La basura del socialismo

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Lunes 25 de marzo de 2013. El  sol fuerte del medio día  se prende a retazos sobre la tierra, el viento del norte, para donde escapan los cubanos en busca de libertad  sopla arrastrando hacia el sur nubes grises que se desasen unas de otras con la misma rapidez que se hacen. Un grupo de  personas esperan en la parada, arremolinadas en la acera  debajo de la sombra de un árbol. Casi al frente se alza majestuosa la maravillosa construcción de la fábrica de aceite abandonada por los desajustes ministeriales del gobierno. La melancolía oscurece el paisaje.

A pesar de encontrar estos abandonos muy  a menudo en los recorridos por cualquier parte de la ciudad no me acostumbro a ellos.

Son miles de necesidades y miles de construcciones inutilizadas por el burocratismo, la irresponsabilidad y el bajo nivel de conciencia del partido que gobierna. La revolución contrarrevolucionaria, el socialismo capitalizado como un feudo no ha sido capaz de hacer otra cosa que destruir hasta el alma.

Tomo  la cámara y dejo plasmada en la toma la gran torre que alguna vez antes y quizás unos años después del 59 echó humo y esparció el grato olor del aceite cocinero por el barrio  mientras decenas de  obreros acurrucados dentro de la gran construcción laboraban para sustentar a sus familias. Pero esa vida fue en el capitalismo, ahora es un cadáver gigante  que asoma como un fantasma dentro de esta ciudad de fantasmas que respiran.

Cuanta historia puede haber detrás de una foto y quien será capaz de adivinarla, no obstante cada una y en cualquier lugar del mundo por sencilla que parezca, esta  circundada por  un poderoso  espíritu abarrotado de nostalgias y sentimientos que como un rio atraviesan espacios insospechados del alma. Componen  una fórmula mágica de hacer retroceder el tiempo.

Una anciana cruza la calle colgada del brazo de otra, el auto que viene practica la cortesía de no tenerla, la más joven retiene la abuelita al borde de la acera y el auto cruza indolente. La imagen de  mi madre se posa en la mente mientras subo  al ómnibus. Cuando bajo ya el norte se ha puesto oscuro, una lobreguez insípida avanza  hacia la ciudad pero aun el sol se le escapa a las nubes haciendo deslumbrar los pocos edificios que están pintados.

Dos policías  le están diciendo algo a un  hombre con aspecto de indigente mientras llenan un cupón del talonario de multas. Cruzo cerca y me detengo en la esquina con la intención de inmiscuirme pero la prudencia se impone. El individuo esta vestido con una sucia  ropa verde olivo, pienso en la cámara para una foto pero siempre me guardo de respetar lo más posible los espacios individuales.

Cerca de los tanques de la basura hay una carretilla artesana con dos sucios  recipientes encima. Deduzco que el hombre es un buzo (nombre que se le ha dado a los recogedores de desperdicios en las basuras) y por eso lo están multando. El Estado arremete contra este tipo de personas que no han encontrado otra forma de ganarse el pan. Subsisten deambulando por la ciudad y hurgando en los tanques de basura o en los basureros donde se acumulan los desechos. Allí encuentran sobras de comida para sus animales y numerosos objetos y prendas de vestir que recuperan para reutilizar o comerciarlas después de limpiarlas, o repararlas.

Pero los basureros ocultan algo más que desperdicios inutilizables para quienes los tiran. Los productos que por negligencia, falta de responsabilidad o con pretensiones  corruptas en muchas ocasiones tienen ese destino.

Por ejemplo cerca de donde vivo existía uno en un  centro estatal que unos le  llaman la Corporación,  que se dedica al cultivo de plantas ornamentales y la administración de un restaurante- bar dedicado a recibir personas solo por invitación predestinada. ¿Quiénes son los invitados? Elegidos en los centros de trabajo donde la ideología política es determinante, otros son militares. En ocasiones también   hacen festejos de entidades gubernamentales que por algún fraude se ganan el galardón.

Además  de la invitación donde se le garantiza la comida, se les oferta una cuota de bebidas, licores y confiterías subsidiadas a precio asequible a un salario medio.

Los desperdicios de ese lugar iban a parar aquella aislada explanada, pero en varias ocasiones depositaron decenas de bandas de cerdos congeladas que aun podían ser aprovechables. Era   pleno periodo especial(epoca en que dejamos de parasitar a la URSS) Quien las deposito dijo que solo estaban pasadas de tiempo y olían a nevera, no se aceptaban para el consumo del restorán. El zoológico nacional está a solo unos Kms del lugar pero no se llevaron para el consumo de las fieras. El barrio se abalanzó como aves de rapiña sobre la montaña de carne. Los custodios al ver el desparpajo regresaron con una vasija de petróleo  a prenderle fuego, la gente se ocultó y cuando los gendarmes se retiraron arremetieron de nuevo hasta que aparecieron policías.

Más tarde supe que ocultaban un acto negligente y delictivo. Una parte de esta carne se dedicaba al mercado negro y  podía ocurrir que por un imprevisto no se traficara.

Cientos de cajas de cartón aprovechables también iban a parar aquel lugar para ser pastos del fuego.  Todos los años cada cierto tiempo aparecía un camión con decenas de cajas llenas de hojas con facturas y transacciones  de tiendas, hoteles y restaurantes que comerciaban  en  moneda convertible.

La primera vez quedó un guardia hasta que el fuego las consumió, pero siempre quedaron algunas que pude tomar y cuando escudriñé, las dudas mordieron como feroces lobos el pensamiento.

En  una ocasión trabajando como maquinista en uno de los barcos de la flota del Caribe trasladamos a Venezuela pacas de papel para la industria venezolana. Esto reportaba para Cuba considerables ingresos.

Todo aquello devorado por las llamas podía ser reciclable. Además, las hojas por un lado no se habían utilizado, y en los policlínicos y consultorios escaseaban el papel para una receta médica. Muchas ocasiones a los médicos  les asignaban una cuota insuficiente.

¿Aquello seria solo una negligencia más?   Al final tuve el beneficio de utilizarlas para escribir mis descargas espirituales muchas de las cuales sirven hoy para alimentar este blog.

El otro basurero situado en la cantera oculta más evidencias de la incapacidad del gobierno para gobernar. Se acumulaban toneladas de productos reciclables que luego los buldóceres sepultan en las hondonadas que dejan abiertas cuando extraen la tierra.

Quizás en algún momento fueron a parar medicamentos vencidos o inservibles producto de las negligencias, como los descubiertos por Calixto Ramón Martínez, el reportero que por el delito de descubrir ese delito permanece en prisión y al borde de la muerte hace ya más de seis meses. En las fotos aparecen envases de medicamentos que pueden utilizarse o reciclarse.

Me detengo próximo a la esquina. El hombre da unos pasos inseguros. Luego queda pensativo guardando algo en su bolsillo. Espero unos segundos hasta que los policías se alejen, pueden regresar, y confundidos, intentar tratarme  con el irrespeto y la falta de ética que tratan a cualquier cubano, siempre imponiendo la intimidación antes que la razón. Comportamiento que no permito sin manifestar rebeldía.

Entonces me dirijo al hombre.

Buenos días amigo. Le importa si le pregunto  porqué lo multaban.

El hombre apenas me mira, termina de hacer la maniobra y luego alza la vista con indiferencia, mira a su alrededor y me dice: por el carnet en mal estado.

-Me deja ver la multa? Acabo de romperla y botarla.

-Porque le pidieron el carnet. ¿Hizo algo indebido que les llamara la atención?

– No nada, pero así pasa. Uno de ellos es el jefe de sector persiguen, extorsionan y chantajean  en el mercado a los  vendedores de javitas y de bisuterías que revenden para sostenerse,  ancianos y ancianas que viven de eso, pero con otros hacen arreglos para buscarse lo suyo.

De cuanto le puso la multa?

De 7.50

Cruzamos la calle y él se acerca a la carretilla

-Que tú haces?

Recojo de la basura los desperdicios de comida para dar comida a los cochinos.

Me imaginaba algo parecido, pero una bofetada no me hubiese causado mayor efecto, no sentí ira sino dolor, vergüenza quizás por aquella juventud, por aquella policía creada por el sistema castro-socialista, que poco combatía el desorden y la corrupción, sin embargo era capaz de multar a un infeliz hombre que con solo apreciar su apariencia debía causar lastima, digna de compasión, no atacarlo, sino protegerlo, cuidarlo, ayudarlo.

Le extendí la mano y me presente como periodista independiente y defensor de derechos humanos pensando siempre que para aquel inculto hombre eso tendría poco significado, pero podría darle confianza para una conversación abierta donde descargara su impotencia y desdicha.

Ah, periodista. -Repite mientras me alarga la  huesuda y sucia mano.

-Si

-Ah, pues mira lo que sucede, estos policías siempre están jodiendo y lo que tienen que hacer no lo hacen.

-Se acerca al tanque y escarba, mete la mano y saca residuos de pan. Me parece una buena oportunidad para una foto y le pido permiso para hacerla.

Pero la cultura del miedo impuesta por el poder ha calado hasta en las capas más bajas de la sociedad aun aquellas que materialmente tienen poco que perder. Como una epidemia en mayor o menor fuerza nos ha contaminado a todos, unos más que otros, nos lanzamos al mar o iniciamos cualquier aventura por peligrosa que sea, realizamos el acto más denigrante y corrupto antes de enfrentar la dictadura. Cualquier cosa es preferible antes de desafiar la política del poder. No se trata solo de la censura al derecho y la libertad, dentro de nosotros cultivamos la autocensura. Basta enseñarnos la bota para sentir la patada.

Hoy escucho por la radio que un grupo de cubanos  habían robado una embarcación para escapar de la isla y fueron a parar a las Bahamas. Tres  mujeres efectuaron una huelga de hambre cuando conocieron la posibilidad de la deportación. Huir, escapar es la palabra de orden. Para otro país puede ser emigración, para el cubano es huida.

Tira los desperdicios en los recipientes y alzando la cabeza me contesta.

-no, una foto no, puede traerme problemas.

-bueno puedo hacerla a tu carretilla.

-si

Mientras hago la foto comprendo que tengo suficiente espacio virtual para que el salga, pero no soy capaz de traicionarlo aunque en el fondo seria justificable, para protegerlo.

El está claro que podría traerle problemas y con los que tiene le bastan. Ese es el pensamiento superficial y generalizado. Nadie comprende la magnitud de su propio problema, mucho menos que enfrentando un problema puede evitar muchos a otros y librarse del propio.

Es la actitud del zombi. La   independencia convertida en adorno, la libertad un lujo y el derecho una metáfora ideológica innecesarias para la vida de un títere.

A él se los traería, yo los tengo y de hecho son un motivo para amar la vida, sentir el problema del otro  que no es mío.

Mientras introduce las manos y hurga como ardilla en la nieve buscando la nuez guardada unos meses antes del invierno, descarga una secuencia de denigrantes  calificativos a la revolución y al presidente los cuales no creo que estuviesen lejos de la demostración histórica, pero no apoyo una acusación de quien no tenga el valor para atestiguarla de frente, aunque tenga la más grande de las razones.

Del otro lado de la calle una señora en un auto blanco estatal escucha en silencio. Quizás dentro de si, esconda su cobardía en calificar al hombre de un demente. Aunque  pienso esto como una  especulación, es un producto clásico del vivir cotidiano.

-si quiere le dejo mi teléfono por si le sucede algo o intentan molestarlo. Le digo

-si

-Tomó un lápiz y un  pedazo de papel de la basura y le escribo el número.

Mire, aquí tiene, no lo pierda, si tiene problemas me llama.

-Llévese mi nombre: me dice.

-Pues claro. Me regresa el papel indicándome que lo  dividiera y tomara un pedazo. Esto  me da una idea que no es tan  escaso de inteligencia en la práctica.

Escribe. Me dice: Amen Francisco Gómez Tarrago. Sabes, ellos se estaban burlando por el apellido.

-Dime también donde vives, iré a visitarte para que me cuentes sobre tu vida.

-Vivo lejos, del otro lado del puente.

Esto parece una paradoja. El pobre recorre grandes distancias buscando la comida de sus cochinos.

-Bueno, lo dejo en su trabajo. No pierda el teléfono y llame en caso de ser reprimido.

El norte se ha empañado y los nubarrones ya comienzan a cubrir la parte nordeste de la ciudad. Parece que dentro de unos minutos comenzara a llover, pero no la primera lluvia de la   primavera  comenzada  unos días atrás, sino producto de un frente frio rezagado por el cambio climático.

Al llegar al apartamento conecto el televisor. En la pantalla aparece Nicolás  Maduro dando un enardecido discurso donde resucita  a Chávez para reencarnarlo en su inepto cuerpo de  mediocre y oportunista  líder de circunstancias.

Enarbola la  bandera  del socialismo del siglo XXI como una panacea social. Dará pan a los hambrientos, saciará la sed de los sedientos y abrigará a los desnudos. Esa demagógica promesa repetida tantas veces  por Fidel Castro, es el medio que lo conducirá al poder. Me gustaría preguntarle al buzo su opinión al respecto. La mía no la expresare. Soy un hombre con demasiados problemas por buscarse.

Unos minutos después todo se oscurece y  comienza a llover. Las descargas eléctricas estremecen la ciudad. Pienso que Amen, el buzo que fue multado, no debe haber llegado a casa y esta guarecido en algún portal. Sus vasijas donde están los desperdicios para los cochinos pueden estar llenándose de agua. Nadie le invitara a pasar; no es un policía con olor a pulcritud, sino  un apestoso buzo con hedor a sancocho. El policía si debe estar bien resguardado sin acordarse de  Amen.

¿Qué conciencia, sentido de lo humano y amor por el prójimo tendrán estos jóvenes entrenados para establecer el orden en este infierno de isla?

Al otro día Amen me llama por ayuda. No sé si había pensado con menos miedo o lo habían molestado en verdad. Me dice: publícalo todo en el noticiero o donde quieras

Pobre Amen me digo. El me cree un periodista que puede interactuar con la prensa oficialista. Quizás crea que los medios de comunicación creados por el sistema permitan la defensa del pueblo de abajo y de adentro, sacar a la luz las verdades e injusticias cometidas por el gobierno. Quizás desconozca que la prensa oficial está solo para defender el poder y limpiar la caca del presidente y su partido y besarle los pies a la dinastía de los castros.

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5 respuestas a La basura del socialismo

  1. job38elvive dijo:

    Muy interesante, bueno y real, toda esta historia, la historia de todos los dias en Cuba.
    Dios le guarde y proteja, buen trabajo.

  2. luisa dijo:

    y tu cuanto pagaste por estudiar.en el mundo entero hay reciclaje.cuenta algo novedoso.

  3. joselon dijo:

    como se ha perdido todo y lo que falta todavia

  4. Soy estudiante de Periodismo en Panamá, un hermoso pequeño país donde la libertad de prensa en un regalo divino del cual todos disfrutamos. Al leerle me siento inmensamente sorprendida al ver como en medio de todo lo que ocurre en Cuba todavía existan periodistas que defienda sus derechos y los de sus conciudadanos, eres un gran ejemplo.

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