Soy bloguer, he resucitado

Laberintos

La paradoja de Neón estaba frente a la escalera de vidrio, por ella subieron jueces, fiscales, representantes de la miseria, de la ciencia, los enfermos, los viejos y los muertos. Se veían mucha gente mutilada. Un niño deforme con una gran hidrocefalia se arrastraba mirando hacia todas partes ausente por completo de lo que pasaba, menos aun de lo que iba a pasar, el no sabría nunca que la muerte lo acogería con extremada dulzura antes que alguno de los presentes se percatara. Detrás del niño avanzaba una mujer que le faltaba un ceno y en el otro se le habían caído pedazos de piel, la carne purulenta asomaba en el desgarro. Un buitre posado sobre su hombro le sacaba la lengua al fiscal, pero el buitre no era el responsable de su ceno dañado sino un cigarro que colgaba de sus labios manchados de sueños. Seguía el ascenso por la escalera de vidrio. Lo menos que se vio subir fue la razón. Muchos trataron de entrar pero como no había espacio algunos se incrustaron en el techo como una pintura rupestre. El de la hidrocefalia resbalo y provoco un derrumbe de cuerpos al derramar el líquido cefalorraquídeo por la escalera, unos se prendían de los otros y los arrastraban indolentes. Todos querían representar la justicia.

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