Los reyes magos desterrados vuelven a Cuba.

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El niño se olvido de la notica debajo de la cama para los reyes magos pero el padre escribió.: deseo que no hallan más gobiernos que se roben la inocencia.

Faltan unos minutos para las 14 horas cuando entro a la calle Neptuno, rumbo a la casa de la difunta Laura Pollán, que Dios ponga en el lugar de gloria que le corresponde y que aquí en Cuba, en su Patria, no le dieron, el gobierno por dictadura y el pueblo por cobarde.

Un tránsito apestoso y purulento masacra indolente la tarde con un del Sol de retazos escondido tras nubes grises. No hay frio, ni calor, ni viento y la gente parece haber tomado por asalto el mísero paisaje. En la esquina de la calle Hospital los taxis ancestrales que la Revolución ha dejado como símbolo del desarrollo se han detenido. Unos uniformados de policía casi arrastran a un individuo con las manos esposadas a la espalda hacia una patrulla situada a la izquierda. Es el acostumbrado operativo, ya casi vuelto tradición que el poder castrocomunista coloca alrededor de la manzana cuando hay alguna actividad en casa de la fallecida líder de las Damas de Blanco para impedir el acceso a los interesados. Eso me digo, mientras pego el auto entre dos taxis buscando confundirlo para tratar de pasar inadvertido. Las suaves vocecitas de las tres niñas en el asiento trasero me trastornan el alma al pensar que nos detengan impidiéndonos llegar para la celebración del Día de Reyes, que Fidel y la Revolución sepultaron en el lodazal de sus perversas egolatrías imperiales después de la toma del poder por medio de las armas.

El tránsito continúa y cruzo cerca del carro policial buscando de reojo el rostro del apresado intuyendo que sea algún conocido opositor, pero no lo logro. Me equivoqué, me vuelvo a decir después de haber pasado por la zona de peligro. ¡Zona de peligro! y vuelvo a decirme: me equivoqué, zona de peligro para los pensadores diferentes al castrocomunismo es cualquier lugar dentro de la Isla. Detengo el auto frente a la puerta, la humilde y pequeña casa de la maestra de escuela está repleta de niños y madres.

Tomo la cámara y comienzo a dispara balas de felicidad para los niños y mortíferos plomos para el poder dictatorial. Una foto vale por mil palabras dicen los sabios de las fotografías pero hoy no se cumple el adagio porque no puedo plasmar el dolor del pasado en ellas. Vuela el alma y cae como un pájaro herido despedazándose sobre los arrecifes de la Revolución.

Primero fue así: los juguetes fueron desapareciendo de las tiendas, los últimos los tomaron a precio de ladrón los revolucionarios. Después aparecieron en las libretas de racionamiento seguidos de ansiosos días de expectativa en espera del carro que los transportaba. Más tarde padres y madres corriendo en desbandada a las puertas de las tiendas para formar terribles colas de varios días de insomnio.

Una vez a algún sesudo revolucionario se le ocurrió la idea de cambiar la cola por el asalto al mostrador, entonces cuando abrían las puertas, si es que antes el empuje de la chusma no hacía saltar los vidrios despedazados, la muchedumbre se lanzaba hacia los mostradores que muchas veces eran desprendidos y arrastrados del lugar. La gente se apeñuscaba y se peleaba hasta que intervenía la policía que aun era respetada porque no había entrado en la corrupción del presente. Las personas más educadas y decentes, no por el índice académico sino por tener una formación más profunda sobre el respeto, quedaban para el final y tomaban después el juguete más simple y sencillo para sus hijos. Casi siempre eran los guajiros, los cristianos, junto a “gente de alcurnia” como se les decía en forma despectiva por parte del populacho comunista a la clase media. A medida que pasaron los años se fue olvidando el respeto y los que no se marcharon desterrados al exilio se fueron agregando a esta plebe que se acumulaba frente a las tiendas cuando se acercaba el día de los reyes magos. Claro, los verdaderos magos eran los padres para poder dar un juguete a sus hijos.

Han traído un payaso con una mandarina de nariz. Los niños están bien apretados, sentados en el piso, pienso en el poder, que para hacer los vandálicos actos de repudio, dar golpes, esposar a las Damas de Blanco y no dejar pasar a los admiradores cierran la calle al transito con uniformados y agentes de civil en las esquinas, con la desfachatada y vergonzosa declaración de que se trata de “protección”. Hoy se olvidaron de la “protección” para los niños, los infantes cuyos padres no comparten las ideas del poder no necesitan “protección”. Laurita baja vestida de blanco y se coloca delante de los pequeñines para decir en pocas palabras los motivos de la celebración. Hace mención a la sensible maestra, su madre, que durante tantos años entregó el alma y el corazón educando niños de su amado pueblo y que después como única alternativa dejada por el inmisericorde poder castrocomunista se lanzó a la calle junto a otras esposas y madres pidiendo la libertad de sus esposos e hijos condenados a décadas de prisión, por el solo delito de ejercer sus derechos correspondientes a la condición humana y a pesar de toda esa tragedia no se olvido del día de reyes para los niños atormentados como lo hizo el poder.

Al mencionar Damas de Blanco el payaso asustado exclama: “ah, esto tiene que ver con las Damas de Blanco”. Al escucharlo sonrío con burla y le digo: ¿no lo sabías? Pienso en decirle: “estás en candela, se te acabaron las payasadas, vas a perder la nariz de mandarina”, pero me parece que está asustado de verdad y si lo asusto más puede salir corriendo y olvidarse de los niños él también; entonces no me quedaría más remedio que hacer de payaso y no sé si lo lograría. El gracioso hombrecillo exclama: “Bueno, yo soy cristiano no tengo que ver con la política” La justificación del miedo al poder con el cristianismo: una magnífica y generalizada forma para evadir la responsabilidad con la justicia social. “Yo también” -le digo. Soy adventista”. –“Estás en problemas si lo saben. Hoy es sábado”. -exclama. Dejad los niños que vengan a mi porque de ellos es el reino de los cielos, dice el versículo -le digo. El payaso no me responde y queda meditando quizás en su situación o previendo los posibles problemas futuros para seguir con su trabajo. ¿Qué cristianismo practicará este cristiano? me pregunto. No sabe que para Dios no hay nada oculto y que el cristiano trabaja para Dios primero y después para los hombres. Recuerdo la lección del día 13 de diciembre del libro Crecer en Cristo donde dice: Deberes cívicos (Rom13:1-7). “El cristianismo pone a Dios primero en todas las cosas, y evalúa toda acción y responsabilidad desde esta perspectiva. Por eso se opondrá a la discriminación en cualquier forma, aun si es oficialmente sancionado. Al mismo tiempo los cristianos pagan impuestos, participan en los deberes cívicos, respetan las leyes del tránsito y los reglamentos sobre la propiedad y cooperan con las autoridades civiles para controlar el crimen y la violencia”. ¿Cuántas veces a las puertas de esta casa se ha cometido violencia amparada o ejercida por las autoridades? -me pregunto.

El proyector colocado encima del aparador se enciende y sobre la pared se proyectan algunas imágenes donde aparece Laura Pollán vestida de hada, tratando de entregar un minuto de felicidad a los hijos de los encarcelados. Mientras los cuadros van pasando, la canción compuesta por Amauri Gutierrez a Laura se deja escuchar y como si una disciplina de sentimientos invadiera el lugar, niños y adultos entonan un coro solemne al son de la música que se traga el ruido amorfo de la ciudad.

Lo recuerdo como si fuera hoy: mi madre un día, después de muchas noches de insomnio frente a una de las tienda logró el heroico triunfo de traerle una muñeca rubia a mi hermanita. Venía en una caja rosada y por fuera decía: “Lily”. Gran hazaña la de mi madre trabajando para el Estado en una pizzería, unas veces de día y otras de noche. Más de 10 horas diarias para recibir a fin de mes un miserable salario. Ya los niños se iban olvidando de las sensibles carticas dejadas debajo de la cama la víspera del día de reyes. Ahora la cándida ilusión infantil del juguete ansiado y la conformidad el día después con el recibido, estaba absorbida por la antropofagia comunista. El ideal imperial de Fidel Castro iba acumulando en el basurero de la historia las más pueriles tradiciones de un pueblo.

El payaso parece haberse olvidado del susto y saca un títere que hace reír a los niños. Se pone una gran cabeza de ratón y crea divertidas competencias premiadas con juguetes, por un Santa Claus que ha aparecido a la sazón. Bailes, saltos de alegría y más risas de todos vuelven a tragarse el ruido de la ruinosa ciudad de zombis y zascandiles. El medroso payaso termina y sacamos con mucho cuidado a los niños hacia la acera para hacerles una foto. Yo siento miedo de que se aparezca una turba comunistoide, de segurosos y educados universitarios como alega el oficialismo que son los atacantes y todo termine en tragedia. Los adultos se colocan frente a los niños para evitar que uno de los autos que circulan a más de 30km atropelle a alguno. Logramos la foto y volvemos adentro. Es la hora de los regalos. Los Reyes Magos desterrados al exilio por la dictadura y otras personas de buena voluntad han provisto un obsequio para cada niño, sin que para ello tengan que gritar una consigna política , ser pionero, asistir con una pañoleta atada al cuello, recitar una poesía de combate o expresar odio hacia los EU. El pequeñito del pelo rubio, hijo del opositor desaparecido en dudosas circunstancias ha recibido un hermoso camioncito que rueda por la acera en compañía de otro pequeñín. “Es el primer juguete que ha recibido después de nacer” -dice la madre.

Los recuerdos siguen fluyendo, a medida que fue avanzando el proceso hacia el comunismo el día de reyes y los juguetes fueron desapareciendo de la tradición y de las tiendas. En algún momento fueron sustituidos por una emergente industria artesanal clandestina que después el renuente Estado se vio en la necesidad de aceptar. No por el bien común para los niños sino por recaudar tributos ante la imposibilidad de controlar la materia prima robada al Estado. Así algunos niños pudieron jugar con rústicos juguetes, mientras otros, hijos de padres honrados que no se habían corrompido, miraban con deseo y tristeza.

Berta Soler y Laurita terminan de entregar los regalos y un beso a cada niño. Ahora sí las fotos hablan, pero no más de mil palabras porque no lloran como muchos cubanitos que no tienen un juguete porque los padres no se han corrompido, o mezclado con la indignidad hasta la denigración de su condición humana; a los cuales les fuera mejor la muñeca de trapos, el caballo y el machete de palo, la yunta de buey de botellas de coca cola y la carreta hecha de una lata de sardinas vacía de un día del pasado cuando existió para pobres y ricos un día de reyes.

El Sol ha declinado y detrás del gris el amarillo se tragó el blanco y las sombras de la bitácora arquitectónica del feudo revolucionario se han ido alargando y deformando hasta formar grotescas figuras, demasiado rancias para asimilarlas sin repugnancia. Los niños terminaron la rifa y la piñata descargó de su vientre caramelos y muñequitos que desaparecieron en el desespero de gritos y bracitos que se extendieron hasta tocar los sueños perdidos. Más tarde, ya casi cuando el sol se enterraba en el horizonte los cake se fueron escondiendo en cajitas de cartón acompañadas de confituras que todos tomaron y comieron con sumo deleite. El payaso sentado en un apartado lugarcito permanecía impávido como si un éxtasis de nostalgia lo hubiese embriagado, o un tribunal lo hubiese sentenciado a cien años de soledad. Luego lo vi recoger su cabeza de ratón y su títere y marchar cabizbajo por la acera mientras lo seguía con la vista hasta la esquina orándole a Dios porque no perdiera su nariz de mandarina en manos de la Seguridad del Estado y pudiera seguir haciendo reír a los niños cubanos.

 

 

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3 respuestas a Los reyes magos desterrados vuelven a Cuba.

  1. luigi dijo:

    Excelente articulo. Pero sobretodo, como bien señala, las imagenes de esos niños contentos por un momento de sus vidas, dicen mas que mil palabras, junto a sus padres y familiares. Ojala que pronto esas imagenes vuelvan a ser parte permanente de la vida cotidiana del pueblo cubano.

  2. Toni Montana dijo:

    Que triste lo que sucede en Cuba, este escrito es prueba de ello. Hasta cuando dios mio. Culpables somos todos los cubanos.

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