Soy bloguer he resucitado…..

 

Primer día del mes de julio, lunes. Una cálida lluvia acaricia la tierra. La hora de internet paso sin darme cuenta, hoy no tengo prisa por nada, estoy en paz, las tormentas con la mujer amada se repiten pero como el buen marino cada una suma la experiencia a la anterior, el pensamiento de abandonar el barco y dejarlo en medio de la tormenta se ha ido desplazando por el de afrontarlas, atravesarlas y salir al otro extremo, claro con la ayuda de Dios.

Baje del apartamento casi a las 10, sin nada para publicar, pero seguro, confiado hacia donde Dios me conduce. La calle esta húmeda, una brisa fresca acaricia el esqueleto de la ciudad, el sol esta oculto entre grises nubes que viajan azuzadas por el viento hacia un lugar desconocido por los hombres. Todo me parece raro y lejano. La gente caminando, unos con sus paraguas extendidos como si la lluvia no hubiese cesado, otros los han recogidos y se mueven balanceándolos al ritmo de sus pasos. En la panadería una cola de cuerpos opacos y resignados a la servidumbre se alarga hasta el infinito para comprar el pancito normado que el gobierno les asigno 53 años atrás como consumo diario, cuando los Castros se adueñaron de la isla. En el cable del tendido eléctrico se ha posado una tórtola que se rasca con el pico una de sus alas. Después de dos cuadras me doy la vuelta y regreso. No he dejado huellas pero no estoy perdido. Un papel húmedo en la acera me indica que ha llovido y he cruzado por los cúmulos de aguas en los desniveles sin mojarme los pies dentro de los zapatos. El árbol vestido de rojo se hace un punto en esta monotonía inmunda. Quién sabe si estoy ausente de mi mismo o me encuentro para diluirme en los soliloquios de un espacio que abrazo y no toco. Regreso donde está la mujer amada inconforme con su condición, buscando un lugar que no encuentra porque ese lugar está dentro y erradamente lo busca fuera. Muy sigiloso abro la puerta con la llave que me quita siempre cuando peleamos sin saber cuánto detesto las llaves porque me parecen que siempre encierran algo. La encuentro frente a la computadora escribiendo una noticia sobre la comunidad LGBT con un enfoque errado. La acaricio con ternura para darle seguridad y me dirijo al cuarto. Tengo deseos de escribir un poema pero acabo en la bodega buscando el azúcar de la cuota para el sustento situada por la revolución hace 50 años atrás con la intención de que todos tuviesen los alimentos necesarios para satisfacer sus necesidades, pero tuvo el efecto contrario, al comienzo pareció tener algún efecto positivo porque todavía quedaba algo de la producción libre capitalista disuelto en la isla, luego el retroceso se hizo evidente y el 90% de la población quedo insatisfecha. Hace unos años atrás el presidente Raúl Castro hizo un intento por librarse de este compromiso eliminando la libreta de racionamiento sin calcular cuántos dependían de ella, todo pareció indicar que no tenía una apreciación real. La inconformidad se hizo evidente mediante algunas consultas con la población y entonces desistieron de la idea. Quedo mirando las cuatro personas que hay en la cola y al bodeguero más joven maniobrando con la libreta y una lista de comprobación adicional para evitar errores, trampear o ser víctima de la trampa, el otro tan grueso como un hipopótamo manipula con una palita los productos que después lleva a la pesa donde por lo regular escapan algunas onzas para equilibrar el salario y satisfacer sus necesidades. Todo me parece absurdo, la cola, las cuatro personas que están delante, las javitas, los productos, la libreta y la lista adicional, la balanza manipulada, mi figura grotesca y tonta esperando los resultados de la mediocridad de otros en un intento por aceptar el anacronismo, la rareza del pensamiento independiente que me envuelve en una nube de raciocinio extremo sujeto a la inconformidad y la impotencia, sin embargo, encuentro en la sonrisa del bodeguero grueso una armonía discordante que escapa del absurdo y salta esta miseria espiritual hasta un lugar más decente iluminado y transparente. La sonrisa del bodeguero y la lluvia acumulada en los desniveles de las aceras determinan el contacto real con la existencia. La mujer amada me envía un mensaje que el opositor Y a llegado para entregarle la constitución que le ha pedido unos días antes, que regrese rápido. Conociendo sus temores sicopáticos acompañados por la ingenuidad, abandono la cola y regreso, comprendo que lo que necesita es mi presencia para evitar situaciones desagradables en las cuales incurre su responsabilidad y comportamiento. En verdad no es mi presencia lo que determina sino su inseguridad tan profunda como la de una niña a punto de ser adolecente, solo que el desfasaje con la edad la vuelve un infortunio. Subo saludo a Y y regreso a la cola, compro el azúcar y tres paquetes de espaguetis fuera de lo planificado para el ridículo sustento y vuelvo a la casa. La mujer amada se retira colocandome en el compromiso de atender a Y cuya conversación de egocentrismos no me interesa mucho aunque le tengo afecto. Pierdo más de una hora hasta que decido terminar y retirarme para seguir escribiendo. Y se marcha y le aclaro a la mujer amada que no me comprometa mas a perder el tiempo, yo tengo mi línea independiente cuyo sistema de trabajo está basado en la relación elegida por mi y en el momento que yo considero propicio Dios mediante y aunque parezca que sigo a otros solo me sigo yo, no porque mis razonamientos sean superiores a los de otro más capacitado, sino porque no son inferiores. La mujer amada necesita la constitución para justificar una defensa de derechos basados en apreciaciones de sentimientos personales tratados de llevar por la simpatía a parámetros políticos que desconoce y que aunque los conociera se salen del una justicia transparente y ausente de formalismos, lo que puede conducir a un nuevo fraude como el ejercido por el poder. Unos minutos después llega W sin para devolverme la memoria que le había prestado el viernes. Dice que el día 8 tiene la entrevista para asegurarse el exilio político en los EU porque su hijo se ha lanzado al mar dos veces, pero que si fuera por él no se iría.

Todos tenemos una justificación evidente y argumentada para largarnos de este endemoniado país, nunca más poderosa que para quedarnos y hacer de nuestro país un país mejor que para el cual escapamos. La gloria del hombre cabe en un grano de trigo como dijo alguien, es mas en un ataúd que después de unos años queda reducido a polvo para cumplir la sentencia del creador, pero no es la gloria ni conquistarla lo que llena la vida sino el camino para llegar a ella, porque la esencia de la gloria es el camino, el regocijo placentero de la conquista es efímero, después de unos minutos se hace tedioso, aburrido, desabrido y cansón. Del otro lado de cada cumbre hay una pendiente que se puede convertir en un abismo cargado de vanidades. W me deja las cubanews y discretamente hago que se marche rápido evitando en lo más posible causarle molestias a la mujer amada que no se muestra muy a gusto con las amistades que no le reportan algún beneficio.

Almorzamos con un néctar de tensión esparcido por toda la casa. Termina su trabajo sobre la LGBT y va a enviarlo a Cubanet. Para cuando ella regresa yo había hecho las labores hogareñas lo cual le resulto agradable, la alteración le disminuyo. Cerca de las 18 llega W y le comunica que el documental “Cantos” donde aparecemos se va ha exhibir en estado de SATS, sus fantasías infantiles la conducen a una vanidad ingenua que en realidad no me agrada pero me activan la sensibilidad en el sentimiento que siento por ella. Me es difícil controlarle todas las emociones para que no le dañen y conducirlas a fortalecer nuestra relación. Un minutos después de las 23 vuelve a recogerse en sí misma y la dejo leyendo un libro que no me gusta nada porque lo ha tomado como un fetiche, pero tengo que darle espacio para que reaccione y confiar en Dios. Tendrá otros minutos de fantasía y luego se acostará a mi lado y me dirá un te quiero sin pensar en mí, pero aun sin los ecos de la traición.

Un temblor de misterio se apodero de mi mano y me trague el poema acariciando la tórtola posada en el tendido eléctrico.

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