Dos estrellas blancas y mis culpas. Soy bloguer, he resucitado

 

Unos minutos antes de las 08 vuelvo a la avenida, hoy es lunes y los lunes recibo una dosis de vida, por unas horas me adueño del ciberespacio como un demiurgo y doy muestras de existencia real como un hombre debe existir.

El estado del auto me preocupa, a veces me exijo mucho a mi mismo como si todo lo que sucede a mí alrededor fuera mi responsabilidad o dependiera de mi voluntad que funcionaran bien. Pienso que por desconocimiento no valore correctamente el estado del motor y lo califique como bueno, ahora después de revisarlo veo que me había equivocado y me siento abochornado como si yo fuera el culpable aunque no había participado en la adquisición. Nadie me reprocha nada, pero esto me hace sentir engañado.

En el semáforo de Ventó un oficial vestido de verde olivo me hace una señal de aventón. Lo miro de reojo y no le hago caso, no tengo ideas de recogerlo, pasan unos segundos y cambio de idea, le he visto dos estrellas blancas en la solapa, acerco más el auto y le digo: vamos.

El uniformado da la vuelta y sube esbozando una sonrisa de agradecimiento. Jamás podría adivinar lo que iba a escuchar en aquel auto, es mas casi me atrevo asegurar que si solo se lo hubiese imaginado hubiese preferido caminar aunque largara la piel de los pies. Pero el hombre es un sarcófago cerrado, siempre nos hace pensar que dentro hubo, hay o habrá un cadáver, pero no siempre es así.

El oficial se acomoda y sube la carpeta negra sobre las piernas. La luz roja se apaga y se enciende la verde, el auto traspasa con lentitud una barrera invisible que hoy va más allá de los cálculos del poder y las togas verdeolivo infundiendo el terror. Dentro del pecho el corazón ha acelerado su ritmo como cuando me acerco a una mujer que me atrae, o cuando pienso en Líli, pero ni estoy cerca de una mujer que me atrae, ni de Líli, sino de un teniente coronel del MININT que va sentado en el asiento a mi derecha, con suficiente poder para volarme la cabeza de un tiro con la pistola que de seguro lleva en la carpeta, o enviarme a un calabozo por la osadía que pretendo. Lo miro de reojo, en el rostro se destacan leves rasgos de asiático iluminado por una mirada limpia y satisfecha de su condición social. La sonrisa que esboza irradia felicidad. La piel recién afeitada se ve fresca y saludable. El uniforme entallado a la medida de su cuerpo se ve que está atendido con esmero. Recuerdo en el libro de Vargas Llosa “El día del Chivo”, la historia del dictador Trujillo y su impecable forma de usar y hacer usar el uniforme.

En la solapa de la chaqueta se destacan las dos estrellas blancas como símbolo de servidumbre incondicional al poder en los órganos de represión. Le observo las manos como si pudiera descubrir hasta qué punto están manchadas de sangre o se mancharían masacrando en caso de una explosión social. Estos altos oficiales del MININT no son el ejército, están obligados a responder directamente al alto mando, no para defender la soberanía nacional y la independencia de la nación, sino para mantener el poder dictatorial. Las gotas de lluvia han seguido cayendo sobre el parabrisas, ahora mas dispersas que en la madrugada, los vehículos me sobrepasan salpicando de fango el cristal. Hago funcional el limpiaparabrisa que se mueve de un lado a otro con cadencia de militar, graduando las construcciones que ya no son fantasmas deformes, ahora se destacan en toda su arquitectura de ruinas que ha ido dejando el castrocomunismo, la “revolución” que defiende hasta la muerte este oficial acomodado hoy en el asiento del copiloto donde se sienta el indio usualmente, pero que también lo han ocupado el padre Conrado, Miriam Celaya, Eliecer Ávila, el premio Sájarov de la libertad Guillermo Fariña, Anyer Antonio Blanco y otros patriotas odiados por el régimen.

-las contradicciones de la vida: exclamo ya con el ánimo de entablar conversación.

El me mira sonriente y me dice: Usted se me parece a un periodista o alguien que trabaja en la televisión. La expresión de su rostro denota que me ha confundido con otro comunistoide defensor del castrismo, y tiene lógica. Un hombre circulado en un auto bastante bueno y no almendrón modernizado, para en un semáforo, recoge a un militar del ministerio del interior que no conoce, no cabe dudas, es, o fue un funcionario del gobierno.

Dentro del pecho el corazón acelera aun mas su ritmo, busco una palabra diplomática y prudente que no encuentro, vacilo unos segundos pero no hay tiempo, como no tiene más tiempo la patria para seguir aprisionada por esta maldita tiranía. El cumulo de adrenalina del viernes en el aeropuerto se regodea y se esparce con delicia por todo el cuerpo.

  • Si, hago trabajos de periodismo, pero que ironías de la vida estamos en bandos contrarios.

  • La sonrisa le queda petrificada en el rostro, de pronto se me asemeja una máscara, le miro a los ojos que aun conservan la mirada limpia e inexpresiva, ahora parecía la de un niño ingenuo sorprendido en un juego prohibido sin malos propósitos.
  • Así es, por eso decía sobre las contradicciones de la vida. Lo que yo escribo no le agrada al gobierno. Alguna vez fui un militar y después trabaje 10 años de maquinista en la flota del Caribe. Me retire en el 90 por estar en desacuerdo con el curso que tomaba la sociedad o la forma de comportarse del gobierno con el pueblo. Tuve que hacerme colchonero y otras cosas más para sostener a la familia. Lo último fue taxista en un chebrolet 48, pero me veía obligado a comprar los combustibles y otras cosas para el carro fuera de la legalidad, sabía que era robado, porque robar es tomar cualquier cosa sin el consentimiento del dueño, da igual una aguja que cien millones de pesos. En los últimos años no lo hice y compre la gasolina en los cupet, apenas me quedaba algo para el sustento.

Por un instante me cruzan el cerebro fugaces pensamientos y el pasado se proyecta tan lúcido que me da escalofríos. Me veo sucio de grasa, luchando con la mecánica del galápago ancestral para mantenerlo funcionando, o trasladando en un tráiler colgado del auto, tanques de gasolina cubiertos por tomates comprados para camuflaje, pero que después los hacía puré para venderlo.

El trayecto de las Villas a la Habana se hacía muy largo y peligroso por la lentitud con que tenía que circular con el viejo almendrón. En cada revisión policial el corazón latía tan fuerte y rápido que me retumbaba en los oídos como si el órgano se hubiese trasladado al cerebro. No tenía miedo, sino vergüenza de esconderme. Lo hacía pero vivía abochornado de mi condición.

  • Ahora el oficial no sonríe, voltea el rostro hacia mi y me dice: si claro

  • Estuve muchos años pidiéndole a Dios que me sacara de todo, el sabia de mi inconformidad . Hace unos años atrás entregue mi auto al pastor de la iglesia y me dedique a tratar de sacar a la luz mis pensamientos y vivir con dignidad, lo he logrado.
  • ¿y este auto, no es tuyo?
  • No, no es mío, cuando te bajes te voy a decir de quien?

  • Si pero Raúl ha hablado sobre eso y está haciendo reformas.

Una ola de sangre me sube hasta el cuello como si las venas me fueran a estallar, este hombre tiene dueño y los hombres con dueños me dan rabia. Siento el deseo de decirle en vulgar lenguaje de la calle: Raúl es un miserable traidor a la libertad y los derechos del pueblo, sus reformas son una miarda, la revolución que tú defiendes con ese traje es una miarda, y tu eres un esbirro, porque lo sabes y sin embargo le sirves como un esclavo, pero no lo hago, mi decencia no me lo permite. No era miedo, el decirlo era un placer liberador tan disfrutable como el sexo o más, diría yo, porque sería más duradero.

-Ya es tarde, en el año 90 escribí varios análisis sociales, entre ellos recomendaba parte de las reformas que ahora intentan realizar, aquel era el momento. Las entregue en el Consejo de Estado, nadie hizo caso.

– quizás no era el momento.

La respuesta de los políticos envilecidos, de lo ineptos que tienen que esperar una orden hasta para templar, la babosería fidelista para esconder su incapacidad: quizás no era el momento, no están dadas las condiciones. Cuantas veces he oído esas palabras para cubrir el error, sostener el fraude o camuflagear el timo de la voluntad. Se creen que solo ellos saben los momentos, tienen el poder y con el creen tenerlo todo y decidir sobre todas las cosas. Coño pero que estúpidos son?. No aprenderán otra forma de expresar lo que ni ellos se pueden creer.

  • Te equivocas, si era el momento, le contradigo, ahora es cuando están desfasados. Ya son otras cosas las que hay que hacer
  • Casi 20 años atrás, exclama como para si un poco asombrado.

  • Así es, casi 20 años atrás había que hacerlo. Aun creía que este sistema se podía reformar, mas tarde me convencí que no. Por suerte. Me ha traído problemas ser un pensador social y he descubierto que esta sociedad esta deformada, corrupta desde y hasta sus entrañas, desde abajo hasta arriba todos roban, malversan, estafan mienten sin ningún tipo de escrúpulos y el que no lo hace lo permite. El sistema no sirve. No forma valores, sino deforma valores, por eso me opongo soy un periodista independiente aunque no un político.
  • El militar ahora si creo que se ha asombrado pero aun sonríe algo perplejo. No se le podía haber ocurrido ni en sueños que alguien desconocido con amabilidad le hiciera subir a un auto para hablarle en contra del poder que el defendía incondicionalmente.
  • ¿Trabajas en la Plaza de la Revolución? Le pregunto ya casi cuando estamos llegando a la rotonda de la Ciudad Deportiva.
  • No, ahora estoy designado para hacer una captación de jóvenes para el MININT voy por los preuniversitarios y las secundarias, me dice: la sonrisa de satisfacción, ahora casi con orgullo retorna a sus labios. continua.
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