Uniformes contra la legalidad

El viento se ha escondido entre los arbolitos que pueblan las tumbas acompañando a los muertos y que a esta hora del día  proyectan su sombra como una hojarasca lamida por la llama del sol. Hombres con cámaras de todo tipo se mueven de un lado para otro, manos  que se atrapan entre miradas que se cruzan, el sudor puebla las frentes y se desliza después por los rostros incognitos. En el fondo blanco del cielo donde se recorta el arco de entrada esculpido por imágenes impávidas al tiempo y escoltadas por tres princesas criollas,  flamea la bandera de todos los cubanos sumida en las suaves caricias de nostalgias.

En tanto en la circular uno, Tony Lamas con riesgo de su vida, subió por las vigas del edificio al punto más alto del techo cónico. Esta operación requería serenidad y nervios de acero. A una altura de más de treinta metros tuvo que caminar por unas vigas estrechas para alcanzar el lugar donde iba  a converger todas las demás, distribuidas como rayos de una rueda de bicicleta. Hacia aquel centro se dirigió él, abajo el vacio y la muerte. Y estaba en huelga de hambre. El más ligero marco significaba caer y destrozarse contra el suelo. Cuando alcanzó ese punto tuvo que gatear hasta otro más alto, donde se abrían unas ventanas a manera de tragaluces, y por allí sacó una bandera cubana cumpliendo así la misión que se había encomendado así mismo. Contra toda Esperanza: Libro escrito por Armando Valladares  testimonio de las prisiones cubanas.

Los cánticos de amor donde el perdón, la bondad y la misericordia, la paciencia y la gloria de Dios, se mezclan en una sola voz rompen el silencio y resucitan a los muertos que respiran. Valdría la pena mencionar nombres y firmar el dolor pero el tiempo no alcanza entre esta gloria efímera de la vida y el imperio celestial, no se puede juzgar entre ausencia y presencia. Los muertos no escuchan, ni observan, ni hablan. Ya están en paz con la vanidad entre los vivos abrazados por el Eclesiastés.

Se lanzaron a la lucha sacrificando familia y hogar, sin importarles sus propias vidas, tratando con su aporte personal de impedir que el comunismo se apoderara del país. Contra toda Esperanza: Realidad del presidio en la Cuba revolucionaria Armando Valladares.

Toman el ataúd con extremo cuidado entre decenas de manos que podrían ser miles o millones  si la garra dictatorial no se ciñera indolente sobre los que piden libertad, derecho y justicia. Hay algo hermoso en la cultura de los pueblos y es enterrar a sus muertos  entre esa gloria solemne de haberlos amados perdonándoles sus errores y creyendo en sus virtudes. Quien esto impide ultraja el pudor de todos los hombres de dignidad, y enarbola con descaro el escudo de la desvergüenza.

Lo estuvieron golpeando y deteniendo el castigo a intervalos a ver si claudicaba. Pero fue inútil. Enardecidos, furiosos lo pincharon con las bayonetas y golpearon con las culatas de los fusiles, hasta que Alfredo Izaguirre perdió el conocimiento. Contra toda Esperanza; prisioneros de Fidel Castro, testimonios de Armando Valladares.

Depositan en algún lugar de la capilla y de la  historia el cúmulo de los destierros y los éxodos, de los horrendos presidios y los fusilamientos,  de los sufridos que un día desparecieron con el deseo de un beso a quien amaban. Cuba y su nación cuarteada en mil pedazos. Perdón, me fui de la narración.

Ya vuelvo al silencio de los que esperan fuera y que a cada palabra de condolencia del misionero de la iglesia católica o de algún familiar allegado, comprendida o incomprendida, alzan  la mano con dos dedos extendidos, señal y  mensaje de luz.

Fue el momento esperado por Arcia para clavarle la bayoneta en el muslo y moverla en forma circular para agrandar la herida. Julio Tan murió desangrado a los pocos minutos. Lo sufrí, lo vi y lo sentí: Armando Valladares Contra toda Esperanza, presidio y muerte. Fidel Castro ordena, compasión de la Revolución.

Un impreso con el rostro de Payá es sostenido por unos brazos alzados en competencia ingenua  con un joven estirado como una palma real erguida al borde de los arroyos donde anidaba el carpintero  de cabeza colorada que antes del 1959 coronaba los campos de Cuba. Vuelve el féretro a la carroza entre manos que sobran también para estrechar otra mano que se abra. Ahora es la etapa final del adiós. Una parte de la vida que el egoísmo y la concupiscencia no dejan entender, porque nos iguala a todos, la que más hace justicia en este mundo terrenal: al polvo eres y al polvo volverás. Solo queda entonces el haber vivido de la paz y por la paz, del amor y por el amor para sostener el recuerdo como un algo clásico entre las razones humanas  del futuro.

El sombrero de Aquit salió volando y cayó a unos metros…………………..El cabo inició el recuento, llegó al final y giró y le hizo la señal al preso de que ya podía recoger su sombrero. Aquit salió dio dos pasos, se inclinó y ya no volvió a levantarse. Desde el fondo de la fila, uno de los escoltas le vació un cargador del fusil AK en la espalda.

_ eso es para que no vuelvas a salir de la fila sin permiso- comentó señalando con el cañón humeante. Contra toda Esperanza: Armando Valladares crímenes en las cárceles de la Revolución. 

Lento son los pasos al sepulcro, fugaz es la vida que los empuja. Los cánticos vuelven entonados por las monjas y los eclesiásticos mientras se cruzan las calles de los muertos. La procesión se detiene para dar paso a otra que atraviesa  cargando sus pesares entre coronas y silencio. Alguien susurra en una lógica absurda de esas que nos han encarnado hasta hacernos mediocres, que se trata de  un plan intencional del poder para interrumpir. Después que el Sol nos ha quemado por unos minutos más, la marcha se reanuda hasta llegar a la bóveda donde depositarán la carne inservible y corrupta de un cuerpo más de hombre terrenal. Allí los últimos cánticos cristianos hacen humedecer  los ojos, por el rostro de una monja  ruedan dos gruesa lágrimas;  compadecido prisma del cielo.

Boniato y sus celdas tapiadas serán siempre una acusación, una prueba de cómo se torturó, enloqueció y asesinó a los presos políticos en Cuba. Armando Valladares: Contra toda Esperanza

Los flashes de las cámaras captan las imágenes finales. La última generación del G2  que ha venido hasta  aquí  va respirando con alivio mientras se baja el ataúd y el misionero recita el salmo 23. Hasta luego amigo, te hemos sepultado con honra en medio de un sistema de deshonras, amedrentaste con tu cadáver a los que armados hasta los dientes y con fuerza y poder amedrentan a tu pueblo de cubanos que es también mi pueblo. Nos veremos más tarde,  con la esperanza de la vida eterna,  bendita sea la justicia de nuestro Señor y que para él sea la gloria.

 

 

 

 

 

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