Soy bloguer he resucitado.

 

  frente a mi tinajonchosa de mi madre SONY DSC

“De sueños vive el amor, de pesadillas el odio”.

Día miércoles 15 junio 2011

Abro los ojos y miro a la pequeña claraboya justo encima de mí. Una tenue claridad penetra a través de la abertura. El cálculo de la noche se vuelve inexacto. Por un instante creo en la duda de los sentidos, quizás este amaneciendo y haya perdido en esta noche las exactitudes sensoriales abarrotada las capacidades encefálica de tantos enredos estrangulados al límite de la razón. Grilletes de mediocridades atenazan la personalidad real. El pensamiento analítico reclama un espacio de lógica sin tregua que de paso a los restos de inteligencia subyugados al desastre familiar y social de una época apocalíptica de evolución filantrópica. Escucho gritos desesperados que penetran al tinajón cuadrado como las tinieblas de la noche abriendo grietas al sonambulismo. Me siento en el catre y consulto la hora: 03 con 31 minutos. Las dudas sobre la inexactitud del cálculo sobre el tiempo se fueron, no es el amanecer, sino la madrugada. Los instintos se conservan, y los lamentos de mi madre hacen ecos en los tímpanos, recorren el laberinto, la cóclea, el yunque y golpean con el martillo sin intervalos todo un pasado desafortunadamente cruel donde un niño es víctima de la tortura sicológica por la mujer donde refiere todo su mundo interior de ilusiones y sueños. El reflejo de un amor frustrado enterrado en narcisismos indolentes desembocan en un desajuste sicológico, inexplicablemente haciendo aborrecible el amor volcado hacia la inocencia.

Salgo fuera del antiguo crematorio de cadáveres de aves. Todo está quieto. La brisa parece haberse escondidos en los pálidos rayos de una luna redonda y clara casi hermosa como una mujer enamorada. La resignación nutre las espectrales sombras de los arboles haciendo rompecabezas de sus mapas biológicos sobre la seca tierra. Cubro la distancia hasta la choza dejándome arrastrar por pensamientos inocuos y conclusiones distorsionadas favorables al infortunio como justificación. Sin dudas fui diferente desde el primer respiro. No creo que la vida lo haga a uno otro de como se nace. Se es así, como se nace y sin remedio es el cultivo del árbol nacido, por que las diferencias entre la misma clase social no es abismal sino semejante, como una cultura de costumbres, y aun entre clases sociales las desigualdades materiales son las notables.

La intensidad de los gritos aumenta a medida que me acerco, el nombre de mi hijo turnado con el mío y el apodo de su nieto acompañado de golpes en la destartalada puerta, retumba en la quietud de la madrugada. Cualquiera sirve, en los momentos de desesperación nos aferramos aun de la muerte, trocando la salvación en eutanasia. Ya al frente de la pocilga la observo por las grietas de la ancestral madera recogida de los basurero, porque a ella el trabajo para la “revolución” no le alcanzo para más que el sustento y cuando la agregó la venta del pan por las calles, una ulcera se le aferro en la planta del pie y no ha sanado hace casi 10 años. La observo, sostiene un viejo machete en la mano derecha con el cual golpea sin cesar mientras grita con los ojos inyectados de desequilibrio nervioso reflejando terror en el arrugado rostro. Al verme se sobresalta y balbucea con un ligero temblor en la mandíbula inferior: Hijo alguien metió la mano para abrir la puerta. Me quieren robar. Las incoherencias con la lógica me lleva a pensar en una alucinación de su mente torcida y gastada atormentada por la soledad, pero la incertidumbre en cuanto a la denigración generalizada del hombre como ser social me hacen rodear la casucha y buscar entre las sombras el posible ladrón, luego regreso y me quedo mirándola con dolor e impotencia. Nadie pretenderá robar su miseria, me digo, mientras ella permanece ajena casi a la realidad, repitiendo sin cesar lo de la mano oscura introduciéndose para abrir la puerta. Su figura avejentada, el rostro arrugado y el cabello blanco sentada sobre el camastro y rodeada de tanta miseria me hace recordar algún cuadro visto o imaginario de la edad media.

Sigue repitiendo sin tregua lo de la visión sabiendo que dudo de la credibilidad, mueve las manos con un temblor incontrolable. Ustedes dijeron lo del dinero que me dio Lisbet, ahora todos lo saben y vinieron a robarme, balbucea con el rostro desencajado.

Escenas de la tarde pasan como saetas de fuego por mi cabeza cuando en un arrebato de ira incontrolable me maldijo todo la mas que pudo por tener su chequera guardada y luego cuando me negaba a entregársela para que no la perdiera golpeaba la cabeza contra el zinc que hace de pared, entonces cedí a su capricho pero grave la conversación con la intención de ver si cuando la pidiera podía recuperarle la mente y así librarme de sus reproches que me causaban tanto dolor. Al pedirme la chequera ahora después de haber pasado el susto, le fui a poner la grabación donde rectificaba el recibimiento de la chequera y el dinero cobrado, pero con los ojos chispeantes de rabia y locura, poseída de demonios, contestaba queriéndome hacer desaparecer más que aceptándome como hijo que la cuidaba, me parecía que más que un trastorno mental de la vejez no quería aceptar la razón. Esto no lo comprendía y al final no lo acepto porque esos empecinamientos los conozco desde niño. Esa mente malograda entre lo malsano y lo compasivo ha trastornado parte de mi existencia viéndome forzado a luchar contra una introversión y una timidez casi enfermiza. Me pide agua y la bebe a sorbos descompasados y espasmódicos. No sé, pero algo parecido sabía que le ocurriría, porque creo que su enfermedad no es tanto de la mente como del alma. Cuando la abandone por la tarde, después de haber escuchado de su boca terribles improperios, la tristeza acentuada por la impotencia me hacían sentirme frustrado, el dolor del alma rosaba como una áspera cuerda lacerando cualquier próximo minuto de existencia, no creía merecerme tales desprecios, ni perversidades, pero como dice un devocional tengo un DIOS que jamás falla en las horas de dolor y de lagrimas cuando se piensa haber llegado al fin. El es santo, no hay otro como él. Será refugio en el momento de crisis. Yo le doy gracias porque aunque nunca he pensado en que es el final busco la esperanza cuando las razones para amar se despedazan como un cuerpo arrastrado por los arrecifes de la costa, entonces me parece verlo mirando hacia abajo compadeciéndose de este hombre de la tierra.

Poco a poco se va calmando y decido volver al tinajón cuadrado, a reanudar el sueño o enredarme con los soliloquios haciendo soñar los pensamientos, otra tristeza peor me aprisiona el pecho. Mi hija mayor cumple un año más, un día 15 de junio apenas sin percatarme me convertía en padre, pero apenas sin percatarme también quería ser el padre elegido por ella si las condiciones fueran a la inversa, el que yo quería tener, puesto que de dentro del vientre no se elige nada lo menos justo era vivir por y para ellas, no creo que lo haya logrado completamente pero lo intente tanto que sufrí un desgaste de sentimientos. Han pasado ya las cuatro de la madrugada. La luna continúa su caricia de enamorado sobre la tierna tierra que en un gesto de nobleza no se rebela y lo absorbe con melancolía de ensueños. Los reflejos de las mustias luces de la ciudad se refractan en un espacio sideral indeterminado atravesando el silencio de los blancos estratos, tomo el móvil y escribo un mensaje para mi hija tratando de no delatar mi dolor: felicidades, ámense más cada día, las quiere papa, un beso.

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