Soy bloguer, he resucitado

Laberintos. El bobo del tiempo:

Abriéndose paso y apartando desperdicios se dejo ver en la puerta el bobo del tiempo. Cargaba muchos trastos recogidos en los basureros de la civilización. Los bolsillos estaban abarrotados de periódicos viejos. De la cintura le colgaban calaveras, fetos deformados, cohetes nucleares retorcidos y viejos tibores cubiertos de sarro, por los huecos de los zapatos salían y entraban cucarachas y ratones con rostros humanos. Respiraba tan fuerte que el ruido hizo resonancia en los espejos y las farolas, que al igualar sus longitudes de onda estallaron en cientos de pedacitos esparciéndose por toda la sala como mariposas en caídas letales. De la boca entreabierta y torcida manaba una amarillenta baba que corría por sus harapientas ropas hasta llegarle a la cintura. No podía definirse si en sus gruesos labios se dibujaba una sonrisa o una mueca. Sus ojos no fijaban la mirada y daban vuelta en sus orbitas quedando en el blanco por segundos. En su cabeza grande como la de un elefante traía en un equilibrio natural una canasta repleta de bichos raros de los que comía sin parar. La espantosa figura llego hasta el centro de la sala y grito: justicia, justicia. El pintor detuvo el pincel en el instante en que colocaba un crepúsculo en el cerebro de un presidente o de un papa nadie estuvo seguro en identificarlo y el pintor ya se desvanecía dejando una sombra en el piso.

La madre del muerto que ya se juzgaba grito desesperada señalando con el dedo hacia la cabeza del bobo: miren sobre la canasta esta la balanza. En cada una de las bandejas se distinguían cuerpos desechos y chamuscados, cabezas recién desprendidas del tórax goteaban sangre y movían los ojos parpadeando sin cesar, por cierto todo humano. Desde uno de los rincones más oscuros de la sala se alzo la voz del físico: es la basura de mi laboratorio. ¿Cómo pudo robarla? Justicia, justicia.

El bobo del tiempo comenzó a dar vueltas y reírse a carcajadas estremecedoras, la baba de la boca formo una espuma blanca que le cubrió el rostro: es epilepsia objeto un poco nervioso el genio de la medicina. Entonces en un gesto de pánico, el muerto que era el juez y que estaba pintando señalo con el pincel hacia la parte superior de la balanza y dijo: cuidado, mírenla como vuela, es el águila con cabeza humana, puede lastimar los ojos y dejarnos ciegos. Pero el bobo con la mirada vuelta hacia el cielo no le temía y le escupía su baba amarillenta sin dejar de reírse, entonces el muerto rio también y tomo un puñado de gusanos de dentro del cuerpo y lo lanzo al fiscal cubriéndole la túnica negra de manchas blanquecinas. La madre ya no llora se enfurece y de pronto salta por encima de todos y cae en la silla del juez, hace sonar la campanita y pide: orden señores, orden. Todo quedo en silencio. Solo la risa del bobo del tiempo no se apago y seguía dando vueltas mientras el sin dar la espalda se deslizaba lentamente hacia la puerta arrastrando sus harapos y cachivaches por el piso de la sala donde iba dejando un rio de baba. También la balanza se movió con él. No hablo pero hasta el muerto supo que volvería el último día para aplaudir el fin del juicio. Quien es el culpable, vocifero alguien que luego fue seguido por un coro de voces. ¿Quién es el culpable; repetían todos.

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