Soy bloguer he resucitado

 

 Otra muerte ilógica. Inoslan y laberintos 1995.

 

 

 

Bienaventurados los que lloran [(enlutados)], porque ellos recibirán consolación. Mat 5:4

 

Brota la venganza en un carro dorado y lleno de armaduras echa de huesos carcomidos por el tiempo. Se estremece el cielo. En la cuna de las nubes brilla como el oro el sol de la tarde, como la sangre de Inoslan brotando por el orificio de la bala. Después, casi prendido a ese carro dorado, unidos por un gran eslabón esta la violencia, jactanciosa, congraciándose en su armadura como el oficial de la prisión enfundado en su privilegio de quitar la vida, no brilla como el oro, pero esta resplandeciente, orgullosa de su función en aquella caravana, que brota del sepulcro. Esta armada, lleva muchas almas hechas de lo podrido de la tierra. Algunas cubiertas de repugnantes gusanos largos como serpientes, le siguen el odio, el rencor y así sucesivamente, todos enlazados por eslabones nuevos y ya al final va la justicia, delgada, decrepita sin brillo, atada por mil cuerdas diferentes y sin armaduras.

La madre de Inoslan está frente a mí. Las lágrimas brotan de sus ojos como dos torrentes de ternura incontenibles, no hago nada por contenérselas aunque me prometo que algún día quizás cuando ya pocos recuerden a Inoslan su nombre saldrá en alguna parte de la historia. Mi hijo había entrado al platanal y se había robado unos plátanos. El custodio le disparo y lo dejo tirado en la tierra, casi se desangro. Me dice. No le pregunto más para no reavivar su dolor. Unos días antes el gobierno había autorizado a los custodios a disparar. Los que roban unos plátanos merecen la muerte, los que le roban la vida al pueblo la gloria, pienso mientras dejo atrás el barrio de Inoslan donde había ido a comprar muelles para mi trabajo de colchonero. Inoslan era muy joven, tenía 16 años o 17 años.

 

13 de febrero 1994. Y por estos disfrazadores de las mentiras, mi niñita y mi hermana fueron donde los restos de la chiva que se le ahorco a Fernando, allí quedaba la cabeza y el mondongo (el rencor y el odio deben sacar el dolor que de mi no se desprende, pero no logro odiar ni alimentar rencores).

 

Día Domingo 12 junio 2011 estoy rescribiendo días del pasado, como duele no tenerlas cerca hijas mías, he amado demasiado, desde ayer me tiembla el pecho, parece que la nostalgia hecha raíces.

 

 

 

 

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