Soy bloguer he resucitado. No es salir sino llegar.

31 de julio 1991. Cerca de las 09 de la mañana salgo para Santo Domingo en bicicleta, una prueba contra mi mismo, 259 km aproximadamente. No es salir sino llegar, escribí cuando eche el piso del escusado. Ya el piso esta partido y siempre veo la última parte: llegar.

10 de agosto 1991. Llegue a las 12 de la noche aproximadamente, transite 200km, podía haberlo hecho todo, pero escuche un consejo.

La noche antes del 31 de julio.

La hermosa muchacha estaba casi desnuda sobre la cama, había terminado de bañarse y su cuerpo bien formado despedía una fragancia de azahares que incitaba a la caricia sin límite. Su suave piel y su tierna mirada conmovían al menos sublime de los hombres, la bese con ternura sintiendo el calor de su piel, la amaba pero algo en ella detenía mi entrega completa. Le hice el amor y luego los dos dormimos uno abrazado al otro, sintiendo el aliento de nuestras vidas a cada instante de la noche que fluía afuera florecida de estrellas y nubes de algodón que se desasían con el viento. Al amanecer volví a la caricia presintiendo que me iba a ausentar por varios días. Al final del recorrido que pensaba hacer me esperaba mi esposa que aunque habíamos roto las relaciones, no habíamos roto los vínculos sentimentales. Yo no era capaz de abandonar completamente a nadie que sintiera por mí. Nos levantamos en silencio, nunca cuando yo emprendía algo ella tenía objeciones aunque no le agradara, eso para mí la hacía una gran mujer. Quizás había creído una locura la carta de protesta que había escrito por la creación de la Villa Panamericana habiendo cientos de familias que necesitaban un hogar donde vivir, pero me la transcribió. Quizás también había creído una tontería la visita a Baguer en el Foxa cuando no se había descubierto como un bajo traidor a la libertad, pero me acompaño.

Mi primo decidió llevarme hasta la autopista para que no perdiera mucho tiempo, ella fue y cerca de las 09 nos despedimos con un abrazo. Subí a la bicicleta convencido de llegar. La mañana estaba fresca, no había viento, solo una ligera brisa acariciando la planicie aun envuelta en roció. La bicicleta que llevaba no era sofisticada, se trataba de una bicicleta rusa normal comprada uno días antes a un conocido, llevaba como herramienta una llave múltiple y una bomba de aire por un posible ponche.

Los primeros 30 km transcurrieron casi sin percatarme disfrutando de la belleza de los campos cubanos que a pesar del daño hecho por la revolución siguen mostrando la esencia de una divinidad extraordinaria. La primavera los reverdece cuando ya se piensa que están calcinados por la seca, después de los primeros aguaceros el verde va retomando el paisaje con una portentosa exuberancia y pulcritud para cubrir como una manta toda la floresta. Los restos de yerba que parecen haber muerto retoñan con fuerza invadiendo el suelo. Cuba aun es hermosa. Si fuera un exiliado nada consolaría la nostalgia al recordar este tesoro de isla.

Apenas he sudado pero ya el sol está calentando y siento que la piel va sufriendo la caricia de sus rayos. Unos ciclistas me cruzar por el lado, marchan sin mucha prisa en su entrenamiento diario, después de un rato los veo regresar por la otra senda. Los 80 km iníciales hasta llegar al primer conejito no los notaron mis músculos, hice un descanso de unos minutos sin injerir nada solido y continúe. Ya eran cerca de las 12 y el sol quemaba, la brisa se había caldeado y tendía al sofoco, trate de no esforzarme, aun quedaba más de la mitad del trayecto. Obte por refrescar cada 20 o 30 km, después de los 100km los músculos empezaron a doler al subir las pequeñas elevaciones pero nada serio. Tenía la seguridad de llegar, estaba confiado. Quizás por los 150km me detuve en una casa a pedir agua, me atendieron con gran amabilidad. Era un matrimonio ya mayor, no recuerdo sobre que conversamos los minutos que estuve allí, querían que comiera algo pero lo rehusé, el estomago lleno no es recomendable cuando se hace un gran esfuerzo. Su gratitud nunca la he olvidado. Quizás ellos sintieron curiosidad por aquel barbudo que pretendía transitar otros 100km hasta la otra provincia pero no hicieron preguntas. Cuando volví a la carretera los músculos estaban adormecidos con el descanso pero a los 10 minutos ya habían soltado la pereza. El cielo al frente se puso gris y una brisa suave batió de frente, las nubes como cucarachones gigantes se acercaron y la brisa se hizo viento obligándome hacer un esfuerzo superior. Los músculos se tensaron hasta cerca del engarrota miento, pero los mantuve con destreza para no permitírselo. Pronto la lluvia se derramo, no era intensa pero me refrescaba todo el cuerpo caliente del sol, el placer era inmenso y me quitaba cansancio. El viento que me golpeo de frente no llego a ser fuerte y solo se mantuvo durante 20 o 30 minutos. En el entronque de Playa Larga unos jóvenes bicicleteros me hacen compañía por un tramo, luego se agarran de una carreta tirada por un tractor y me invitan a que lo haga. Rechazo la invitación y les digo que es una prueba. Prueba de que? Dice uno. Contra mí mismo, les digo. Hacen un gesto de indiferencia sin comprender, y se alejan hasta desviarse unos km después. Ya faltando unos km para el segundo conejito, siento el agotamiento pero no llego a estar cansado, decido reducir las etapas del descanso y estirar los músculos caminando unos metros en cada detención. La tarde se fue yendo detrás de las nubes cargadas de lluvia, anocheciendo llegue al segundo conejito cuando ya la sed me era insoportable, aun estaba en el km 180. Pedí un litro de leche fría y lo bebí casi de un tirón. Solo pasaron unos minutos para que lo devolviera de un solo vomito. No sé cómo entablo una conversación con alguien y me aconseja que no siguiera circulando por la autopista denoche y sin luz, un vehículo podía golpearme y dejarme tirado. Me faltaban hasta el entronque de Lajas 50 km y luego 20 por el terraplén hasta Santo Domingo. Un taxi que transitaba para Santa Clara se brinda para colocarme la bicicleta en maletero y llevarme hasta el entronque. Debo acatar el consejo, no tengo ni reflectores y ya es noche cerrada.

Solo tardo unos minutos en llegar al entronque. Le doy 30 pesos al taxista que se pone contento. La bomba se me queda en el taxi. Subo a la bicicleta y ahora si siento punzadas en los músculos. Cuando bajo al terraplén imposibilitado de ver los desniveles por la oscuridad siento cada hueco como si fuera un golpe directo sobre mi cuerpo, las nalgas me arde como si hubieses perdido la piel, pero no tengo dudas de llegar bien. Esta última etapa es la más difícil pero la más reconfortante. Antes de ser 1ro de agosto estaba en casa. Mi esposa intentaba mostrar indiferencia pero su tierno rostro demostraba lo contrario. Sus ojos y sus gestos desenfadados descubrían alegría por mi llegada. En el fondo me amaba y yo no podía evitar ser reciproco. El resto de la noche quedo en besos, caricias y sexo. Por cierto su sexo es el más bello que he visto en mi vida. Había olvidado a Irene que unas horas antes me había dado un tierno abrazo sabiendo que me estaba compartiendo. Podría parecer una dicha este machismo pero de todos el que más sufría era yo, ellas cada una sufría por uno, yo por las dos y una tercera también con la cual había tenido un hijo, además de mis dos hijas que no podría nunca pedirles perdón por mis desatinos, aunque mi esposa era culpable de mucho porque nunca se adentro en mi vida espiritual, ni descubrió mi verdadero yo que se ocultaba detrás del yo que estaba obligado a vivir. Al otro día vendí la bicicleta. Ya había cumplido su misión.

Llegue aquel día hace 20 años atrás, un reto de mi propio yo, pero la frase que había escrito en el piso del escusado no estaba referido a aquel presente sino a este donde he llegado. Soy bloguer y mi pasado, presente y futuro, incluyendo el desafío al poder retenido tantas veces lo declaro abiertamente al mundo con la transparencia del alma como única arma de defensa. Dios tiene mucho que ver en esto y en lo que venga después.

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Una respuesta a Soy bloguer he resucitado. No es salir sino llegar.

  1. Abel Gonzalez dijo:

    Agustin, que puedo decirle? Genial como siempre, me encanto su relato.
    Saludos

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