Yoani Sanchez pierde un diente pero no la dignidad. 3ra parte.El final siempre dodoso

Este trayecto final es tenso, el silencio del soliloquio personal ocupa la mayor parte del tiempo. Yo en mi mente de chofer y algo conocedor de las carreteras cubanas especulo en razonamientos personales en busca de la verdad de la tragedia.

No me explico por qué Carromero después de 80 metros dentro del terraplén acciona el freno cuando solo con sacar el pie del acelerador a la entrada el auto debió ir disminuyendo la velocidad.

El terraplén estaba firme como para que un auto moderno entrara a una velocidad superior a los 100 km y no resbalara ni ocurriera nada lamentable.

Mis primeras experiencias en el timón fue en los campos y los terraplenes en tractores tirando carretas cargadas de cañas a la edad de 12 años donde a veces si quitabas el pie del acelerador no terminabas el viaje al acopio o al Central y el impulso de las carretas resbalando por el rocoso se ocupaba de voltearte; pero Carromero no llevaba carretas detrás, a no ser que otro vehículo lo persiguiera y en un cálculo previsto y premeditado lo hubiese obligado a entrar a una velocidad impredecible y después en la primera entrada del arrozal, a la izquierda, algo se le haya interpuesto obligándolo al frenazo y al giro a la derecha hacia los árboles y el canal.

No creo que ningún chofer que por lo menos tenga dos años de experiencia se le ocurra sin ningún obstáculo sorprendente o alguna presión sicológica, después de estar dentro de un terraplén, pisar los frenos de forma brusca hasta hacerlo resbalar, menos un hombre que, ya sea bueno o mal conductor, estaba acostumbrado a conducir autos modernos y a grandes velocidades. Por otra parte la visibilidad y las señales en la vía era algo bien apreciable en el caso de que existieran.

Trataba de seguir hilvanando en mi cabeza las respuestas que daban mis razonamientos con las nuevas preguntas que me surgían, y que pensaba contestarme con la vista del juicio.

Realmente el lugar era ideal para provocar un accidente o hasta un asalto. Solo había que amedrentarlos en una persecución, ya que Payá estaba amenazado de muerte, y hacerlos penetrar al terraplén a una velocidad excesiva y sorprenderlos con otro vehículo que solo intentara salir a la vía por la entrada del campo de arroz a la izquierda. Eso sí: bastaba para accionar hasta el límite el pedal del freno y girar a la derecha provocando el desastre. No obstante, me trataba de ubicar en el trance dentro de las circunstancias y admitía la posibilidad de una imprecisión, un error humano de los que nadie está exento.

Ya estamos prácticamente a la entrada de la ciudad. A lo lejos se divisan las primeras concentraciones de casas, para nosotros la tensión aumenta. Reinaldo piensa que en caso de que podamos entrar a la urbe no nos dejarán llegar a la Sala del Tribunal. Yo creo que Dios hará lo mejor y todo lo que suceda será para beneficio de la justicia. El mal no prevalece ante las fuerzas del bien. “Allá están” -le digo a Reinaldo-. Observo debajo de un árbol una patrulla que aguarda con sus dos tripulantes uniformados recostados en los costados. Juraría que fue la que esperaba cerca del lugar del siniestro y luego nos siguió. Pasamos de largo, por un momento pienso que lograremos entrar, pero cuando a unos 100m localizo las otras y un grupo de policías uniformados que se ponen en guardia, me da la seguridad que hasta allí hemos llegado. No cabe duda de que nos esperan. Son tan imbéciles ellos y los que ordenan que han tenido la ilógica idea de que pudiéramos intentar escapar y han utilizado la estrategia de la encerrona. Unos metros delante de la segunda patrulla una mujer mestiza, javá, obstaculiza la carretera y con una señal me está ordenando apartarme y aparcar. Como unos secuestradores o asaltantes de bancos, se abalanzan sobre el vehículo. La javá me agita para que descienda, cosa que hago con lentitud premeditada. A Reinaldo ya lo han hecho bajar otros policías. El indio intentó dialogar y logró decir algunas palabras que no recuerdo. Solo quedaron en mi memoria las de un oficial que, autoritaria y despectivamente, haciendo “aguaje”, ante una mujer desarmada y sencilla decía: “Yoani Sánchez, te has empeñado en echar a perder el juicio de Carromero”, y junto a otros casi la arrastraba fuera del auto. No había terminado de descender cuando otra patrulla ya está en el lado izquierdo y alguien me arrebata las llaves del auto. Intento tomar el teléfono y la javá me lo quita de las manos. Al indio lo han hecho entrar al asiento trasero y después de quitarme los documentos me sitúan a su lado. Lo último que sostengo en la memoria es un policía sentándose en el timón de nuestro auto sin mi consentimiento, unos uniformados que me cierran la puerta de un fuerte tirón y luego el conductor que haciendo un alarde innecesario de pericia maniobra con rapidez la patrulla, como si estuviese en una filmación de secuestro, o una operación de mafiosos actuando impunemente contra gente indefensa y desarmada, cuyo más alto propósito es la paz y el amor entre todos los seres que habitan el planeta. Por un momento me hago una pregunta ingenua: qué le habrán hecho creer a esta gente de nosotros para que nos detengan como a terroristas o vulgares asesinos. Claro, a “terroristas” desarmados también porque si estuviesen armados casi estoy seguro que no se atreverían a proceder así. Porque solo manifiestan con este operar la exteriorización de la cobardía no de la valentía.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Yoani Sanchez pierde un diente pero no la dignidad. 3ra parte.El final siempre dodoso

  1. Muy valiente de tu parte Yoani. Quizás lo que faltó aquí es explicar el motivo o el objetivo de tu viaje hacia ese tribunal. Para mí ese “juicio” es una farsa, parecida al “accidente” de la princesa Diana. En ambos casos “el sujeto” estaba amenazado de muerte y perseguido por las fuerzas de seguridad gubernamentales y en ambos casos se logra el objetivo: silenciar al ya mencionado “sujeto”.

  2. “…el bárbaro opresor estremecido, gime, solloza y tímido se aterra”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s