Continuacion. Operación Rompecabezas

 

El oficial extrajo de mi vieja cartera hasta las partículas de tejido que, producto del deterioro, quedaron impregnadas a los papeles, semejando la picadura de cigarros, por lo que el meticuloso investigador me pregunto si fumaba. Cada hojita de papel fue leída, dirección normal o de correo, número de teléfono, escrito personal, anuncio de Paladares que entregan en la calle. Todo fue trasladado a una hoja de papel donde él escribía sin dejar pasar el más mínimo garabato. Yo me deleitaba asombrado con tanta mediocridad mientras pensaba cómo una sociedad que se ahoga puede sostenerles a estos individuos un alto salario y la disposición de recursos, además de una privilegiada autoridad sobre el resto de las autoridades para emplear el tiempo tan infructuosamente.

La parte que más disfruté, y que debió ocasionarle confusión a pesar de su preparación profesional, fue cuando leyó la Carta del Consejo de Estado en la que dice: “Acusamos recibo de su atento mensaje y sugerencias dirigidas al Comandante en Jefe y al propio tiempo le damos las gracias”

“Ejemplos como el suyo reafirman la convicción de que marchamos por el camino correcto y nos alienta para continuar nuestro esfuerzo en la construcción de una sociedad más equitativa, humana y solidaria.”

Aprovechamos la ocasión para saludarle y expresarle nuestros sentimientos de buenaventura personal y familiar.”

Abajo, al final, la firma de René Montes de Oca y el membrete del Consejo de Estado. Esa era la respuesta dada a mis últimas críticas y advertencias directas al sistema, por la corrupción generalizada, en una fecha tan tardía como el 2003. La tomó y la colocó aparte; supongo que debió hacerse la pregunta de los zascandiles, de los resignados a la servidumbre, de los que nunca llegan a comprender el por qué hay hombres que no callan ni aunque se desplomen los cielos, aun cuando su lenguaje este plagado de barbarismos idiomáticos: “¿Cómo puede ser, que este opositor declarado, contrarrevolucionario, “mercenario al servicio de una potencia extranjera”, “gusano” (o cualquier otro calificativo concebido por la perversidad castrocomunista, propia de la Revolución), pueda poseer un documento así? Pienso que no dudó del escrito porque era imposible la falsificación. Es muy difícil de imaginar que un simple hombre de pueblo, desde dentro de Cuba, se halla atrevido a criticar al Presidente y su Partido único, dirigiéndose personalmente a su “Palacio Presidencial”, Consejo de Estado, desde donde gobierna, o desgobierna, este país. Si para pensadores imparciales eso es difícil, para él, actuando como esbirro, es imposible. Siguió hurgando y preguntando por todo. Yo le observaba con detenimiento. Actuaba como un profesional preparado para servir incondicionalmente al aparato de represión sin analizar mucho el lado de la razón y la justicia. Obedeciendo las órdenes del poder se concentraba en su trabajo obviando la comunicación. Pero no le vi aflorar el odio en su mirar. Que yo recuerde nunca había afirmado con tanto orgullo la propiedad de un documento como cuando me preguntó sobre las 20 demandas ciudadanas por otra Cuba, a las que he añadido mi firma con intención de repartirlas de manera responsable además de la dirección del blog y número de teléfono. Las revistas Amnistía Internacional y los periódicos EL PAIS que me hubiera gustado que también los leyera. Por un instante me vi en un Juicio Sumario, frente a un fiscal alzando la mano enfurecido acusándome de “subversión o propaganda enemiga”, y luego, cuando yo me volteara dándole la espalda, buscando la justicia del otro lado de la puerta fuera de la Sala, lanzar un grito airado: Pena de Muerte, como lo quisieron hacer con José Daniel Ferrer; sonrío levemente. En algún momento de la detección de las “evidencias criminales”, se asomó a la puerta un corpulento oficial de mirada infantil y rostro afable, vestido de verde olivo con una estrella blanca en la solapa. Portaba en sus manos el bolsito carmelita que contenía la cámara la cual había reclamado y el lector de tarjetas de memoria, regalo del alemán. También colocó sobre la mesa una memoria flash que se había quedado en el auto. Sin dudas ellos habían seguido hurgando en busca de “pruebas criminales”.

La Revolución ha cambiado conceptos. Por ejemplo: una “prueba de criminalidad” es la declaración de un castrado chivato del barrio, y un “objeto para el crimen” ya no es solo un arma blanca o de fuego, un explosivo o detonadores para hacer atentados terroristas; en las concepciones castrocomunistas puede ser un lápiz, una pluma, una computadora, un teléfono móvil, una cámara fotográfica, una pequeña grabadora o algo tan simple como una memoria flash, en cuyo contenido solo tenga grabado la biblia o un mensaje de libertad, sin que sea violatorio de la legalidad vigente en el país. Sentí que las preguntas del oficial sobre las direcciones y los documentos me aburrían porque yo no estaba al tanto del contenido de la cartera. Opté por decirle que si quería podía echar a la basura lo que no entendiera, pero él no estaba programado para variar el procedimiento. Luego vacío el contenido de la mochila: dos pulóveres y dos pantalones, un pedazo de toalla, cepillo, pasta y desodorante. Uno de los pulóveres estaba de revés y por dentro se le destacaban unos dibujos en negro. Al oficial le resultó sospechoso y lo volteó tratando de descifrar el “enigma”, o “contraseña”. En ese momento con toda ingenuidad pensé que podía buscar alguna propaganda considerada para el poder como enemiga. Ahora, cuando escribo pensando más prejuiciado recuerdo el pulóver blanco con el rostro de Osvaldo Payá que usé durante el sepelio del líder y unos días más tarde lo vestí en la edición de la revista Voces, dedicada a el, donde muchos amigos se habían hecho eco de su muerte, era lo menos que podía hacer para reconocer sus valores humanos y su valentía. Llevar su rostro en el pecho era como decirle: “Payá, estuve contigo todo el tiempo, antes y después de conocerte”. Lamenté haber olvidado la prenda.

El agente de la Gestapo castrista coloca la ropa de nuevo en la mochila. Terminado con las pertenencias tomó otra hoja y procedió al conteo monetario, escribiendo la serie y el valor de cada billete: 200 cuc en billetes de 10 que me había prestado un amigo por si me sucedía alguna tragedia poder sobrevivir y un billete de 50 mío. Más uno de 20 pesos moneda nacional. Finalizado el acto de requisar o el “inventario criminal” Se apropió de una nueva hoja y procedió con las preguntas periciales del “C.I”:

(siglas que escucho a menudo pero para mí solo significan: “contra la inteligencia”)

-“¿Por qué hace esto, Yoani o Reinaldo le dicen lo que tiene que hacer?” “¿Le pagan?”

Me le quedo mirando fijo, buscándole los ojos. Quería saber si creía en la pregunta o era pura rutina gubernamental. Por un instante las miradas chocaron pero no como para llegar a conclusiones.

-Es ofensiva la pregunta pero siempre quise que alguien de la alta jerarquía me la hiciera: Hago lo que siento, escribo y hablo lo que pienso. Tengo un blog en Internet para publicar libremente. Vivo esto, lo disfruto, siempre quise hacer esto desde dentro de Cuba y es por eso que estoy aquí. No obedezco órdenes ni nadie me dice lo que tengo que hacer, ni Fidel Castro. Hago lo que crea correcto a cualquier precio y delante de cualquiera. Yoani y Reinaldo escriben sus ideas muy coincidentes con las mías, pero nuestras actuaciones son completamente independientes.

-“¿Siempre le ha manejado?” “¿Le paga por manejarle?” “¿Qué relación tiene con ellos, amistad?”

-Sí, siempre le he manejado y siempre voy a hacerlo si Dios lo permite. Pero además me ocupo de todo lo del carro por puro deseo y lo disfruto. Y no, son más que una “amistad” son mis amigos, mis amigos, ¿entiende? Volví a repetir la palabra amigos.

Bajó la vista hacia la hoja testamento y escribió.

En el umbral de la puerta aparece un agente de civil sonriente y portando un plato de comida, lo coloca sobre la mesita y lo destapa indicándome que comiera. Me quedo mirando el muslo de pollo seguramente importado de EU y el arroz salteado. El oficial que escribe levanta la vista y me dice: “Seguro no has comido, come” Elevo la vista del plato a su rostro y le digo: ustedes me detienen a la entrada del pueblo como si fuera un capo de la droga, un criminal o un asaltante de banco. Me bajan de mi auto, me arrebatan las llaves, los documentos, el teléfono. Se sienta al timón un policía sin mi autorización. Me suben a un auto policial, me traen aquí y me quitan todas mis pertenencias sin haber cometido delito alguno. ¿Creen que puedo aceptar la comida?

El oficial se queda mirándome y no responde. -No voy a comer. El civil hace un gesto para llevarse la comida, pero el militar le indica que la deje alegando que quizás cambie de idea. En la escuela de represores seguro le explicaron que el hambre y la sed ablandan.

El de civil interviene nuevamente: “Quieres agua, refresco”. Su rostro amable apena mi dignidad de campesino. Está bien, acepto agua y refresco sellado. En unos minutos se aparece con un pomo de agua embotellada en “Amaro”, lugar que conozco bien por estar cerca del pueblo donde habité por muchos años. Una ligera nostalgia transita por el recuerdo. Me lo entrega y lo destapo. Bebo. Se retira y enseguida vuelve a aparecer con un pomo de refresco de naranjita que me lo entrega para quitarle la tapa. Lo abro pensando siempre en esos niños que no pueden tomar este líquido porque el salario de sus padres no les da ni para tomar refresco decente. Tomo varios vasos pronosticando próximos días de prisión y una posible futura huelga de hambre. Aparece otro oficial de estrellas blancas en la solapa y le pregunta al investigador si ya terminó, éste asiente y me indica la lectura del documento. No es necesario, le digo, confió en que hayan actuado correctamente.

Cuando se levanta para marcharse le digo: – Oficial, comuníquele al mando superior que si no hago una llamada antes de las 12 a mi hermana o mi novia, ellas comunicarán que estamos desaparecidos. Valoren esa posibilidad.

Le hable así con la intención de comunicarme con mi hermana y decirle la situación en que nos encontrábamos para que no se preocuparan y la noticia no les sorprendiera cuando le llegara por otros canales. No sabía que podría ser de nosotros en las próximas horas, pero si sabía que, en contra de todas las leyes, la comunicación del detenido fuera de las paredes del encierro está clausurada y esa llamada a la cual se tiene el derecho para dar razones a los familiares solo es permitida cuando le viene en gana a los altos mandos de la dictadura.

 

Para sus mentes contaminadas con la perversidad del sistema, y resignadas a servir al poder incondicionalmente, gozando de prebendas y privilegios obtenidos de los recursos del pueblo le debieron ser poco creíbles mis expresiones. Pero yo lograba librarme de un peso cargado durante muchos años.

 

 

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6 respuestas a Continuacion. Operación Rompecabezas

  1. Mil saludos y un abrazo Agustín.

  2. Excelente, Agustín. Se las quiren dar de profesionales y no son más que unos esbirros. Recuerdo que cuando era niña me “detenían” para meterme miedo en la escuela y uno de ellos veía todo lo que había en mi bulto y leía las libretas hoja por hoja. Casi lo había olvidado y me lo hiciste recordar.

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