Yoani Sanchez pierde un diente pero no la dignidad. Sombras y Dudas.2da parte

La sombra de los árboles se proyecta sobre la carretera como deformes manchones negros aferrados a la tarde que se desase en remilgos sofocantes de transparencia y lucidez debajo del cielo azul de Cuba. Llevamos muchas horas atravesando campos abandonados, algunos cubiertos de marabú, otros escasos engrandecidos con la robustez de la emblemática ceiba, o luciendo la esbeltez erguida de viejas princesas con sus brazos colgantes, que quedaron ilesas a la depredación del poder, escapando al buldócer o la dinamita revolucionaria, con el sello inconfundible de la mano del campesino protegiéndolas al costo de la exclusión. Pueblos insípidos nutridos de la pereza de los zascandiles, con fachadas descoloridas y calles maltrechas nos vieron pasar entre curiosas miradas y lucidez turbia. Es mi Cuba carajo, con sus razones de libertad acalambradas en las resignaciones de la suplica a mendigar derechos y luego dar gracias por la limosna vendida por el poder. Ya casi estamos en el lugar del fatídico trance donde, con la duda del asesinato, perdió la vida el líder del Movimiento Cristiano Liberación Osvaldo Payá y el joven pilar de libertad Harold Cepero. Aunque estamos en las manos de Dios, redoblo las precauciones y cuando algún vehículo se me acerca sin quitarle el un ojo de encima lo dejo pasar con calma. La vía está en buen estado, señales nuevas y relucientes informan sobre curvas, pasos de caminos, escuelas y baches, una advertencia que no había visto en las carreteras cubanas, pero a pesar de todo no sobrepaso la velocidad 70 km. Los tres que ocupamos el vehículo: Yoani Sánchez, su esposo Reinaldo Escobar y yo, estamos consientes en el terreno minado en que nos movemos y ya consideramos una suerte el haber llegado hasta allí sin ser detenidos. En cada encuentro con la policía de carretera, o en los cruces de los Puntos de Control y en los dos sitios que nos detuvieron para fumigar el auto nos tensábamos creyendo que hasta allí llegaría nuestro viaje, pero ya estábamos a solo unos 40 km de Bayamo y cualquier descuido o indiscreción podía poner en riesgo nuestra misión de ejercer el periodismo con ética, respeto a la verdad y honor a la información. ¿Accidente o asesinato?. Nuestra indeseada presencia para el Estado en el juicio contra Ángel Carromero que se celebraría al otro día disiparía muchas dudas, no solo para nosotros sino para el resto del mundo, si el accidente de Paya había sido un asesinato perpetrado por la dictadura para impedir la labor opositora del líder, o si había sido un hecho fortuito producto de la casualidad, en el curso del destino. Reinaldo ocupando el asiento del copiloto y Yoani detrás, accionaban las cámaras y trataban de grabar detalles en busca del esclarecimiento de hechos. Al llegar al tramo donde termina la vía pavimentada y se continua en terraplén, precisamente en el tramo donde ocurrió la tragedia, disminuyo la velocidad a unos 15 km. Unos bachecitos a la entrada logran pequeñas vibraciones en toda la carrocería, el sonido de la amortiguación cambia. No se trata de una gravilla fina suelta como había pensado sino de una piedra grisácea firme y solida adherida y compactada, donde los neumáticos pueden agarrarse. Me aparto bien a la derecha para dejar pasar dos camiones que se aproximan por detrás, nunca dispuesto a dejarme sorprender por lo menos hoy. Unas personas que van en la cama de uno de los camiones nos observan con curiosidad y puede que hayan detectado nuestro interés en el lugar, pero, como la mayor parte del pueblo, desconocen lo que sucede en su propio país. Se acuestan resignados con la vista fija en el techo y así amanecen hasta que un buen día se sienten sorprendidos de que el techo se les desploma, cuando despidieron al familiar a una aventura política violenta de donde nunca regresó con vida, y alguno de la prole de su pueblo o ellos mismos se ahogan intentando cruzar el estrecho de la Florida, o se despiden, o despiden a alguien en algún aeropuerto con la esperanza de algún día para el reencuentro que no siempre llega. Todos queriendo huir de la miseria en que nos ha sumido la dictadura del castrocomunismo. Los camiones se alejan dejando detrás una nube de polvo disuelta en el aire. Nosotros seguimos observando tratando de descubrir el árbol, testigo mudo y hermético de lo sucedido en aquel lugar donde por un espacio de tiempo lo increíble se volvió creíble, lo incalculable, calculable. La realidad apreciable en certezas de dudas y la vida de dos cubanos compactados con una verdad humana, cubana y cristiana se vio esfumada en minutos, mientras la de dos extranjeros se veía convertida en un infierno, por ejercer la bondad y la justicia hacia un pueblo, mi pueblo, que no se si se la merezca pero como digo siempre: yo tampoco me merezco el sacrificio de la crucifixión y Cristo lo hizo por amor.

No detenemos el auto por la precaución de no levantar sospechas. Unos km atrás, a un jeep verde olivo con la inconfundible farola azul de patrullaje colocada en el techo no le fuimos ajenos. Así como a una patrulla blanca con los letreros negros de la policía nacional revolucionaria, que, causándome extrañeza nos dejo pasar sin detenernos estando seguro que nos observaban con detenimiento. Los árboles por momentos se mantenían cerca del terraplén seguidos unos de otros por todo el borde del canal, en otros se separaban dejando espacios libres más amplios. Yo tenía fija en la mente la foto del árbol impactado, y la distancia de 80 metros donde se supone que Carromero accionó el freno, pero ninguno de nosotros pudo identificar con certeza el lugar, de habernos detenido lo hubiésemos logrado. Dejamos atrás el tramo trágico y tomamos nuevamente la carretera asfaltada haciendo algunos comentarios. Por el retrovisor diviso el Lada blanco de la patrulla que se acerca y decido no pasar de los 30 Km para darle oportunidad a que nos rebase o se produzca la detención esperada. Unos minutos después nos cruza de largo sin dejar de observarnos, todo parecía indicar que era su misión. Volvemos a circular por los manchones negros refrescando el asfalto, mientras el Sol aun quema la piel por nuestra izquierda.

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2 respuestas a Yoani Sanchez pierde un diente pero no la dignidad. Sombras y Dudas.2da parte

  1. Castro in Winter dijo:

    Que muestre una foto sin el diente!!! Si no, es historia, como todas las de esta piraña!!

  2. Increíble que haya que andar prácticamente escondido en tu propio país y los criminales represores libres.

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