Soy bloguer he resusitado

Me llamo Agustín Valentín López Canino. Transito la ciudad de la Habana de regreso a casa. Es un día del mes de julio y un sol veraniego me quema el cráneo. Tengo el estomago y el bolsillo vacio, también tengo un blog en internet que se llama dakaisone derivado de la palabra griega dakaiosune que se traduce al español como justicia, pero hoy no pude publicar y estoy consternado.

He recibido una amarga decepción amorosa por una mujer que amo, no es la primera ni será la última aunque siempre quiero que sea la última.

Ha llovido y el agua me entra por los zapatos. No es mi peor par de zapatos tampoco el mejor, ni es mi peor día; los he tenido muy buenos. Quiero que los días así pasen rápido, siempre me han dejado buenos recuerdos porque he sobrevivido dueño de mi cerebro sin permitir que otros piensen por mi y eso es bastante para un hombre.

Quiero destruir el poder y que no sea más poder. Que la libertad fluya y el amor florezca. Para ello solo cuento con mi cerebro. No creo que necesite mucho más, aunque tengo un montón de hermanos en lo mismo.

Libré por muchos años una sangrienta batalla a muerte entre un yo nacido y otro yo imbécil creado para existir. Venció el nacido, el yo que soy y empezare a contar en estas páginas. Aunque casi todo está escrito no tengo tiempo ni recursos para confeccionar un libro lo cual fue mi intención. Tampoco tengo la suficiente  cultura para ello.

El primer título pensado fue “la multa” porque apenas unos años después que comenzaba a escribir un custodio de un parque en una parada de ómnibus me puso una multa por pisar el césped donde no existía césped. Me dijo que algún día iba a existir o había existido.

Después cuando me rebele públicamente contra el sistema, un día que me llevaban esposado y cruzaba frente a la Plaza de la Revolución pensé en cambiar el primer título y ponerle “dekaisone en las fauces de Satanás” pero ahora cuando pretendo publicarlo lo hare con el título de “Soy bloguer, he resucitado” porque sino encuentro la blogosfera solo después de muerto quizás hubiesen descubierto que un hombre escribía para saber que existía.

Los nombres utilizados casi todos son reales, excepto aquellos que por olvido o ética no he podido utilizar. Que me perdonen para la resurrección aquellas personas que ya han muerto, siempre creí que iban a estar vivos cuando los nombrara.

Solo pido a todo el que lea hacer un compromiso moral consigo mismo. Págue algo con justicia a la altura de su convicción y la apreciación de lo leído según la bondad de su corazón. No importa a quien. Esto parece algo fuera de lógica y quizás hasta debilitado de ética pero mucho menos que las guerras y la política. Siempre escribí por necesidad espiritual para encontrarme a mí mismo. No quiero morir rico, tampoco de necesidades. Si alguien no puede dar nada no se preocupe yo lo he pagado con la agonía de la impotencia. Perdónenme los que se sientan ofendidos o lastimados, no fue mi intención. Mi dolor fue más grande cuando escribí.

Ahora que se haga la voluntad de Dios y ilumine lo que yo no he podido alumbrar. Las estrellas tienen luz propia y el hombre la luz de Dios.

Porque Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta sea buena o sea mala. El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno y el hombre malo del mal tesoro de su corazón saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla la boca. Palabra de Dios..

Capítulo I: Una muerte ilógica

Era el año 1975 no se si después de la primera mitad o antes, porque las páginas de la libretas donde escribía con las esperanzas de ser escritor se pusieron amarillas primero y luego se despedazaron en los rincones en un cuartucho amontonadas como cadáveres sepultados en la indiferencia. Cada cierto tiempo las miraba y se encendía la esperanza de colocarlas en un libro como un romántico sueño de infante que se perdía al poco rato en lo cotidiano de mantener la familia. El tiempo no me favorecía y hacia otros apuntes que también quedaban empolvados de silencio. Pero los recuerdos quedan apresados en la ingrata memoria y así quedaron estos de cuando comencé la historia metafórica de un cuerpo despedazado por la metralla que se convirtió en una hipótesis egocéntrica de la justicia.

Decía que era el año 1975 ya había cursado el primer año de estudio en la Academia Naval o lo terminaba. Había pasado la hora del medio día y me atrevería asegurar que se acercaban las 15 horas cuanto sentí las descargas de los fusiles, creo que fueron tres. Los estampidos señalaban hasta la casa de la guardia que franqueaba la entrada a la unidad donde un guardiamarina armado de un SKS cubierto la cabeza con un casco metálico verde olivo de guerra y atravesado su cuerpo con las dos hileras de la cananas que exigía el reglamento, permanecía como una estatua turnándose con otro cada dos horas. Nunca le encontré lógica a esta severidad en las guardias. No estábamos en guerra con ninguna nación, pero así son los códigos militares que para mí carecen de lógicas.

Cuando corrí empujado por la curiosidad solo alcance a ver algunos guardia-marinas corriendo rumbo al edificio central donde ya existía una aglomeración de uniformes. Me acerque pero no pude ver nada. Lo que había ocurrido estaba marcado en el pasado, pero todos comentaban del cuerpo que habían subido al jeep con un enorme boquete en el abdomen por donde brotaba la sangre mezclada con pedazos de carne y ropa chamuscada.

Se trataba de un recluta del servicio militar obligatorio que lo había castigado en el calabozo por causa de una indisciplina. La guardia lo había sacado para el almuerzo y el joven aburrido del encierro pretendía no dejarse enclaustrar más en los dos metros cuadrados de celda. Echo andar hacia el comedor haciendo caso omiso al comandante de la guardia que le ordenaba detenerse. El comandante, un guardia-marina de tercer año de nombre Manolo ordeno a tres guardia-marinas subordinados tomar los fusiles y dispararle al joven que no se detenía. Abrieron fuego y el eco absorbió la tarde y se trago el bochorno del silencio. La distancia de tiro no sobrepasaba los 100mtros. Los proyectiles del potente fusil impactaron la espalda del hombre que al instante cayó de bruces sobre el pavimento retorciéndose como una serpiente y esparciendo una mancha carmesí que se ampliaba por segundos tornándose negruzca al impregnarse en el uniforme verde olivo. Por unos instantes nadie se percato de los acontecimientos excepto los que habían disparado y el comandante de la guardia que corrió hacia el lugar quedando sorprendido como un niño asustado después de haber roto las reglas de los adultos, al ver el cuerpo que se desangraba. Algún oficial reclamo por un vehículo y subieron el cuerpo a un jeep, que tomo loma abajo a toda la velocidad que pudo serpenteando la sinuosa carreterita hasta que se introdujo en el pueblito del Mariel, pero todo fue en vano, el cuerpo cuando fue depositado en la cama del hospitalito ya no tenía vida. El resto de la tarde cruzo tediosa e intranquila y no lograba encontrarle lógica aquella muerte. Un rato después el jeep subió con la fatídica noticia que se expandió como un vendaval por toda la unidad. La noche se abalanzo sobre el círculo militar entrelazando los pálidos rayos de la luna entre las nubes. Las estrellas reflejaron sus brillantes estentórea despreciando el azul del mar que adornaba la bolsa de la bahía y un poco mas allá, donde estaba el Norte que más tarde atraería a miles de cubanos atormentados por las necedades revolucionarias, pero que en aquel instante no contaba sobre el futuro de los que ingenuamente habíamos tomado el errado camino de defender el socialismo. Tome el lápiz y trate de desahogar la impotencia. Por instantes veía al joven caminando de espalda a los fusiles y luego caer con el boquete en el abdomen, luego la imaginaria silueta de los padres recibiendo la inesperada noticia. Todo me parecía desatinado y fuera del contexto de lo natural, entonces las hojas de una libreta comenzaron a resumir la mezcla de absurdos que me tocaría vivir en el futuro.

Es 20 de agosto del 2013 y son las tres de la madrugada, vuelve el sueño a escapar como un pájaro asustado hacia un lugar desconocido mas allá de la muerte. Hasta cuando robaras mi sueño mujer amada, hasta cuando este amor seguirá acumulando sustos en el abdomen arrastrando el alma por sobre las escabrosas piedras del infortunio, me pregunto mientras desfallecido ante tanta impotencia me arrodillo a orar a Dios. Necesito tu abrazo y ese te amo fingido o real que pronunciabas como un suspiro cerca de mi rostro pegado a mi cuerpo desnudo cuando aplastaba tus pechos erguidos como montañas con mi boca insaciable a la caricia.

Dios mío hasta cuándo me devorare a mí mismo. Hasta cuando estaré agonizando entre tantos recuerdos mientras la noche se convierte en un infierno dantesco donde miles de diablos se burlan de mi amor y me despedazan sin compasión.

Ha llegado el día, la luz entro por la ventana y el ruido de la ciudad espanto el silencio. Hoy es 20 y debo ir al hospital para que Juan Carlos el urólogo me diagnostique lo del arqueo del ancla.

Una de las jimaguas se levanto y me acaricio con ternura. La fiebre que la había atormentado por varios días ha cedido y están mejorando.

Salgo y camino por detrás de Capdevila para acortar la distancia al Hospital Nacional, circulo por uno de los últimos barrios hechos por esta zona, la calle parece un lodazal, no han asfaltados los interiores de la manzanas y un agua turbia se acumula frente a las casas que se ven en buen estado y pintadas como objetos anacrónicos en aquel paisaje deprimente. Hago unas fotos como si después fuera escribir algo al respecto, pero me percato que ya no vale la pena, toda la isla esta así, la revolución la ha convertido en un desperdicio de hombres y basuras o de hombres basuras, o de desperdicios sin hombres.SONY DSC

La suerte me sonríe y encuentro a Juan Carlos en la puerta del hospital fumándose un cigarro. La alegría me invade al verlo, el sonríe quizás pensando que solo lo busco cuando necesito de el, no se imagina como estoy viviendo. Este pensamiento negativo me avergüenza pero no tengo nada que darle y no vale la pena ni tratar de explicar.

Espérame frente a la consulta me dice, así lo hago y unos minutos después entra y me llama, me examina y me dice: no te asustes no es nada maligno ni complicado, con 15 sesiones de ultrasonido y laser debe solucionarse el problema, tranquilo, el ancla seguirá algo arqueada pero no continuara deformándose. Me despido de el con un sentimiento de gratitud que difícilmente el pueda imaginar, muy pocas veces recibí favores sin devolverlos duplicados. Ahora ni tan siquiera puedo devolverlos.

Regreso a casa de mi hermana y le pregunto si en el policlínico de Capdevila al que ella pertenece dan el tratamiento. No está segura y nos vamos allá, el laser no funciona nos dice la encargada esbozando una sonrisa de condolencia.

Mi hermana se queda y yo sigo buscando auxilio al hospital Julito Díaz, voy a los salones de fisioterapia y converso con una técnica. Me indica que debo ser consultado con especialista del hospital para que el autorice el tratamiento. Voy por las consultas y encuentro a Rafael un medico conocido del barrio, lo saludo y le cuento el problema. Me envía al licenciado Galindo que es colega de el. Transito por todo las salas del hospital buscándolo, descubro decenas de habitaciones en un estado lamentable pero no traje la cámara y el teléfono no hace fotos, sin embargo en la sala donde dice terapia de turismo todo esta pulcro y cómodo, es como si no perteneciera al hospital, quizás los salones de terapia sean los mismos, no lo sé, pero la sala de recepción es muy diferente a las utilizadas para el pueblo. Al fin encuentro a Garlindo y su negativa a ayudarme. Dile a Rafael que esto no está firmado por un médico del hospital y que no tengo espacio, varios fisioterapeutas están de vacaciones y los pocos que quedan no alcanzan.

Esta demás decir lo que sentí al escuchar sus frías palabras, ni tan siquiera fueron compasivas. Sentirse que alguien te niega el amparo cuando una enfermedad te ataca es peor que sentir la piel desgarrada a latigazos, es imposible de calcular le desespero de un enfermo aunque su dolencia no sea de muerte. El licenciado esgrimió un lenguaje de celador como si me expulsara de una fiesta a la que yo había ido sin invitación a divertirme. Nunca podría hablarle así a un enfermo que busque tratamiento, por lo menos le daría esperanzas o lo trataría con ternura y compasivamente, menos si lo enviaba un colega. Regrese a donde estaba Rafael y se lo dije ya no con la intención de resolver la situación sino de que supiera el comportamiento del colega.

Durante el tiempo que estuve frente a las habitaciones de fisioterapia no hubo acumulación de público, ni vi trabajar las técnicas atosigadas, al contrario nada allí hacia ver que trabajaban a plena capacidad, inclusive la primera técnica que me atendió solo me dijo que me asegurara que un médico del hospital firmara la indicación que ella me iba atender. Pero el negro alto y flaco llamado Galindo había negado la autorización con la indolencia de un verdugo.

Me fui pensando en los médicos que se van al exterior a cumplir misiones y abandonan a los suyos arrastrándose detrás de migajas y sobras para vanagloriándose de lo que obtienen después, sin percatarse de que no solo son mendigos sino esa acción los convierte en miserables cuya dignidad navega por las aguas albañales que recoge la ciudad.

Al frente del hospital una cola de los viejos autos entrados al país antes del 1959 y re motorizados hace algunos años resuelven el problema del transporte que en 53 años de revolución se agravo tanto que el gobierno tuvo que ceder hasta permitirle a los propietarios el transporte de personal. Siempre me pregunto cómo los cubanos alimentan el bolsillo para pagar el pasaje en ellos.

Saco mis cuarenta centavos y me dirijo a la parada. Arriba el sol desgaja los laberintos de la vida. Debajo de un árbol la tierra está cubierta de flores amarillas que se acolchonan como mariposas muertas. Estoy en Cuba y soy cubano de abajo y de adentro y creo en la libertad sin sustos ni miedos aunque la dignidad siga aumentando el cauce de las aguas negras que transitan por debajo de la ciudad.

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