Juramento de hipócritas; no de Hipócrates.

¿Hasta dónde ha llegado la denigración del cubano?

Es una pregunta que me hago cada día y que me es difícil de limitar, afrontando el diario vivir en un país donde los valores humanos, los frutos del espíritu y las virtudes humanas están tan confundidas que llegan al borde de lo abominable. Lo peor es que cada día se traslada a un nivel mas y se adhiere a lo aborrecible entre la cultura del miedo, la traición a la dignidad y la negación del derecho, que es aprobada y hasta glorificada por uno de los países mas democráticos del mundo: los EU.

Como comenzó toda esta vorágine de descomposición moral?

Después del 1959 cuando triunfo, no la revolución, sino la maldición castrista, ante el atropello, la discriminación y exclusión social, la cárcel, el fusilamiento que no era más que la venganza y el asesinato verde olivo solapado detrás de la justicia, ante la expropiación y el robo de propiedades, Cuba se convirtió en una nación en descomposición. Los cubanos que no participaban del robo y por ende eran las victimas escaparon hacia la protección de los EU. Uno de los sectores más afectados por la depredación castrocomunista fue la salud. El programa de la maldición se dedico a preparar médicos condicionados a la servidumbre incondicional al sistema. Para el gobierno no era problema de la salud del pueblo sino de la salud de la política del poder. La necesidad de unos convertida en esclavitud de otros, el dolor físico que aliviaban a unos, que de hecho es un acto muy humano, se convertía en dolor del alma y sufrimientos a otros. Entonces la maldición dedico grandes esfuerzos a crear médicos, pero no asumiendo el juramento de Hipócrates sino el de fidelidad al poder. Y lo lograron, como también en otras profesiones la ética se vino al piso y les llego el lema. Cualquier comportamiento por un pasaporte, cualquier conducta es moral por una salida al exterior donde el grillete apriete menos. No importa si es a la Amazona, el Congo o la Conchinchina, quizás tenga la oportunidad de escapar de esta isla maldita condenada al infierno, suponiendo que el infierno sea peor.

El personal de la salud, siempre fue el que menos pudo robar, unos por conciencia y otros porque lo que tenían a su alcance era poco traficado en la bolsa negra, para sobrevivir se sometió, primero al agradecimiento material de los atendidos, luego el interés como una necesidad para sobrevivir se hizo costumbre en todos los sentidos de la palabra como si estuviese contemplado en el juramento de Hipócrates. En esos tiempos todas las fronteras estaban cerradas con hermeticidad. Ahora hay alternativas no menos denigrantes, pero algo más aceptables para un pueblo que no tiene dignidad.

  • Yo me quiero ir para el Brasil que pagan 2000 dolares. En Venezuela pagan muy poco y las condiciones son peores-
  • ¿Y tus hijos y tu marido?
  • La abuela los cuida, mi marido no importa, se encuentra otro.

Esta conversación la escuche cerca de un gabinete dental en una clínica mientras decenas de personas esperaban ser atendidos.

La familia no importa, para muchos el intento de cubrir necesidades creadas por la “maldición castrocomunista” es más poderoso que el instinto de conservar la familia como base de la sociedad y como esencia de preservación de valores que sirvan para una organización económico-social cada día más humana.

La maldición se ha ocupado en desintegrar la familia. Hoy cientos de familias se han visto afectadas por este miserable y burdo internacionalismo político. De Cuba parten en condiciones de servidumbre miles de médicos y personal de la salud, abandonan prácticamente a sus esposos o esposas, sus hijos y otros familiares para ir al exterior con la esperanza de emigrar, o de resolver sus problemas económicos que el castrocomunismo no le ha podido sustentar nunca, ni lo podrá porque es un sistema disfuncional.

Todos desde que salen, saben que son explotados por el gobierno cubano y por el estado en cuestión que los contrata. Pero aceptan su condición semiesclava. Algunos parecen ignorar esta cuestión, como también que sus estudios fueron asumidos, no por el altruismo y la benevolencia del estado porque el estado comunista es una formación política parasita, sino en base a la explotación que ese estado sometió al pueblo. Esto lo expreso porque muchos utilizan esa vía para abandonar el país es una de las formas más burdas y traidoras, no hacia la maldición castrocomunista sino hacia el sacrificio del humilde pueblo. Ya de por si irse a satisfacer las necesidades de salud de otros países dando la espalda al nuestro es un acto miserable. Desde luego la emigración del pueblo cubano ha sido a través de la historia la más indigna de la humanidad, pero la de los médicos en estos tiempos duplica la denigración. La libertad y el derecho de los cubanos esta aquí dentro de Cuba. ¿Por qué tener esa idea que la isla hay que dejársela a los castros y su maldición, si Cuba es de todos los cubanos?

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