continuacion.Soliloquio

El oficial se marchó en cuanto estuvo todo firmado, y dejó a un agente de civil de custodio. Luego éste se retiró por largos intervalos y quedaba sólo con mi soliloquio. Afuera el amarillo rojizo del ocaso fue penetrando imperceptiblemente en la tarde y me percaté a través de la puerta que la luz del sol había escapado a un lugar de sombras:

Recordé a mi madre en su bajareque muriendo más pobre que como había nacido. Al tío Adolfo, íntegro campesino, regresando del centro del pueblo con la javita colgándole del brazo conteniendo el cuarto de pan normado. Se detenía en casa por un rato y me decía: “El comunismo es la miseria. Este sistema es para ladrones oportunistas y descarados y si no te callas te matan”. Los ojos le brillaban y más de una vez lo vi cruzarse la mejilla con el dorso de la mano evitando que una lágrima le rodara por la curtida piel hasta sus labios. Reflejaba en su rostro ese sufrir callado del guajiro al que se le cerraron los caminos del campo y se vio obligado a emigrar al pueblo para subsistir con el sabor amago de la servidumbre.

El isleño Roche, José Rodríguez, el padre de Cristóbal que junto al mártir Eugenio Piedras, el gallego y Valerio enfrentaron a la tiranía batistiana, como se le decía en aquel entonces al gobierno. Mi gran abuelo, el español emigrado de Canaria, el hombre más digno y honrado que he conocido sobre esta tierra. Como una secuencia fílmica cruzaban sus siluetas y las de otros que vi morir sufriendo los rigores de la Revolución. La sitiería desintegrada y las casas amontonadas alrededor del pueblo, mientras el campo iba quedando vacio y herido. Todo regresaba al presente y lo tocaba como si estuviese vivo. Lamenté ahora mucho que estuviesen muertos porque a ellos les había prometido en silencio que nunca callaría y sacaría a la luz el sufrir oculto detrás de sus rostros. Lamenté lo efímero de la vida. En algún instante me pareció verlos sonreír y decir: “Es Agustín, es Agustín el que apresaron que se enfrenta al poder, el hijo de Nena la Guajira, la hija de Rosendo el Isleño, nació en Chucho Rose y se crió en la sitiería”. Y se sentían orgullosos de haber formado parte de mi vida. Esa generación digna de increíbles valores morales para este presente denigrante de Revolución y revolucionarios y que la Revolución aplastó; la llevo tan adentro como para llorar cada vez que los recuerdo. Pero hoy y ahora es una sonrisa lo que brota de mis labios exteriorizando mi alma placentera y gozosa.

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3 respuestas a continuacion.Soliloquio

  1. Recuerdos, Agustín, recuerdos que lleváremos siempre. Gracias por la iconografía; yo solo guardo de mi vida en Cuba lo que esta en mi mente.

  2. mundi1 dijo:

    Viva Cuba libre

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