Soy bloguer he resucitado

Laberintos

Si las palabras brotan y los hombres sueñan como tontos para buscar cualquier cosa, una rosa, un gesto o un caminar coqueto con agradable olor a mujer. Si viste la tierra y hace hermoso lo que no es. Las piedras parecen cobrar vida y las estrellas están más cerca que ayer, sobre tus pasos, lo que sé que no existen, y sin embargo pienso en ti. Te veo pasar de un lado a otro como ayer, estiro la mano para tocarte pero y si no eres nadie, ¿qué hago?, escribo con versos de poeta el deseo de tu cuerpo ardiente y me sostengo con el calor de tus senos suprimidos al dolor de amar.

Si mi pluma se levanta será como un garrotazo sobre los mediocres, porque espantada y endurecida se dijo: no existe violencia que no engendre violencia ni arma que no haya sido hecha para lastimar. Solo las palabras aun cuando ofendan pueden dar razón de la verdad y hacerla brillar como la luz más refulgente aun cuando esté escondida por la fuerza y el poder.

Me pregunto y pregunto a la humanidad: ¿Vivimos para buscar justicia? Entonces la primera cualidad del hombre es entenderse con el hermano y olvidar la ofensa del día anterior. ¿Vivimos para el amor? Entonces la primera cualidad del hombre debe ser entregar amor, dar el lugar menos sufrido al hermano. ¿Vivimos para dar felicidad a los niños? Pues entonces la primera cualidad del hombre es ser como un niño, despreciar la represión y el poder de la fuerza? ¿Vivimos para la purificación de la naturaleza? Entonces la primera cualidad del hombre es purificarse a si mismo. ¿Vivimos para la salud? Entonces la primera cualidad del hombre debe ser hacer que la sociedad posea salud, sanar en el hombre su alma adolorida, enajenada y enferma por las incapacidades de los dictadores llenos de egolatrías y concupiscencias, de ambiciones de poder antes que del principio altruista del amor hacia la perfección sin el castigo de conciencias oprimidas. ¿Vivimos para la libertad? Entonces la primera cualidad del hombre debe ser conocer la libertad, comprenderla, no oprimir ni censurar al hermano por causa de egoísmos, dejar que fluya la libertad ajena, así estaremos contribuyendo a la nuestra. Solamente cuida que esa libertad no sea prisión para otros.

Para el sabio no hay ofensas, el necio lleva la ofensa dentro, mal perverso que le recome al odio. Un hombre libre no odia. Quien intente negar lo sabio, será como derramar agua sobre un hierro al rojo vivo, el hierro se enfría, pero el agua no desaparece, sube a la atmosfera, para luego regar los campos con la seguridad de hacer crecer los arboles y dar frutos para las nuevas generaciones. ¿Vivimos para erradicar las hipocresías sociales? Entonces la primera cualidad del hombre será eliminar su propia hipocresía, mutilar su cobardía.

Si las palabras salen y se viste de gloria la tierra y mi pluma se levanta y se espanta endurecida: ¿quién es el culpable?

Es la calamidad de la penosa sobrecarga sobre la vergüenza. El desprecio, la ingratitud y el deseo de hacer algo. Ahora me pregunto: ¿Quiénes pagaran?, los verdaderos culpables. No, porque ya nadie es culpable. ¿A caso se conseguirá la burla del traidor y se ofenderá el muerto? No, los muertos no se ofenden y el traidor no se puede burlar, todo es cuestión de conceptos y el traidor ya no pertenece al juicio, porque esto es un juicio y en el banquillo voy a sentar dictadores, condenar terroristas que exponen violencia como extraña forma de vivir. No hay pena ni causa, la prosperidad es el desprecio inhumano, la libertad es cuestión de palabras y discusión. Así se consume el muerto y la madre con la existencia impura de la tierra. Ya se vuelve impune el presidio.

Ciego, tan ciego que no la vi. ¿Que más? Acaso se puede impedir el hecho que el tiempo franquee la entrada y como un volcán eche su lava sobre la razón.

No es reprochar lo justo para matar lo alegre, ni criticar; la libertad está en la sangre del hombre y esto no lo considerare erróneo mañana.

La impaciencia de los pobres pesa sobre la conciencia humana, se estremece y cae como semilla en el arduo campo de la vida, el tiempo es testigo de todo.

Siguen los muertos asustados, perdón, los vivos, porque el tribunal no habla, son precisamente muertos vivos, no se ven, pero se presienten. Eso, el aliento, de él es la culpa, el aliento en la sangre en la tierra, el aliento a sargazos, a bestias sucias. ¿Quién quedara para ser un eslabón mas de la gran cadena, porque ya los locos no están en la pendiente, se desprendieron? Ahora ruedan cuesta abajo chocando con los monumentos de piedras y las estatuas de los grandes hombres que ruedan al vacio. Es hora de escuchar sentencias, no de cumplir leyes, ¡ley! es casi la mentira. La justicia es el amparo de la injusticia, el baluarte de la verdad que se come los muertos, el estandarte de un espíritu que pide un muerto a la vida, no, mentira, que lo vuelvan a matar.

La madre llora, las tumbas son frías, pero ahora de ella sale el sol. Hay muchos espantados, de pronto la sala esta vacía, solo queda el muerto, los muertos, porque en cada silla hay uno, son muchos los muertos, son todos muertos, de pronto todo se estremece, el tigre emite un gran rugido, la virginidad de la virgen fue violada, el cuerpo se enfría, se abre una inmensa puerta, luz, luz y unos pasos. Es la bella, no, no, es la cascabel, no, no, se equivoco el fiscal, es Eva con su belleza natural. Lo más bello que pueda existir, pero aun no se dijo la verdad porque ni yo mismo vi a nadie, pero sé que es la hembra, el olor nunca lo confundo, se me erizo la piel, me calienta el cuerpo, salte, un gran salto justo a tiempo. El vacio. Era un diablo, pero mentira, si nada se veía. Se ponen tristes los corazones. Los culpables aman y les duele ser culpable. Entonces viene en un carro fúnebre la justicia con muchas flores y chillan los animalejos en la selva. Ahora el tigre se calma, abre un hueco en la tierra, todo es beneficio, cualquier cosa, cualquier cosa aceptan, total si el que va a escribir es el más viejo, celebran su llegada al mundo acaba de nacer, preparan su primer aniversario pero no tiene padre ni madre, quizás el muerto dormirá en paz. Y el último día que; ¿hubo justicia? porque al fin sabré cual es el último día de ese espíritu insaciable que los hombres se matan por el y así se mataran los enjuiciados. Solo los locos pueden ser libres, en las mismas cárceles en las mismas celdas que son encarcelado los demás, pero ahí no termina el juicio ni la justicia se calma, se clama por algo mas, los espectadores se muestran impacientes al igual que los acusados, el jurado y el muerto se han vuelto de lado en la tumba, pero su cara todavía no está aun frente a la tierra, quizás haya tiempo o le den algún tiempo para decirle a la madre que no era su hijo, o sentarse en la propia tumba para ingerir algún alimento.

A pasado una etapa, una etapa consiente, una etapa completa. La sombrilla del odio comienza a tapar el sol de la mentira como el hombre se alimenta para poder vivir. La justicia está echada a la sombra de un árbol como para podrirse mientras que gotas de sangre cubren a los siniestros vampiros que con sus hazañas pretenden devorar el mundo. Ya paso y para el próximo muerto. No es el próximo muerto sino el próximo día. En las puertas de una casa está sentado un juez justiciero y desnudo, de los cabellos largos y la barba cana pero no se mueve, escribe para la sala.

Como poder confiar en lo que entienden, mejor confió en mi mismo que me entiendo algo y por lo menos se que pienso y entonces intento traducir lo entendido que no entiendo por eso no me entendéis, porque yo entiendo por los que no entienden pero no lo que ustedes no entienden pues yo por querer entender termino por no entender nada como si lo hubiese entendido todo. Y cuando el juez termino de escribir se fue desnudo a comprar un hacha grande y camino hacia el monte donde encontró un árbol gigante y sin pensar si quiera si lo iba a derribar enterró el hacha una, dos ,mil veces, millones de veces pero el árbol no se derribaba pues en lo más alto de su ramaje unas pajarracos estaban escribiendo la palabra justicia.

Más allá, en lo alto, en el fondo azul del cielo las estrellas estaban encendidas como iluminando la tierra para no morir, pero no da tiempo. Ya se abre de nuevo la sala y otro juez se asoma al letrado, no tiene barba, parece un pequeño siervo. Se está disolviendo una nube que paradójicamente se aprecia entre el delirio de la brillante luz que no llega. Esta vez al comenzar la sesión se oye una voz y después un coro que termina por gritar la palabra culpable.

El juez, enrojecido el rostro con la sangre que se derramo en el parto grito: silencio, silencio. Ya la sala estaba enloquecida, con el ruido se vio caer un pedazo de cielo que cubría al muerto, apareció Dios esparciendo por la tierra un olor a salitre. Por un momento se hizo silencio, parecía que todo estaba terminado, al fin se sabría quien era el culpable, pero aunque todos preguntaban Dios solo dijo: es el hombre, es el hombre y el juez con cara de siervo dio un tirón a la túnica que voló como un ave de mal agüero sobre todas las cabezas humanas y grito: se acabo la sesión y salto por la ventana más alta sin preocuparse siquiera de que aun el muerto no estaba en paz.

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