La Madrugada.

Estoy de nuevo sobre el puente abuela, quiero suicidarme con la lluvia
Abajo los cocodrilos y las agujas se ven pequeños.
Son las tres de la madrugada y no duermo.
Los policías dejaron huellas de sangre sobre mi frente.
Una cucaracha gorda corrió por el piso a esconderse en la oscuridad.
Escribir es mi única defensa contra la muerte.
Son las tres de la madrugada con cinco.
Abajo los cocodrilos y las agujas tienen ojos de suicidas.
Estoy de nuevo sobre las nubes y el puente se deshizo.
Huele a muerto esta ciudad de mendigos y vagamundos.
El miedo se apodero de la muerte.
La imagen de Bolívar me observa desde el papel pegado a la ventana, creo que quiere salirse de la muerte y caminar por la
madrugada.
Desde la calle llegan voces de muertos de miedo que esperan el amanecer
Me rasgo la frente sobre las huellas uniformadas.
El mayor con el traje de verde olivo y la estrella blanca en la solapa me mintió, también tiene miedo.
Pronto vendrá la mañana y Bolívar no se saldrá del papel, seguirá al lado del otro papel que dice no más violencia.
Lo pegaron con imanes al hierro de la ventana.
La Liberta de la Luz; Dagoberto Valdez Hernández. Una nación para todos; Alejandro de la Puente. Voces de Cambio, todo
queda ahí sepultado por el miedo. Son buenos libros para malos lectores.
El largo gruñido de un gato hirió la madrugada, no pude hacer nada por salvarla de la muerte. Ya son las cuatro con cinco,
tengo sueño abuela, voy a dormir sobre el puente.

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