cuerpo sin vida del patriota. La gente se arremolina en la entrada y los de la prensa se movilizan. Curiosos del barrio, amigos y enemigos se compactan alrededor del carro mortuorio, unos con el dolor de la pérdida, otros con el regocijo perverso de los cobardes. Es sacado el ataúd y subido en brazos por la pequeña escalinata atravesando la casa del Dios vivo. Todos se han puesto de pie y permanecen en silencio en señal de respeto. Después de depositado el féretro delante del púlpito, en el centro del templo alguien dijo unas palabras que no escuché, entonces un cerrado aplauso se hizo sentir, pasaban los minutos y cuando parecía que iba a desfallecer resurgía con más intensidad, al cabo de los 15 minutos de descargar nuestra impotencia y dolor en las palmas de las manos se escuchó una voz que pidió el cese de nuestra protesta por todas las injusticias cometidas contra el demiurgo ,y sobre la patria que él amaba incondicionalmente, y por la cual le habían hecho sufrir cientos de discriminaciones , maltratos y exclusiones, y esos repugnantes y perversos actos de repudio organizados por el Partido y el gobierno, gozando la escoria participante de la más prevaricadora de las impunidades . De no haber sido por la petición el ruido de las palmas de las manos se hubiese prolongado tanto que hubiesen roto el record recogido por la historia. Pero si las paredes del viejo templo habían vibrado con el choque de las manos, unos minutos después se estremecían con el grito de Libertad. Un coro compacto absorbió todos los ruidos de la ciudad y mucha manos se alzaron con el puño cerrado hasta que de nuevo la voz de alguien que el dolor le calaba los huesos pidió silencio. Anunciaron la misa para las 08 de la mañana del próximo día y finalizada esta se efectuaría el sepelio. Algunos se despidieron de otros con la esperanza de ir a sus casas, tomar un baño e ingerir algún alimento y después regresar o dormir unas horas para estar recuperados para las próximas horas. Muchos se encontraban allí desde las primeras horas del amanecer sin haber ingerido alimentos. Tres adolecentes se acercan a Yoani y le preguntan con suma decencia: ¿quién era el muerto? Un líder cristiano -le responde la bloguera con suavidad- y le alcanza una de las hojas que se lograron editar unas horas antes, donde está la foto de Osvaldo con algunos datos debajo. Las tres jovencitas toman el papel y después de mirar detenidamente preguntan la edad. Parece más joven -exclaman ellas, devuelven la hoja y se marchan.

Los templos son símbolos de amor, fe en la justicia aún en la tribulación y del poder del Dios vivo. Esta esencia se expandía en un efluvio embriagador que ascendía al cielo. Con suave parsimonia la luz amarilla de la tediosa y ardiente tarde se hizo tenue. La noche abrazó el santuario que permanecería en la vigilia hasta el otro día. Un auto blanco con las inconfundibles insignias en negro de la gran policía revolucionaria cada cierto tiempo interrumpía la quietud y seguía el curso de sus faros alrededor del aposento sumido en la tristeza. Cada quien eligió la forma más soportable entre los parámetros del respeto de los velorios para suavizar las horas hasta el nuevo día. De algún lugar alguien fue capaz de traer el mismo bebedero cargado de agua que se utilizó con inmensa alegría unas semanas antes en casa de Rodiles en el Festival Clic, acompañado esta vez de un pomo con café negro.

Así llego el otro día y un Sol áspero y caliente apareció devorando los últimos vestigios de la noche. Unos cirros blancos se dejaron ver delante de un hermoso cielo azul. Aun las campanadas de las 08 no habían rebotado con sus sensibles ecos en las mamposterías de la ciudad fantasma, pero ya la feligresía se había repletado con mucha gente de a pie que comunicaban que fuera en la avenida se acumulaban numerosos escuadrones de policías y ómnibus de secuaces del gobierno vestidos de civil, sin duda el temor a que un sepelio se convierta en una rebelión incontrolable deambulaba y se metía desde el día anterior en las oficinas de la alta jerarquía del Estado. De sobra saben que las injusticias, las violaciones de derechos y explotación, tras el fraude de la Revolución ha llevado al pueblo al borde de la desesperación y a la convicción de que el sistema es una trampa para justificar exclusivamente el poder totalitario.

Comienzan a llegar autos y algún microbús con monjas y eclesiásticos, serios los curas o monaguillos. Con gorros y vestiduras negras saludan a alguien y avanzan hacia el interior del templo en dirección al pulpito que está repleto ya de coronas y adornos fúnebres donde se encuentra el féretro con una bandera cubana tendida a los pies. El cardenal Jaime Ortega había prometido oficiar la misa. Bajan de unos autos, viejos encartonados y regordetes, con rostros solemnes de ministros ordenados, cuya fisonomía bien cuidada demuestra su conservadurismo terrenal. Esta actitud ceremonial me causa un impacto espiritual que pica mi curiosidad y le pregunto a alguien de quienes se trataba: ese es el señor Juan de Dios, y aquel el señor cuyo nombre no recuerdo ni me interesa mucho memorizar, el de allá con el gorro de cardenal por casualidad es el cardenal, entonces por fin comprendo el porqué de las declaraciones de las buenas relaciones de la Iglesia Católica con el Estado, en sus últimas cenas la mesa debe estar repleta de deliciosos manjares y buen vino para que la paz de Cristo invada los estómagos y no los corazones .

Vino entonces uno de los siete ángeles que tenía las siete copas, y habló conmigo diciéndome: ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Vi la mujer ebria de sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro. (Apocalipsis 17. 1-6)

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