La ONU apuesta por conservar el castrocomunismo.

El día 28 de octubre 188 países votaron a favor de la erradicación incondicional del Embargo Norteamericano a Cuba. Dos a favor y tres se abstuvieron.
¿A quién queréis que os suelte: a Barrabas o a Jesús, llamado el Cristo-A Barrabás. Pilato les preguntó: –¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?
Todos le dijeron:
–¡Sea crucificado!
Este pasaje bíblico recoge la más grande de las injusticias cometida por el hombre en toda la historia humana. Por la voluntad de las mayorías fue crucificado en un madero el hombre más Justo y Santo de todos los tiempos. Las mayorías no siempre tienen la razón.
Sin el ánimo de ofender a ninguno de los dignos representantes de la justicia internacional me atrevería asegurar que poseen muy poco conocimiento de las verdaderas y justas razones del embargo.
Ninguno de los embajadores allí reunidos, ni sus pueblos han sufrido la barbarie del castrismo. Ninguno se ha visto en la necesidad de robar, malversar, mentir, traicionar y perder la dignidad para vestir, dar de comer a sus hijos, o tener un hogar donde vivir. Ninguno se ha visto buscando un lugarcito donde construir una humilde vivienda y para formar su familia y no encontrarlo, o encontrarlo y después de hacer la construcción ser multado o desalojado y todo porque en las leyes del gobierno no estaba contemplada para el cubano humilde esta vital necesidad.
El Estado no ha ofrecido los medios, ni las oportunidades para lograr una vivienda si no es condicionado al servilismo político.
Ninguno de estos dignos y “justos” jueces ha perdido un familiar querido intentando cruzar el estrecho de la Florida o le ha despedido en el salón de un aeropuerto o al borde de la costa para esa pequeña distancia de 180 km desde Cuba a Miami ser convertida en años de separación o en separación definitiva.

Ninguno de esos representantes ha sufrido la destrucción de la economía de sus países por las negligentes e ineficientes planificaciones del Estado programadas por la prepotencia y el fanatismo político del poder más que por la razón lógica de la equidad. Ninguno conoce las verdaderas razones de nuestras miserias y sería muy difícil que las entendieran sin haberlas vivido.
Ninguno de estos señores ama a la Cuba que sangra bajo la garra castrista, por eso el señor Bruno Rodríguez Parrilla convence cuando ejerce la palabra en nombre del pueblo de Cuba, representando en la realidad el poder del Estado. Con la vanagloria de la demagogia olvida que para los gobiernos hablar en nombre de los pueblos que representan es una necesidad las elecciones libres, el pluripartidismo, la división de poderes y el respeto incondicional a los DDHH, aspectos fundamentales de un estado democrático y de derechos, y que desgraciadamente desde hace mas de cinco décadas la nación cubana esta privada de ellas.

El poder, dueño único de todos los medios de información y el capital suficiente para ejercerla se ha dado a la tarea como programa de gobierno de presentar un panorama centrado en el embargo como causa fundamental de todo este desastre nacional.
La señora embajadora de Nicaragua que se ha atrevido a expresar que no hay un hombre que se pueda decir honesto y apoye el embargo, desgraciadamente esta errada, es todo lo contrario. Un hombre honesto no puede votar a favor del robo, la mentira, la hipocresía, la doble moral, el oportunismo, la violación de derechos, la imposición de una única forma de pensar, la prisión política que en el fondo no es ni siquiera por cambiar la forma de gobierno, sino por reclamar e intentar ejercer los derechos a que esos mismos países que votan a favor del gobierno cubano conciben o proponen ser ejercidos por los hombres solo por su condición humana.
Muchos se preocupan por el efecto extraterritorial que supuestamente les ocasiona el embargo impidiéndoles realizar jugosos negocios con la dictadura. Pocos se preocupan por los efectos destructivos que le ha ocasionado a la nación cubana el bloqueo interno impuesto por el poder castrocomunista.
El capital desgraciadamente es un depredador de la vergüenza, la dignidad, el honor y lo honesto, por eso vuelvo a nombrar la palabra de Dios: Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre el reino de los cielos.
Las causas que determinan nuestras miserias son interiores, y quizás si no fuera por el embargo otros países del continente Americano hubiesen instalado dictaduras parasitas y ladronas como la sufrida por Cuba.
Es cierto que la prestación de servicios médicos es un sublime gesto de amor, pero cada médico cubano que presta servicio en el exterior es un embajador de la política del poder totalitario, cubre con su bata blanca nuestras calles llenas de basura y deterioradas por la falta de responsabilidad. Cubre con su bata blanca la negligencia de nuestro sistema de salud nacional. Cubre con su bata blanca la servidumbre, la corrupción, el fraude, la indisciplina, el irrespeto y la falta de conciencia social generalizada como causa directa de la política dictatorial del gobierno.
Dentro de cada bata blanca se oculta un oportunista aprovechado del dolor físico del mundo para conseguir burdamente sus derechos por condición humana y sin cumplir su obligación a esa misma condición. Dentro de sus zapatos blancos calzan una bota castrista, aun esos cuyo objetivo es escapar, hasta ese día de la huida son unos servidores incondicionales del régimen y sometidos al juramento de los hipócritas y no de Hipócrates. Convierten la asistencia médica en dinero sucio y el sufrimiento físico en una mercancía. Mucho peor a esa supuesta inhumana actuación de un médico en la sociedad capitalista. Son por condición traidores a Cuba como patria, pueblo y nación. Transportan un mensaje muy siniestro de la verdad.
No hay diferencias en este curador y el corrupto e irresponsable funcionario sirviéndose de lo indigno para sobrevivir oculto tras la fachada de la decencia. Uno evidencia el acto que atenta contra la condición humana, el otro lo cubre con la bata blanca. Se cuenta que Pablo Escobar salvo vidas pagando asistencia médica a otros desafortunados. Sin dudas, la esencia del acto era humana. Ello no le disminuyo su condición de asesino.
Facilitar sin condicional a un régimen de derecho y de respeto por los DDHH, las relaciones comerciales abiertas al gobierno de Cuba con los EEUU, sería ir en contra no solo de la política norteamericana, sino contra toda política que opte por la democracia, la justicia y el respeto por los DDHH.

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