La grandeza de una huelga de hambre.

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Una multitud esta congregada en el parquecito de Calzada y K, a un costado de la Oficina de Intereses de los EEUU. Comenzó a agruparse después de la década del 60, después que Fidel Castro y sus Barbudos tomaron el poder por la fuerza de las armas y se adueñaron de la Isla y sus derechos. Según transcurrieron los años la multitud fue creciendo y también cambiándose. Hoy está muy crecida, solo falta un altavoz emitiendo música festiva para semejar una celebración. En la muchedumbre hay de todos; comunistas arrepentidos y no arrepentidos que hasta unos días antes arremetían contra los EEUU, policías que actuaron como esbirros cuyo ejercicio no era cumplir con la justicia sino obedecer la orden de los tiranos contra el derecho del pueblo, chivatos del CDR y por afición, oportunistas negociadores de la patria y hasta algún “héroe- espía” también esta mesclado.
Se han colocado su mejor y más costosa ropa, es un día especial en sus vidas. Para casi todos será el día de su resurrección aunque tengan la edad de jubilados. El Norte; la tierra de la libertad les espera. Quizás por unos meses o unos años, no importa, lo importante es llegar a ser la persona que llevan dentro por esos pocos meses o por esos pocos años y no la que el poder les impuso durante toda su vida; amén de los niños y los jóvenes, que Dios les bendiga y los proteja para que sigan siendo cubanos de Cuba.
Pero hoy es un día diferente o que hace el lugar diferente de muchas décadas. Hay una persona anacrónica perdida en toda esta multitud dominguera. Una persona que también esta resucitando pero de forma desigual a estos “lindos cubanos”, aunque también es cubano. Hace ocho días que no ingiere alimento ni agua. Inicio una huelga de hambre el domingo día 26 de octubre en la noche como último recurso para reclamar justicia. Su nombre es Ernesto Castañeda Maso.
No se trata de un opositor, ni tan siquiera de un disidente. Lo encuentro echado en la tierra recostado a un poste del alumbrado eléctrico. Tiene los labios descarnados y los ojos hundidos en sus orbitas, su aliento a carne descompuesta dan una percepción de lo que va sucediendo en su sistema gastrointestinal: su cuerpo se nutre de su cuerpo.
Es algo muy irónico que dentro de estos cubanos bien vestidos huyendo de la isla por no tener el valor suficiente para reclamar sus derechos, otro cubano ofrece su vida de la forma más noble que ojos humanos hayan visto, por reclamar esos mismos derechos y a nadie le importa. Unos lo ignoran a sabiendas, otros lo desprecian y algunos lo están calificando de desquiciado mental. Todos están en el mismo lugar para mendigar en el grandioso País del Norte lo que no son capaces de conquistar en su tierra, menos este humilde e insignificante hombre que está muriendo y a la vez sacando del sepulcro la dignidad de Cuba y sus cubanos.

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