Uniformes contra la legalidad. Epilogo

Cuando vi aquel hombre uniformado con el traje verde olivo y una estrella blanca en la solapa tratando de echarnos del lugar donde estábamos con la sola razón de poseer la fuerza y el poder, mientras Reinaldo le exigía que cumpliera con la legalidad y las leyes vigentes representadas por el uniforme que usaba, y el hombre sin respuesta, amenazaba

con el desalojo empleando a sus agentes uniformados utilizando la fuerza y el poder que le agenciaba el uniforme, cuando después de la amenaza, vi llegar más carros y uniformados, y colocarse en guardia frente a nosotros , me asegure entonces que no era impotente ante ningún poder terrenal, no sentí rabia ni deseos de violencia, tampoco temor, la lastima y el dolor me mordieron el alma y el pasado se abrió ante mí como una granada hasta los seis años, pero sabía que en pocas páginas era imposible descargar el sufrimiento silente acumulado, decidí agregar a la crónica que pretendía hacer de estos dos días dolidos pero de gloria, resúmenes de la maldición revolucionaria adornado con metáforas indefinidas para la mente abierta y sensible a la más humanas de las razones para vivir: el amor al prójimo.

Vi una oportunidad para hacer recordar y dar a conocer, a los cubanos y al mundo, mediante citas tomadas del libro Contra toda Esperanza escrito por Armando Valladares sobre las prisiones revolucionarias, que la esencia de la dictadura comunista nada ha cambiado, la crueldad permanece, unas veces se golpea con guantes para no partir la carne por fuera y dejar la huella y otras con manoplas, pero no dejan de golpear: un cubano a otro cubano. Al mencionar esas citas sentía la tortura enorme de no haber estado en las celdas de castigo y aunque no sé si resistiría, me duele tanto el pasado que el presente es un tormento. Yo, cuando sucedían todas estas atrocidades en las cárceles cubanas vestía un uniforme verde olivo dispuesto a darlo todo por la revolución, no conocía la verdad y se habían aprovechado de mi transparencia y humildad de joven guajiro para hacerme creer en la falsa de la panacea social revolucionaria, fui engañado, pero eso no exonera la conciencia. No me obligaron a vestir el uniforme verde olivo, fue mi voluntad.

Hay metáforas escritas para la meditación, donde pretendo desde la oscuridad pasada descubrir un rayo de luz hacia el futuro con la transparencia de los que aborrecen la traición y la mentira, bajeza perversa y ruin, innecesaria para legitimar algún principio altruista o acto de justicia procedentes del gobierno, que tiene la obligación de servir a la nación y no esclavizarla al poder para disfrutar de excentricidades con los recursos del pueblo, mientras lo conduce, mas cada día a la miseria material y espiritual.

Personas que me admiran y me quieren, amigos periodistas y escritores versados en la profesión y el arte de escribir, me aconsejan no repetir escritos de las metáforas ya publicadas, para no causar aburrimiento a los lectores , pero yo les contesto obstinado y testarudo. Escribo para el pueblo. Pero es que el pueblo no te lee, no tienen internet, me rectifican: no importa, contesto, y sigo repitiendo: yo escribo para el pueblo de Cuba de abajo y adentro primero, aunque no me lea, después para los demás que me leen, y repito las metáforas.

. El Sol de verano hace arder la calle y los techos de las casas, así también la patria quema dentro del pecho del que la ama.

. Yoani y Lía se han sentado en el resto del muro, la poderosa arma contra las dictaduras que trae Yoani comienza las primeras y mortíferas descargas. La red electrónica asustada tiembla con las bombas parlantes. Uno tras otro van pasando los mensajes y las llamadas. Por dentro de los teléfonos móviles las ojivas nucleares circulan a la velocidad de la luz, con ellas la libertad y la justicia. Al rato llega “Willy sin censura”, con un cohete de más de mil megatones. Nos lo enseña ya incorporado a la guerra de la paz:

De algún lugar de esta selva de basurales aparece Reinaldo Escobar, el Indio del Curare en los labios para la dictadura, que se lo inocula con la decencia de un cacique guerrero.

Armas en ristre apuntando hacia el cielo.

Toda esta guerra es un susurro, un arrullo de palomas con el ramo de olivo de la paz.

Le sería casi imposible subir la escalinata sin llegar desfallecida a la cumbre.

: “Asaltaremos la estación y liberaremos a nuestros hermanos”

El tórrido Sol abraza los cráneos devorando las sombras y la piel llora su entelequia compasiva en los despojos del tiempo, vamos hacia las márgenes de un rio sagrado de cristalinas aguas.

En el fondo blanco del cielo donde se recorta el arco de entrada esculpido por imágenes impávidas al tiempo y escoltadas por tres princesas criollas, flamea la bandera de todos los cubanos sumida en las suaves caricias de nostalgias.

Alzan la mano con dos dedos extendidos, señal y mensaje de luz.

Depositan en algún lugar de la capilla y de la historia el cúmulo de los destierros y los éxodos, de los horrendos presidios y los fusilamientos, de los sufridos que un día desparecieron con el deseo de un beso a quien amaban. Cuba y su nación cuarteada en mil pedazos.

Me vino el recuerdo de la sitiería, unos quince bohíos enclavados en medio de la sabana, donde vi aparecer por vez primera el uniforme verde olivo en el año 60, era apenas un niño por cumplir 6 años, entonces eran pocos uniformes verde olivo pero bastaban para infundir miedo y no respeto, no se conocía muy bien lo que hacían pero aun no daban asco, si creías que defendían la justicia, el derecho y la libertad. Más tarde los vi actuar contra gente inocente y atemorizar al campesino honrado y honesto, multarlo o encarcelarlo, quitarles las tierras por ejercer su derecho sin que tuviese que ver con oposición política. Supe, que a mi papá y sus hermanos los llevaron un día a la cárcel y los encerraron junto a condenados a muerte. Habían cometido el grave delito de aprovechar un ternero de su propiedad, que se había ahogado en el pozo, todos eran campesinos honestos y honrados, gente de campo para los cuales era cuestión de honor y amor propio ganarse el sustento con su trabajo. En la sitiería más tarde se quedo un uniformado que infundio el terror hasta en los niños, que le quitaba los tirapiedras, juguete y equipo de caza, mientras los de verde olivo con sus armas de fuego cazaban humanos y animales con la misericordia del salvajismo.

Una tarde circulaba por el pueblo con la bicicleta de mi tío, el segundo hombre más honesto y honrado que he conocido sobre esta tierra y unos uniformados me detuvieron y me quitaron la bicicleta, conocían a mi tío y a mí, sabían de nuestra honra, sin embargo después de darle una explicación suplicante, tuve que regresar a casa a pie y sin saber qué hacer por el respeto a mi tío, al otro día la presidenta del comité, hermana de un mártir de la revolución intervino y me devolvieron la vieja bicicleta superred, que mi tío había adquirido en los años 50 en la tienda de los Fernández, sino, se la hubiesen quedado y más tarde seria propiedad de algún uniformado como ocurrió con los autos , las casas y otras propiedades de los habitantes de la isla.

Otro día, ya en la década del ochenta, ejerciendo como oficial de la Marina Mercante, vinieron los uniformados y me registraron la casa, cargando con todo lo adquirido con mi trabajo, desde las ropas de mi niña hasta mis gorras cobras, había cometido el delito de intercambiar un pullover comprado legalmente con mi dinero, por algunas viandas, después, alguno vino vestido de verde olivo a tratar de beneficiarse, mientras otros me hacían saber mediante intermediarios cómo salir del problema agasajando u obsequiando algunas de mis pertenencias, en algún momento tuve tentado a aceptar el chantaje o la extorción, pero no pude y por suerte después de varios meses, según comentarios, apareció una comisión de provincia, me citaron a un juicio oral que no se efectuó por ausencia de delito según me dijo el secretario del tribunal, que me entrego un acta de devolución.

Recordé también como unos años después, el jefe de la policía de Santo Domingo violo un artículo constitucional para decomisarme un galón de pintura y varios pares de zapatos para regalo el día de las madres, podría extender la narración con las violaciones de los uniformados cuya obligación es cumplir la legalidad y no actuar en contra de la legalidad. Destacar los cientos de beneficiados y enriquecidos a costa de sus uniformes verde olivo mediante, soborno, chantaje, extorción, prevaricación, cohecho y corrupción en general, y los que aun hoy ejercitan esta forma de prosperidad económica, amparando y protegiendo a los delincuentes que golpean en los actos de repudio y cometen atrocidades propias de barbaros frente a las casas de los opositores pacíficos, pero no es propio de un epilogo. Los hechos vividos u observados de las violaciones de la legalidad por los uniformados, fue lo que me guio al título de: Uniformes Contra la Legalidad.

Si tonto es quedarse debajo de un árbol seco esperando que el fruto caiga, más tonto es echarle agua al tronco para hacerlo retoñar. Esas son las reformas revolucionarias, el agua es el esfuerzo y el sacrificio del pueblo, la revolución es el árbol.

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