Yoani Sanchez pierde un diente pero no la dignidad. 4ta parte.Operación payaso

La distancia es corta, todo es cuestión de minutos, el estar entrando por un portón y descendiendo frente a una oficina colmada de uniformados de verde olivo con uves blancas en las hombreras o de verde olivos de gala con estrellas blancas en las solapas. Sin duda estoy en el mismísimo Estado Mayor del MININT, el equivalente de Villa Marista en la Habana. Al fin llego, me digo: estoy en el momento esperado. Dios permite mis deseos y al fin la patria me da una oportunidad de hacer algo por ella. Mis sueños se siguen realizando, dentro voy sintiendo un regocijo incalculable

En la sala todos nos observan, unos con cara hosca y mirada feroz, otros con curiosidad ignorante. A Reinaldo lo conducen delante, hacia un cuartico, y a mí me colocan hacia otro contiguo. Aun de pie en la puerta me pareció ver pasar a Yoani con un grupo de uniformados que casi la empujaban hacia otro lado. Un oficial me ordena la extracción de todo el contenido de mis bolsillos y después me va a cachear. Le digo que no tengo nada que ocultar, mi objetivo ha sido hacer público hasta mis errores, echar sobre mi rostro el bochorno del pudor, para que la vergüenza me cure la conciencia y así de cierta forma alcanzar el perdón. Ninguno de los dos oficiales entendió, y creo que ni tan siquiera escucharon pero amablemente me dijeron: “sube los brazos” y me registraron levemente. Creo que dedujeron que era inofensivo y transparente. Estuve unos minutos en una silla con un custodio en la puerta, luego comenzaron a levantar un acta de mis pertenencias. En algún momento un oficial de dos estrellas blancas en la solapa apareció en la puerta, junto a otro gigante que saludó con la mirada ingenua de los niños. Ordenan llevarme hasta el auto, me sacaron de la oficinita y me hicieron penetrar por un portón de hierro a un espacio cerrado donde habían ocultado el auto. Se portaban con autoritarismo respetuoso sin permitir mucho acercamiento. Volví a hacerme la pregunta de los ingenuos: qué le habrán hecho creer o pensar a esta gente que somos nosotros o es que actuaban así solo por formalismos del poder. De pronto, me pareció que había llegado a la Vía Láctea y estaba rodeado por una constelación de estrellas blancas prendidas a las solapas de los uniformes verde olivo. Me pareció que computaban cinco altos oficiales, dos trabajadores con el uniforme carmelita de inspectores estatales y un camarógrafo con rostro de castrado y gestos de bufón portando una gigante cámara JVC. Cruce la mirada buscando los ojos a cada uno, me pareció apreciar en el joven de los ojos grises una mirada fiera y repugnante, dispuesto a devorarme como un caníbal. Recordé que tenía los ojos idénticos al vecino que yo le daba de comer y le hacía regalos cuando venía del extranjero y traidoramente me robo aprovechando esa cobertura de la bondad. Los demás, excepto uno de los inspectores con fisonomía de esclavo amaestrado para servir y adular al amo solo me infundieron indiferencia y abulia. Regocijado y solemne me preparé para disfrutar una escena que pasaría de lo ridículo a lo absurdo, de lo mediocre a lo más mediocre.

Un Mayor toma un formulario y comienza el inventario del carro: – “¿puerta delantera derecha?”. No contesto, porque no cabe en mi cerebro que eso sea una pregunta. Otro de ellos contesta como descubriendo un secreto: “Si, tiene puerta delantera derecha”. Así pasan a la izquierda, me ordenan levantar el capó, mientras el camarógrafo manifestando sus dotes de bufón corre detrás de cada palabra mencionada, alternando con el enfoque a mi persona. Parece creerse estar firmando una película de alto riesgo me doy cuenta y le hago varias poses de frente con el rostro serio pero mordiéndome la lengua para no soltar una risotada y que todos en pandilla me cayeran a golpes. A él le parecieron interesantes mis posiciones y lo vi acercar y alejar el lente varias veces en distintos enfoques. No me agarré los testículos para la filmación por respeto a Cristo y decencia a los futuros espectadores, que supongo entretendría a otros estrellados. Otro también con estrellas blancas en las solapas trataba de tomar el número del motor con una camarita manual que le habían dado para su trabajo o a lo mejor se la había quitado a algún opositor, y no tenía cómo utilizarla. O quizás quería demostrar que tenía una cámara. Pero como el motor estaba embarrado de aceite y no quería embarrarse no lo lograba. Al fin encontró un papel y pudo tomar la numeración. El inspector estatal adulón buscaba algún defecto para ejercer su servidumbre, y encontró que la instalación eléctrica estaba en “mal estado y desorganizada”, sin dudas no conocía de la caja electrónica conectada al encendido para mejorar la chispa de la bujía y eso le pareció “desorganización y mal estado”. También destacó como impedimento para la circulación “la batería suelta”, y sin arrancar el motor le detectó “compresión”. Pasando al cárter, por el derrame de aceite cerca de la varilla de medir, sin percatarse que la juntica de la varilla del aceite faltaba, y eso cuando el motor se mantenía a altas revoluciones lo embarraba y durante días se acumulaba una capa que yo no limpiaba porque protegía el motor. Además observó a través del cristal de uno de los faros delanteros falta de azogue. Al ver tantas barbaridades juntas presentadas como argumentos, solo le dije que la instalación eléctrica la habían hecho reciente. El oficial de la camarita fue al auto y movió el timón comprobando que el juego libre podía ser de tres grados quizás. Luego arrancó y probó los frenos, las cuatro gomas se clavaron antes de medio pedal y con la palanca de la emergencia puesta no pudo moverlo. El inspector adulón vuelve a objetar pintura mala y con macilla. Ese carro fue inspeccionado por el Seguro hace solo un mes y dictaminaron “pintura en regular estado” -le dije- “ya que previendo estas situaciones buscamos el respaldo legal permanente”, sin respuesta lógica termina diciendo: “pero la macilla algún día se cae”, ya aburrido por aquel zombi imbécil terminó diciéndole: ¿Y a qué carro no se le da macilla para emparejar la pintura?

Yo cursé estudios en la especialidad de máquinas durante 4 años en la Academia Naval, luego estuve ejerciendo durante 12 años como maquinista en los buques de la Flota del Caribe, donde me acabé de especializar en la técnica de motores. Salí y me dediqué durante 15 años a la profesión de taxista con mi propio auto cuyas reparaciones y todo el trabajo de mecánica lo hacía yo. Fui ayudante de chapista durante un año, he efectuado decenas de inspecciones de tránsito y sé los defectos graves que restan puntuación para retirar o impedir la circulación de un vehículo. Al mío que ellos inspeccionaron, es posible que no resten ni 10 puntos de los 100.

Asombrado tuve la impresión de estar rodeado de payasos vestidos de verde olivo con estrellas blancas en las solapas mientras el país se pierde en la corrupción.

Casi terminamos ya la “Operación Payaso”, con algunos detalles cómicos omitidos como la pregunta sobre el cargador de móviles y los cables, donde el oficial preguntaba qué era mientras señalaba con el dedo sin atreverse a tocarla, temeroso de que fuera una atómica y le explotara en las manos, o una comunicación satelital que pudiera estar captando su imagen y trasmitiendo su rostro al espacio interestelar. Buscó en la hoja de inventario y no lo encontró porque todavía para ellos no estaba inventado ese artefacto al igual que la pantalla avizora colocada en lugar del espejo por la cual nadie se atrevió a indagar supongo por temor al ridículo, que de hecho lo estaban haciendo con la “Operación Payaso”.

Me ordenaron que sacara todas mis pertenencias. Tomé el montón de revistas y de periódicos El País, y el disco de Razones Ciudadanas. Luego fui a la guantera y extraje las veinte Demandas Ciudadanas que me quedaban por repartir, unas identificaciones de la Revista Voces y alguna propaganda cristiana de las que me había dado el pastor Mario, además de los cables de cargar los móviles. Regresé a la parte trasera y extraje la mochila con la ropa y les entregué el maletín de Yoani que ellos solicitaron para llevárselo. Dieron por finalizada la Operación Payaso cuando ya casi oscurecía regresándome a la oficinita.

 

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Una respuesta a Yoani Sanchez pierde un diente pero no la dignidad. 4ta parte.Operación payaso

  1. Más que payasos, estúpidos y ridículos en medio de su prepotencia.

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