Un terrorismo lamentable

Sigo a la reportera y su esposo por un pasillo hasta llegar a una puerta donde un hombre con rasgos mestizos me indica que pase, unos segundos en el umbral me bastaron para que la garganta se me anudara como me sucede en los sepelios, en las separaciones temporales de los seres queridos, o en los aeropuertos cuando se marchan de Cuba sus cubanos.

Al frente una pareja de jóvenes están echados sobre el piso con la cabeza apoyada sobre algo que parece una almohada, a mi derecha una señora tendida en un sofá, de rostro demacrado es masajeada por otra de mirada triste y resignada, sobre una pequeña mesita yacen unas hojas que me imagino estén relacionadas con los prisioneros de la dictadura por los cuales se pide libertad, sentada en uno de sus bordes una joven de vivos ojos y una señora delgada permanecen atentas a lo que Idania Yánez Contreras le va comunicando a la reportera y al periodista sobre el estado critico ya, en que se encuentra Marta Beatriz Roque Cabello fustigada por la huelga de hambre y su enfermedad. El silencio y la poca iluminación, los rostros demacrados y los cuerpos debilitados por la inanición me dan la impresión de un paisaje tétrico para la pintura de un Guernica moderno en una Cuba condenada por verdugos indolentes, incapaces de someter su ego de tiranos a las razones humanas de la vida.

La joven de cabellos de trigo que está al frente se levanta en un amable gesto y me brinda su asiento pero yo no sé si sentarme o arrodillarme y pegar el rostro al piso en oración para que todas estas barbaridades acaben y tener una Cuba desnuda, pero digna, sensible a las razones humanas y cristianas, conducida por un gobierno, que aunque no sea perfecto, tampoco sea tirano.

Extraigo mi cámara y pido permiso para hacer algunas fotos de este cuadro humillante, degradante a la condición humana después de haber transcurrido más de seis décadas de los campos de concentración, los crematorios y las masacres contra las razas inferiores, por otra raza creída superior, guiada por una ideología antropofágica, nada diferente a la comunista que considera a todos los seres que no la abracen y la practiquen sin derecho a la vida con dignidad, aunque sean más humanos que todos los que sostienen dicha ideología. La imagen del más grande de los ejercitantes de esta doctrina, el dictador Fidel Castro Ruz, algún esbirro la ha colocado delante de esta puerta con la palabra muerte al lado. Tanta bajeza, de un cubano a otro cubano, si me la hubiesen contado no la hubiese creído, hasta no verla con mis propios ojos, nada más por creer en la dignidad y el honor de los cubanos.

Pienso en que si fuera mi casa quizás me lo hubiese comido o le pondría un ramo de flores cada día. Atravieso el pasillo de regreso a la calle, el auto de antenas que parecía ser de la Seguridad del Estado, se ha marchado, tres personas nos observan salir, dos manipulan sus móviles, la otra sentada en un quicio nos sigue con la mirada, lo demás es silencio y miedo, el pueblo atareado en sus fechorías, sus robos y su corrupción solo para poder comer, desconoce y se desentiende de sus mejores patriotas que mueren en silencio reclamando sus derechos y su libertad. Me pregunto:¿Cuántos se merecen tal sacrificio de los huelguistas? Y mi única respuesta es Cristo. Tampoco el ser humano se merecía la crucifixión.

No obstante, siempre tengo esperanzas y aun de los verdugos espero misericordia, no creo que sobre la comunidad mundial y el presidente caiga la responsabilidad de otra muerte más, otro ser que ofrece su vida en sacrificio, por la libertad y el derecho de los demás, porque no existe justificación alguna, ni en este, ni en ningún Estado para que en pleno siglo XXI muera alguien lúcido en una huelga de hambre. No es racional, ni humano el hombre que lo acepte o el gobierno que lo permita.

Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;[51]

al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica,[52] déjale también la capa;

a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.[53]Mat 5:39 al 41

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