Uniformes contra la legalidad parte VI

VI

El oficial de la estrella blanca en la solapa no esperaba esta reacción, sin dudas confiaba en la obediencia y la sumisión, y no la ley y la legalidad por la justicia, sino a la fuerza del poder que él representaba.

Le pregunté al fiscal dónde, en qué fabrica, en qué establecimiento, en qué fecha. No pudo responderlo porque nunca hice nada parecido. Valladares: Contra Toda Esperanza: 22 años de martirio

La bloguera resuelta y decidida, incomodada por la ausencia de pudor del supuesto dueño del municipio hundido en la corrupción y la miseria, como esta miserable ciudad y restos de nación, se le vuelve a encarar: “Estamos cansados, ustedes no cumplen, han dado varios plazos para liberar a nuestros amigos y tal parece que se burlaran. No nos iremos de este lugar. Mande a sus hombres a que nos encierren junto con ellos. No ofreceremos resistencia”.

Habíamos concebido con anterioridad la posibilidad de entregar nuestros carnets e ir voluntariamente a los calabozos donde estaban los detenidos.

El Indio que se había mantenido en silencio se dirige nuevamente al sátrapa. “Mire Mayor, nosotros lo menos que queremos es buscar problemas. Estamos aquí solo para que se cumpla la ley y la legalidad que ustedes están obligados a hacer cumplir. Dentro de su unidad hay dos hombres detenidos con violencia sin haber cometido delito, ni tan siquiera un motivo de desorden. No se les ha realizado una detención legal, no existe acta de detención. Los ancianos padres de uno de ellos llevan más de 5 horas esperando por su liberación y ustedes de la forma más burda e impúdica le mienten descaradamente en plazos incumplidos. Además, los violadores de la legalidad, le repito, son ustedes, no nosotros. Todo se resuelve en minutos, cumpla la ley y libérenlos y nosotros nos vamos. De lo contrario enciérrennos porque no nos iremos y seguiremos aumentando en número y dando avisos a nivel nacional e internacional, varias emisoras extranjeras se han comunicado con nosotros y a medida que pase el tiempo pienso pueden agravarse las circunstancias, de ustedes depende que no ocurra. Usted alega que los detenidos están en manos de la Seguridad del Estado, eso no lo exonera de culpas. Pero ya que usted, siendo el guardián de la ley y la legalidad no tiene la suficiente potestad para hacerla cumplir, por lo menos envíenos al que los tiene detenido. Que den la cara y vengan a conversar. ¿Qué haría usted en nuestro caso? ¿Abandonaría? No obstante, le prometemos que no ocasionaremos disturbios, ni algún tipo de desorden público. Solo esperaremos que usted tenga la suficiente decisión y el necesario valor para hacer valer esa estrella blanca que luce en la solapa”.

El oficial privado de toda razón justa para una respuesta honorable, correspondiente a las fuerzas que, se supone, deben mantener el orden y el respeto del país, se retira. No sin antes advertir de nuevo que allí no podíamos estar. Entonces comenzaron a aumentar sus efectivos rápidamente, ya la noche se había tragado el crepúsculo y las luces de los autos hacían correr las sombras deformándolas en grotescas figuras que desaparecían con la misma rapidez con que aparecían. Unos tras otros fueron apareciendo, antiguos Ladas soviéticos y modernos Geely blancos con sus insignes letreros en negro. Patrullas PNR, haciendo el aguaje de la fuerza y el poder maniobraban como expertos hasta parquearse en posición de combate. De ellos descendían jóvenes uniformados, la mayor parte reclutados en el interior del país cumpliendo el servicio militar obligatorio. Sin una preparación responsable, ni un conocimiento profundo de la ley y el respeto por la legalidad. Apremiados por cientos de necesidades y privados de los derechos y libertades. Confundidos en sus valores optan por cubrir las plazas policiales, así por lo menos están en la capital. Reciben uno de los mejores salarios devengados en el país. Tienen la oportunidad de subir a modernos autos y mezclarse con impunidad en la corrupción. Estos se fueron colocando frente a nosotros en posición intimidatoria. Apareció también un camión con la insignia de las Tropas Especiales aparentemente nutrido de agentes. Mas retirados, cubiertos por las sombras, unos autos civiles de los usados por la Gestapo Castrista en sus operaciones encubiertas y de secuestro a opositores para intimidarlos, rodeados de unos 15 hombres supuestamente agentes de la 21 eran iluminados por momentos con los faros de los vehículos que circulaban por la avenida. A todos estos efectivos se le fueron incorporando modernas Suzukis . Más tarde hizo presencia una ambulancia . El grupo de nosotros también creció en la proporción de uno a diez quizás, se nos incorporó una de las promotoras de las Bibliotecas Independientes y directora de la Red de Bibliotecas Cívicas Reinaldo Bragado Bretaña, gestora del proyecto animando sonrisas: la señora Omayda Padrón Azcuy, que una hora antes se había comunicado y le había dicho que esto se ponía caliente, entonces respondió que vendría. Con ella llegó el vice coordinador y miembro del Comité por la Integración Racial, el señor Madrazo Luna. El escritor y fotógrafo Orlando Pardo, su esposa y otra joven. También llego Arabel, recién salido del hospital y aun con los pies inflamados producto de su enfermedad, venia acompañado por mi hermana, uno de mis sobrinos y otro joven muy delgado. En algún momento anterior o después se había agregado el informático Walfrido y los dos Frank con otra joven y una niña. Hizo presencia más tarde, después de los primeros cantos de los gallos que los ruidos de la ciudad se traga indolente, un señor de la Unión Patriótica de Cuba que preside el ex preso político de la Primavera Negra: José Daniel Ferrer comunicándonos que están al tanto y nos apoyan. Algunos comienzan a bromear eligiendo los autos patrullas en que podemos ser repartidos en las distintas Estaciones o ser abandonados en lugares distantes fuera de la ciudad y las comodidades que queremos para el viaje y el calabozo. Otros nos sentamos en la acera pegados al muro, ya casi seguros del arresto y el desenlace fatal para todos los cubanos a pesar de que solo el 5% de Cuba conoce los acontecimientos ocurridos el día anterior en los funerales del líder de oposición Osvaldo Payá y lo que está sucediendo aquí. A mi lado se sienta un joven y por medio de un sociable diálogo puedo saber que es diabético y tiene una hernia discal lo cual no evitará diferencias en el trato de los represores cuando llegue el momento del arresto. Te arriesgas mucho -le digo. “Total, de vivir así, con esta miserable condición humana, ya estoy aburrido”. Saca su glucómetro y comprueba el nivel de glucosa, la pantalla digital del pequeño aparato marca un 12. Está alta -le comento. “Si, tuve que comerme un caramelo por temor a una hipoglucemia”. Por unos segundos me invadió el recuerdo de los últimos días de mi madre, arrastrando con su diabetes y su llaga plantar, en que falto de recursos no le pude brindar los cuidados necesarios, y sentí que un gran dolor me presionaba el pecho anudándome la garganta. Tienes que cuidarte hermano -le dije- y detuve la vista en una anciana que había subido varias veces la escalinata de la Estación y ahora el oficial de la estrella blanca en la solapa la ayudaba a bajar entregándosela a un joven de civil que la ayudó a cruzar a la acera opuesta donde nos encontrábamos nosotros. Allí se dispuso a parar un taxi cuentapropista.

Del otro lado de la calle el viejo se paró del muro donde había permanecido en silencio y avanzó hacia el oficial de la estrella blanca en la solapa. Se veía airado y resuelto. Habló algo con el esbirro y luego comenzó a gesticular iracundo, como dispuesto a golpear al sicario uniformado. No pude escuchar desde donde estaba pero se comenta que gritó delante de todos que Raúl Castro había huido acobardado en muchas ocasiones, o sea, que Raúl Castro, el Presidente de nuestro país, de nuestra Cuba, el hombre que gobierna, es un cobarde. Lo cual yo no dudo por la forma en que permite los abusos del poder y las violaciones del derecho. Algunas personas, entre ellos uniformados, hacen calmar al veterano revolucionario. Se vuelve sin dejar de gesticular, pero antes de llegar al muro se voltea en una nueva y más fuerte arremetida. Nuevamente es reducido a la obediencia un poco por la fuerza primero y después por la persuasión. El oficial de la estrella en la solapa da la espalda y sube la escalinata penetrando dentro de su antropofágica cueva. Me imagino que aunque su dignidad, su moral y sus valores estén sometidas incondicionalmente a la perversa dictadura y a la egolatría de los Castro, además de las prebendas de su cargo, en algún momento la mordida de la conciencia le recuerde la condición humana, cubana y quizás cristiana.

Ya son pasadas las 21 horas y no se han decidido al asalto. Parece que esperan órdenes del más alto mando. Cada cierto tiempo hacen maniobras, supongo que para intimidación. El camión lo introducen en retroceso por el corredor vehicular hacia la parte trasera del vientre antropofágico, por el costado contrario de donde se encuentra el viejo, nuestro grupo permanece inmutable preparados para recibir la arremetida del arresto.

Luego del tiro de gracia sollozaba alguien. Hubo noches de diez y doce fusilados. Se escuchaba la reja del rastrillo y alguien que avanzaba a la puerta para ver al amigo y gritarle el ultimo adiós. No se podía dormir en las galeras. Fue entonces cuando Dios comenzó en convertirse para mí en un compañero constante y la perspectiva de la muerte en una puerta para la verdadera vida, en un paso de las tinieblas a la luz eterna. Contra Toda Esperanza: Armando Valladares 22 años en el infierno.

(continuara)

 

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