Profesionalismo, servidumbre obligada, esclavitud consagrada.

 

En Cuba después del 1959 una gran parte de los profesionales al verse privados de sus libertades individuales y sus derechos emigran hacia los EU. El Estado dedica entonces un gran esfuerzo en la creación de una generación de profesionales, se invierte capital financiero en la formación del capital humano: escuelas en el campo, tecnológicos, universidades conjuntamente con planes educativos afloran con ímpetu en toda la sociedad. La vocación para estos tiempos es un obstáculo, el hijo del campesino tiene que ser médico, abogado, ingeniero, arquitecto, profesor, técnico pero sobre todo revolucionario para servir a la Revolución incondicionalmente. El requisito indispensable era convertirlos en propiedad estatal al servicio exclusivo del poder y para el poder antes que todo, utilizando como recurso el servicio social donde el beneficio colectivo era un resultado y no un propósito, las sobras del beneficio al poder.  Se logró esta generación, lo que no logró el poder fue colocarlos en la posición social que le correspondía para ser efectivos y eficientes. El profesional atado de pies y manos por ser él también una propiedad estatal corrompió su talento, empobreció su iniciativa y sometió su genialidad a la mediocridad política del gobierno.

Hoy el fracaso del sistema y la debilidad del poder se afanan sin otra  alternativa en aparentes  e  insustanciales  reformas en las que el desarrollo de la pequeña empresa privada es una prioridad. Toda la gestión es aparentemente controlada por el Estado para extraer de ella el capital que cubra el parasitismo estatal y la ineficiencia económica, más  con vistas a mantener el poder por unos minutos más que ejercer  justicia y  equilibrio social, pero la mayor parte, principalmente  los profesionales de la salud, la educación y la prensa son excluidos para el ejercicio privado. Una discriminación cuya base está sentada en el negocio político estatal del profesionalismo por medio del falso internacionalismo para sustentación del poder más que cualquier acto de altruismo. A cientos de profesionales no se les permite la privatización de su trabajo aun después de cumplir sus horarios laborales con el Estado, pero son arrendados por otros gobiernos o empresas privadas previo acuerdo con el Estado cubano, donde éste solo le entrega al individuo la tercera o la cuarta parte del salario devengado suministrado por los contratantes. Uno de los ejemplos más conocido por mí ocurrió con la Marina Cubana, Flota Mercante y de Pesca, como tantas otras empresas o agrupaciones económicas rentables destruidas por la egolatría presidencial y el fanatismo político del socialismo. La ineficiencia en la explotación condujo a su extinción. Los barcos y los marinos fueron arrendados como esclavos sin permitírseles la libre contratación, sometidos a una doble explotación, la de las compañías aseguradoras y la del Estado en cuestión. Aun hoy creo que permanecen con iguales condiciones y no me asombraría que todos los trámites legales aparezcan un día a nombre de algún miembro del Consejo de Estado o familia revolucionaria.

La independencia económica trae como resultado independencia ideológica y política, un profesional es ya de por sí un pensador social influyente en la interrelación social, con suficiente cultura para definir su responsabilidad en la dirección de la sociedad. Imaginemos entonces médicos y educadores formando escuelas independientes sin adoctrinamiento de servidumbre política al sistema  y respetando la condición humana, los profesionales de la prensa ejerciendo la libre expresión y el derecho a formar su periódico, como hoy se constituye un salón de belleza. Que sería de los parásitos del poder y del poder mismo ¿gobernaría el partido comunista o se extinguiría por sí solo?

Esta ha sido la verdadera razón para no permitir la libertad de la privatización en los profesionales y no el fraude del beneficio social colectivo con el que se ha engañado al pueblo y al mundo. Muchos son los que tienen esperanza en las reformas Raulistas, yo ninguna, nos hundimos más en un pantano enlodado de miserias, hacemos una mutación social, una transgénesis política deforme y monstruosa. Por desgracia el pueblo de Cuba, mi pueblo y tu pueblo cubano aplica el adagio: “del lobo un pelo”, pero ya no tenemos ni lobo, ni pelos, solo un esqueleto cubierto de lepra que mantiene el poder por nuestra falta de dignidad más que por su fuerza. Si el presidente Raúl Castro y su élite tuviesen la verdadera intención de la justicia social los primeros pasos se hubiesen encaminado al cambio de la Constitución respetando incondicionalmente los derechos humanos, la ratificación mediante la firma de los pactos que contienen los derechos políticos y civiles y la despenalización de la discrepancia política como dice el periodista excluido Reinaldo Escobar. Dejar de llamar a los más patriotas y cubanos, mercenarios o gusanos y llamarlos hermanos.

 

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