Represión: único lenguaje del castrismo con la oposición

Fueron los primeros años de Revolución y muchos creyeron en el altruismo del Socialismo. Salieron de sus casas vírgenes de perversidades. Sanos y pudorosos de obscenidades políticas, aun llevaban en sus labios el sabor de la adolescencia. Un lápiz, una libreta, un lema y un pensamiento martiano: “Ser cultos para ser libres”. Esparcieron por los campos el abecedario de la Revolución, la matemática del poder y la geografía del comunismo. Más allá de esta cultura no existe lenguaje, ni cálculos, ni países. Así repartieron los jóvenes alfabetizadores por toda Cuba las raíces de la educación a cambio de la servidumbre.

Cayeron todos en la trampa del poder, les enseñaron conceptos de justicia, derecho, independencia y libertad, pero tanto la justicia como la independencia y la libertad eran derecho exclusivo del Estado. Esto se convirtió en ley constitucional, condición de existencia para ser cubano. Como el caballo dentro de las barras de tiro del carretón, que el dueño le coloca ojeras para que no desvíe la mirada del camino mientras lo fustiga con un látigo, se educó al cubano. Estas viejas formas de educación ejercidas por los poderes totalitarios convierten al hombre en propiedad estatal. Desde que recibe los primeros conceptos sobre las palabras en el círculo de la infancia, hasta que termina la universidad, el éxito docente está determinado por la aceptación incondicional al régimen. La servidumbre y la esclavitud son convertidas en un acto de gratitud ante la bondad del esclavista Estado. Ya hoy esas formas de educación pierden efectividad ante otras que han surgido imparciales a los intereses del poder. Con el total derecho que da la condición humana a la educación, países que se obligan a cumplir con el pleno uso de la libertad como instrumento de prosperidad y elevación de valores para la creación, no del hombre nuevo, sino del hombre bueno, que el castrismo no ha sido capaz de crear, intentan prestar su servicio de comunicación y docencia ausentes de toda condición de servidumbre o esclavitud al Estado que los proporciona. Uno de ellos es los E.U y como es usual el gobierno cubano lo toma como un acto ofensivo. Amparado en el poder absoluto de una Constitución que convierte los derechos en delitos y la libertad bajo la condición de servir incondicionalmente al poder, obstruye cualquier gesto de bondad al pueblo de Cuba. Un aparatoso editorial del periódico Granma critica los cursos gratuitos que se brindan en base al conocimiento de derechos humanos, periodismo social, computación, inglés u otra asignatura perteneciente a la ética del humanismo. Más que todo en base a la paz, la fraternidad y la convivencia de todos los seres creados por Dios. La mayor parte de los beneficiados pertenecen a esa parte del pueblo de pensamiento libre, que precisamente por eso y por exigir la práctica de sus derechos inherentes a la condición humana se convierten en parias, excluidos sociales, discriminados, muchos expulsados de sus estudios, otros ya graduados pero imposibilitados de ejercer sino aceptan la vil política del poder.

Estos cubanos no han sido ni creados, ni formados por Norteamérica, sino por el régimen castro comunista, que sí los ha privado de cualquier tipo de sostén económico, derecho de expresión y campos del conocimiento. Despójese cada hombre cubano o extranjero de cualquier tipo de parcialidad política, ya sea de izquierda o de derecha, y pregúntese por qué un curso de derechos humanos, de periodismo ciudadano, de computación o idiomas, brindado por un gobierno extranjero, se convierte en un acto subversivo y enemigo para el Estado en cuestión. ¿Es acaso una cámara fotográfica, un teléfono móvil, una memoria flash, o una computadora una peligrosa arma que atenta contra la soberanía nacional? El gobierno de Cuba no tiene el derecho moral para cuestionar estas actitudes, mucho menos la dignidad suficiente para censurarla. Sin previa consulta popular ha brindado instrucción y asesoría militar con vistas a la violencia y el terrorismo, además de capacitación en distintas actividades profesionales donde está incluida la política de implantación del socialismo en otros estados. El Ministerio de Relaciones Exteriores ratifica que Cuba “no cederá terreno a la injerencia extranjera y que utilizará todos los mecanismos legales a su alcance para defender la soberanía conquistada y hacer valer el respeto al pueblo cubano y a las leyes del país”. Así finaliza la amenaza directa y sin tapujos a la libertad, escrita en el periódico Granma. Mecanismos legales no posee, excepto la ley de la fuerza que viola la ley de la justicia. Sabemos que tiene el poder para cumplir las amenazas, pero no la razón. Todo parece indicar un recrudecimiento de la represión, ¿será que volverán las largas condenas políticas, los injustos juicios sumarios, los asesinatos en el paredón? ¿Será la participación en esta represión una condición indispensable asociada a obtener el pasaporte?,

Montan otro teatro político en contra de los EU para continuar justificando las violaciones a los derechos del pueblo de Cuba que el Estado ha dejado de respetar desde el mismo momento en que estableció una Constitución en contra de sus derechos escondiendo los intereses del poder detrás de la panacea del socialismo.

La amenaza hace un alegato a la convención de Viena, pero si esta contiene dentro de sus estatutos el sostenimiento de la discriminación, exclusión o algún tipo de diferenciación en cuanto a derechos de educación, no es adecuada para los tiempos actuales. Porque si el Estado cubano permitiera la capacitación técnica y profesional no condicionada a la política de gobierno y un pensador diferente al sistema tuviese iguales derechos que un privilegiado partidista, entonces sí podría catalogarse esta actitud de subversiva, injerencista y enemiga, pero mientras la discrepancia política esté penalizada solo es una actitud de justicia de un país hacia un pueblo excomulgado de derechos por un poder dictatorial.

El lenguaje agresivo y belicoso del gobierno cubano, no solo hacia los EU sino hacia cualquier Estado que condicione de algún modo las relaciones diplomáticas con los derechos humanos no ha variado durante 50 años. Los intereses del poder, y para mantener el poder, están por encima de cualquier tipo de instrucción o razón de conocimiento. El monopolio de la información en manos del único partido gobernante deja ver claramente mediante estas conductas que la gratuidad de la educación es cobrada con la fidelidad política incondicional.

Las oficinas habilitadas en cualquier institución acreditada en el pais no adiestran revolucionarios para golpear y atacar en las calles, o arremeter contra las casas de los pacifistas como hordas de facinerosos, tampoco especializan o instruyen en el arte del terrorismo y la guerra. ¿Cómo entonces puede ser subversiva e injerencista? La única razón que puede haber para la oposición a tales gestos de fraternidad es la negación abierta del derecho de aprendizaje y educación. Que en última instancia pone en riesgo al gobierno como dictadura.

 

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