Epilogo de Yoani Sanchez pierde un diente pero no la dignidad

Después de que las autoridades cubanas anunciaron un juicio público para juzgar a Ángel Carromero, Reinaldo y Yoani me invitaron a ser espectador de la audiencia. Conocían mis preocupaciones sobre el caso, y las dudas sobre la tragedia. Si estaba dispuesto a ir todo requería la mayor discreción posible; acostumbrado a la hermeticidad y el aislamiento, unas horas antes de partir hacia Bayamo el día 2 le dije a mi hermana y a Lili que iba a estar varios días ausente de la Habana. Lili solo necesito unos minutos para adivinar.

En varias ocasiones me había preguntado cómo podía ayudar a un extranjero que iba a ser procesado por homicidio involuntario, y condenado por “homicidio a la Revolución”: se había atrevido a desafiar el régimen castrocomunista arriesgándose a ayudar al Movimiento Cristiano Liberación considerado opuesto a los intereses del Estado, y cualquiera que se oponga a los intereses del poder dentro del feudo de los Castros y el partido comunista está sentenciado antes de ser juzgado.

El humilde español había hecho hacia el pueblo de Cuba uno de los actos de solidaridad e internacionalismo más digno que se concibe en la historia, lo que miles de cubanos, estando obligados por cuestión de honor, pudor y patriotismo, no se han atrevido jamás aterrorizados por las consecuencias. Ahora tendría la oportunidad de estar en el lugar de los hechos y buscar la verdad, no por los procesos legales de las autoridades cubanas por las cuales han sido condenados muchos inocentes y exonerados tantos culpables. Buscaría más allá, detrás de las leyes y las togas, detrás de los ojos de los que ostentan carnet rojo en los bolsillos y se sienten obligados a servir incondicionalmente al poder y no a la justicia, debajo del púlpito donde se amontona la basura que desestabiliza el fiel de la balanza. No me olvidaba del contratista norteamericano Allan Gross condenado a 15 años por ejercer un acto de pura humanidad. Sabía que Carromero sería condenado aunque el mismísimo Paya y Harold se levantaran de su tumba y negaran su culpabilidad, pero poder discernir entre accidente y atentado, entre asesino y víctima, entre error humano y propósito satánico, entre justicia con Dios y por amor y justicia por poder, sin Dios y con odio, sería algo de suma importancia para poder escribir con las menos dudas posibles.

No logré tal propósito, pero Dios sabe los caminos y me dió la oportunidad de plasmar esta crónica con los menos prejuicios posibles, no guardo rencor a ninguno de los que nos apresaron. Si los tildé de payasos, y payasadas sus acciones, fue como el niño lo hace en el circo. Me dolió ver el sudor, el sacrificio y la sangre de tantos cubanos desperdiciados en el atropello y la represión a otros tantos que solo pretenden forjar un Estado de derecho, mientras la Isla se sepulta cada día más en la corrupción y el irrespeto social. La vileza y la depravación se cultivan, florecen y rinden fruto en la calles. El humanismo se descarga como excremento en las oficinas de los edificios gubernamentales.

No descubrí la inocencia de Ángel Carromero porque era demasiado visible bajo el Sol de la libertad.

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Una respuesta a Epilogo de Yoani Sanchez pierde un diente pero no la dignidad

  1. Nada se ha perdido pues tu crónica nos lleva de la mano a conocer la realidad de una Cuba esclavizada y sumida en una represión genocida.

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